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“FRUTO de las inversiones de los últimos años la mejora de la calidad de las aguas en la Costa del Sol es palpable”, decía el martes la Consejería de Medio Ambiente. Y tanto que es palpable. El fin de semana no me metí en el agua en una playa de Rincón de la Victoria, uno de esos municipios en los que el saneamiento funciona en teoría estupendamente, para no palpar unos cuantos OFLIS (Objetos Flotantes Lamentablemente Identificados).
¿De dónde vienen los OFLIS? Nadie parece saberlo. Aunque la explicación oficial es que salen de Nerja, el gran agujero negro de la depuración de aguas residuales de la provincia, esa teoría no convence a nadie. Cuesta imaginar que decenas, centenares, miles de OFLIS, puedan recorrer cada día más de cien kilómetros a la deriva, arruinando el baño de turistas y de autóctonos, que también sufrimos, carajo. Hay quien mantiene la teoría conspirativa, que se ha invertido la décima parte de lo prometido y que la empresa autonómica encargada de velar por la correcta gestión de las depuradoras hace inspecciones a la carta: todos los análisis para las instalaciones gestionadas por el PP y vista gorda, miope, para las socialistas.
Otro de los grandes misterios del litoral malagueño, como apuntaba Esperanza Oña, es el destino de los 240 millones de euros que la Junta debería haber gastado desde 2007 para acabar con los vertidos de aguas residuales al mar. Los datos parlamentarios invitan a pensar que se ha invertido una ridiculez, que el saneamiento, como las obras de abastecimiento y regadíos, también ha sido víctima del desastroso traspaso de las competencias hidráulicas al Gobierno andaluz. Cinco años después aún no sabe qué hacer con sus aguas mayores y menores. El sentido común, y el de la vista, obligan a plantearse qué demonios se ha hecho tan rematadamente mal para que en el año 2010 sigamos hablando del mismo asunto escatológico. Respondía a Oña el secretario provincial del PSOE, Miguel Ángel Heredia, acusándola de irresponsable y de perjudicar al sector turístico con sus declaraciones, como si el daño no lo hicieran las boñigas flotantes. Lo irresponsable no es denunciar un problema, sino negar la realidad. Pero puede que algunos políticos estén tan acostumbrados a nadar entre la mierda que ya ni siquiera la vean.
HACE unos días, un veterano asesor de la Junta, y sin embargo novato en las lides malagueñas, me negaba que la marca autonómica estuviera mal vista en esta provincia. Todo dentro de una amistosa conversación sobre si era buena o mala idea presentar a María Gámez, la imagen del Gobierno andaluz, como candidata a la Alcaldía, cuando precisamente del agravio ha hecho el alcalde su gran chollo electoral.
Existe el claro riesgo de ponérselo a De la Torre más fácil que el pasado domingo a Kevin Durant con la defensa de Rudy Fernández, casi diez centímetros más bajo. Cada vez que Gámez presente como baza su juventud y nuevos aires para renovar la viciada atmósfera de la Casona del Parque, al popular le bastará exclamar “Sevilla” para que los caballos relinchen en el subconsciente del votante malaguita. En Málaga la marca de la Junta puede ser como la flor de lis en el hombro de Milady. Mejor ocultarla.
Puede que el argumento sea cansino y provinciano, pero basta recurrir a un ejercicio bastante objetivo para comprobar que también es cierto. Si es capaz, recite usted, lector, las últimas grandes obras de la Junta en Málaga. Yo le aporto diez promesas incumplidas: el tren de la Costa, el cinturón verde, el vial distribuidor, la carretera del Arco, el parque tecnológico de Marbella, el megahospital, la depuración de aguas residuales, el Metro en 2009, las múltiples ampliaciones de puertos deportivos que nunca llegan y el Parque de los Cuentos…
En la misma conversación, salió a relucir otro tópico más o menos cierto, igualmente matizable: la extraordinaria suerte que tuvo Málaga de contar con Magdalena Álvarez como ministra de Fomento. Cierto que la socialista aceleró casi todas las obras de esta provincia (no el tren litoral) y que ha sido una ministra para la historia. Pero ni uno sólo de esos proyectos eran regalados ni Málaga tiene que dar gracias por tener un AVE con el que debió contar hace 18 años o un aeropuerto en condiciones. En cambio, ahora sufrimos, y sufriremos durante años, la falsa etiqueta de que andamos sobrados de inversiones. Quizás por ello a Griñán se le olvidó pedirle a Zapatero que no paralice el tercer carril de la ronda este, o el soterramiento de la A-7 en San Pedro Alcántara, o la hiperronda. Y eso que el presidente andaluz nos quería tanto…
SEAMOS honestos: la Feria de Málaga nunca ha sido, ni será, el mejor lugar para que pase sus vacaciones un alcohólico en rehabilitación. Tampoco un paradigma de la rectitud, el saber estar ni un desfile de trajes de etiqueta y pamelas, como si se tratara de las carreras de Ascott. No. La Feria es una semana para olvidar las preocupaciones y en muchos casos las convenciones sociales, para recargar pilas, divertirse con desconocidos, exaltar la amistad y cicatrizar viejas rencillas.
Establecidos esos principios, tampoco parece lógico que se permita la degeneración de la fiesta, primero en un gigantesco botellódromo y luego en un asqueroso vomitódromo. En tiempos de Aparicio, del esplendor de la Feria del centro histórico, se bautizó esta fiesta como la mejor del Sur de Europa. Exageraciones localistas de entonces y ahora aparte, en algunos aspectos hoy no tiene nada que envidiarle a la plaza Solymar de Benalmádena un sábado cualquiera. Si entonces era la exaltación de la libertad, hoy lo es del libertinaje.
Las culpas de todo esto están bien repartidas. Ni el Ayuntamiento se pone lo suficientemente duro ni la ley de la Junta ayuda demasiado. Tampoco faltan hosteleros o tenderos sin escrúpulos que venden alcohol a menores. Y luego, claro está, el origen de todos los males: el problema siempre empieza en casa, en la educación primigenia. O en la ausencia de ella. El fin de semana hemos escuchado todos los balances positivos del mundo sobre la Feria de Málaga, una recopilación de cifras que oculta el número de comas etílicos y que no puede cuantificar la calidad de la imagen que se traslada al visitante. Bastante penosa en algunos casos, por cierto.
El problema tiene difícil solución. La mayoría de las fiestas populares, desde los sanfermines hasta el Corpus granadino, son en realidad una gran borrachera colectiva. Y tampoco se trata de imponer por decreto la música tradicional, como si eso incitara menos al descontrol. Pero, campañas electorales aparte, en estos días en que muere agosto no estaría de más reflexionar sobre la evolución a la baja de la Feria y el futuro que queremos para ella. Aunque sea el típico evento fugaz: a nadie le interesa ahora un pimiento. Hasta el año que viene.
EN Marbella da igual lo honrada que sea y parezca la mujer del César, todo el mundo piensa que es una puta. Son tantos los antecedentes penales, los concejales detenidos y la mala fama acumulada en los estercoleros televisivos, que nadie se va a creer otra cosa. De ello se quejan amargamente en el Ayuntamiento de Ángeles Muñoz: en los días previos a la redentora visita de Michelle Obama, una tele nacional llamaba al Consistorio preguntando cuáles eran los mejores lugares para hacer un reportaje sobre la prostitución. Tu puñetero plató, debieron responder.
Tras el paso de Jesús Gil, de Julián Muñoz, de Marisol Yagüe, fauna selecta del zoo de la corrupción, uno esperaría que el equipo de gobierno del PP fuera absolutamente escrupuloso con todos los procedimientos. Que se preocupara mucho del qué dirán. Que se inhibiera en cualquier concurso público que pudiera provocar suspicacias y reparos morales. Pero no. El último escándalo es la adjudicación de tres locales en el puerto deportivo, propiedad municipal, a una empresa de la que es socio el hermano de una concejal. De Alicia Jiménez que, fíjate que casualidad, es precisamente la que gestiona los puertos. Aunque el contrato ha sido mediante procedimiento negociado, no tenemos muy claro dónde se ha negociado.
No es el primer dolor de cabeza que provocan esta concejal y su familia. Hace unos meses, el PSOE denunció que es la dueña de un edificio en el que el Ayuntamiento tiene un local alquilado. Además de edil, casera del Consistorio. Pero éste no es el único asunto turbio que parece del régimen anterior. Tanto o más grave es el caso del concejal de Medio Ambiente, Antonio Espada, que extrañamente sigue en su puesto a pesar del varapalo judicial que recibió el mes pasado, cuando un juez absolvió a los socialistas Bernal y Radío de una demanda del edil por supuesta intromisión en el honor. Habían denunciado, verazmente, que una empresa de Espada ganó dos contratos de suministro de materiales al Ayuntamiento por más de 234.000 euros.
Por mucho menos, el alcalde de Málaga forzó en diciembre la dimisión de Manuel Marmolejo. Y eso que Málaga no es Marbella y nadie cuestiona que la honradez sea la piedra inexpugnable de la gestión de Francisco de la Torre.
ANTES siquiera de haber empezado, ya se puede aventurar que la reforma de la plaza de La Merced será una soberana chapuza. Sólo así se puede calificar un proyecto presentado a la carrera, concebido pensando más en las elecciones municipales que en el bien de la ciudad, y que nacerá cojo porque no incluye la manzana del Astoria. No tiene sentido acometer esta actuación sin saber qué diantres será del edificio, si se convertirá en equipamiento cultural o en capilla dedicada al calvario de su promotor vasco. Frente al obelisco a Torrijos, un recuerdo al empresario, mártir de la burocracia municipal.
El plan redactado por los técnicos de la Gerencia de Urbanismo, que siguen ostentando un preocupante monopolio sobre el diseño arquitectónico de Málaga pese a que al alcalde se le llene siempre la boca hablando de concursos internacionales de ideas, es más un lavado de cara que una actuación ambiciosa. Y eso que costará 5 millones de euros.
Su otro gran pecado, además de rendirse y mantener la barrera de la elevación de la plaza, consiste en despreciar su conexión con las calles Alcazabilla ?si algún siglo de estos Junta y Ayuntamiento terminan sus obras, será la leche? y Granada. Se ningunean los flujos peatonales que aportan, el enlace con un circuito cultural y turístico del que pocas ciudades pueden presumir. En menos de dos kilómetros cuadrados se pueden y podrán visitar la Catedral, el Teatro Romano, la Alcazaba, Gibralfaro, el Museo de la Aduana, el Parque, la calle Larios, el Museo Thyssen, el Puerto, el Museo Picasso y la Casa Natal del pintor. Pero para pasar de la pinacoteca al edificio que vio nacer al genio habrá que jugarse el tipo, cruzar una calle que condensará el tráfico de Álamos, del túnel de la Alcazaba y de la calle Victoria. Otra autovía en el corazón de la ciudad, como si no tuvierámos bastante con la Alameda.
En la guerra entre el peatón y el coche no valen la neutralidad, la moderación ni la búsqueda del consenso conmigo mismo hasta el infinito que caracterizan a De la Torre ?aunque si alguien esperaba ideas frescas y rompedoras de María Gámez, basta su primera promesa, un recocinado de otra mejor de Bustinduy sobre el Cortijo de Torres, para caer en el desánimo?. Hay que ser más atrevido, porque sin riesgo no hay victoria urbana. Sólo una sucesión de medianías que evocan un pasado esplendoroso que, por cierto, no fue para tanto.
LE puede ocurrir a cualquier hijo de vecino. Va a colgar un ventilador y acaba montando una estantería, a plantar una hilera de cipreses, a lo Villa Padierna, en el jardín, y termina instalando una barbacoa. Es la maldición del poyaque: una obra se sabe cómo empieza, pero nunca cómo acaba. Lo que no es de recibo es que ésa sea la hoja de ruta de Málaga, capital de las improvisaciones, de la falta de diálogo y de la confrontación entre las administraciones. ¿Pero qué podemos esperar de una ciudad que se encomienda al pulpo Paul para apoyar su candidatura a la Capitalidad Cultural Europea? Pues que sea el hazmerreír de las demás.
-Ring, ring.
- Sí, ¿diga?
- Alcalde, soy Urkijo, del Metro. Mira, aunque el Ayuntamiento no me ha planteado nada especial, he leído un artículo de unos arquitectos en el que proponen peatonalizar la Carretera de Cádiz y mejorar la zona, poyaque estamos con esta obra de la hostia.
- Tú mismo, Enrique, pero ya sabes que a mí lo que me gustan son las autopistas.
- Ring, ring.
-Oficina del Metro, ¿dígame?
- Oye Salvo, soy De la Torre. Ya sé que hace años que tenéis listo el proyecto de la línea a El Palo por el Paseo de Reding y que no te hemos dicho nada. Pero he leído un artículo de Pepe Alba sobre lo bien que estaría el paseo marítimo si soterramos el tráfico y ponemos un tranvía. Poyaque estamos, deberíamos reflexionarlo. ¿Qué opinas?
- Te llamo en cinco minutos.
- Ring, ring.
- Despacho de Indalecio Prieto. Perdón, de Magdalena Álvarez. ¿Quién es?
- Soy Concha, Magdalena.
- ¿Qué quieres?
- Ya sabes que Manolo prometió hace años llevar el tren a Marbella. Y, poyaque estamos, los técnicos nos dicen que lo ideal es hacerlo bien, que pueda llegar allí el AVE.
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
- Pues que con la obra del Cercanías que tú estás haciendo, heredada de Cascos, eso no es posible. Hay que cambiar el proyecto.
- ¡No! ¡Tú lo que quieres es que yo pierda las elecciones!
- Pues tendremos que hacer dos líneas, y eso es absurdo, costará una pasta…
-¡Antes partía que doblá!
NINGÚN lugar, de Mónaco a Taormina, de Malibú a los Hamptons, resistiría incólume la imagen de su orondo alcalde repanchingado al borde de un jacuzzi lanzando diatribas, rodeado de las azafatas de una indigna televisión nacional, o abanicándose las mollas en los pasillos de la Audiencia provincial. Sería muy duro para cualquier destino de lujo, de Seminyak a Mauricio, de Saint Tropez a Formentera, salir sólo en los informativos por los ajustes de cuentas de las mafias, por las gracias de una cuadrilla de majaderos en el club playero de moda tirando dom perignons a cuerpos de plástico y tarjeta de crédito. Pocos sitios recuperarían su prestigio tras pasar casi toda su corporación por la trena, tras el romance de su alcalde con una tonadillera y la exhibición de cuernos de su ex por los platós. Marbella lo ha aguantado todo. Una jet set que degeneró de la belleza de Deborah Kerr a la de Gunilla, una sociedad que encumbró a traficantes de armas y a virtuosos del pelotazo urbanístico. Incluso 007, otrora símbolo del buen gusto que huyó del gilismo, nos salió rana. Querríamos creer que Connery se largó porque Gil le plantó bloques delante de su chalé, y no porque tuvo licencia para recalificar. A tal punto llega la cosa que se creó un verbo, marbellizar, para hablar de la corrupción en Baleares.
Marbella ha soportado como penitencia un largo paseo por los vertederos. También el desprecio de los representantes del Estado y de la Junta. El Rey contaba los minutos que le faltaban para volver a Marivent cada vez que visitaba al rey Fahd. Los príncipes no se han prodigado por aquí. No ha habido ni un detalle de la Casa Real o de Moncloa. Hay que ser jarrón chino para veranear en Marbella. Como presidente está mal visto. Siempre queda más sencillo ir al Palacio de Las Marismillas, como si uno fuera duque de Medina Sidonia. Ha calado tanto el estigma en el subconsciente político que traicionó al presidente de la Junta. En su peor metedura de pata, presumió de que él no pasa sus vacaciones en Marbella. Ni su antecesor. Griñán sigue sin pisar una de las principales ciudades de la región, el santo y seña de un sector turístico que aporta casi el 15% del PIB a Andalucía. El mismo sitio al que se le promete desde hace treinta años que algún día llegará el tren.
Ese lugar maldito es el elegido por la mujer de Obama para sus vacaciones europeas. Marbella también se merece un descanso, parar y oler las rosas. Se llaman Michelle y Sasha.
No sé si los 800 millones de euros que ha calculado ya una agencia especializada, pero desde luego la visita de Michelle Obama vale un tesoro para Marbella, para la Costa del Sol y para Andalucía. Los empresarios ya pueden ir recaudando para ponerle una estatua. A ella o a la amiga que le recomendó el viaje.
EN pleno furor del Yes, we can por la visita de Michelle, casualmente la dirección provincial del PSOE ha hecho oficial que María Gámez será su candidata en Málaga. Preocupa el comunicado que culminaba tres meses de despropósitos de manual -tanto teórico para semejante fiasco-. El primer adjetivo que se le aplica a la delegada del Gobierno andaluz, tras subrayar la obviedad de que se trata de “una mujer”, es “joven”. Faltaba decir que su rival será un “hombre viejo”. No le hacen ningún favor a la candidata. Ya hemos descubierto que la juventud a menudo equivale en político a bisoñez, a falta de escrúpulos y formación. Y Gámez puede tener defectos, pero no esos.
Su partido, como en otras ocasiones que le han pasado factura, pretende que haga la precampaña desde su puesto de máxima representante de la Junta en Málaga. Al fin y al cabo, ¿no hace campaña el alcalde cuando inaugura una fuente en un barrio o visita una peña?
Pero se trata de un arma de doble filo. ¿Tendrá Gámez un horario de portavoz de la Junta y otro de candidata? ¿La creerá alguien cuando prometa el megahospital, el tren de la Costa o el cinturón verde? ¿Y cuando critique al Ayuntamiento? ¿Será legítimo que los socialistas vinculen las inversiones de los Gobiernos andaluz y central a su victoria, como hicieron sin vergüenza en Marbella en 2007 o después para justificar mociones de censura como la de Vélez o fichajes de tránsfugas en Ronda?
Gámez fue la primera en clamar contra el supermercado del puerto y ha liderado el derribo de la verja. Ha demostrado sensibilidad, visión de futuro y una cualidad que tiende a desaparecer con el ejercicio del poder: capacidad de escuchar a los demás. Domina las nuevas tecnologías y su blog, su Facebook y su Twitter están a la vanguardia de la clase política malagueña. Pero se le echa en falta un discurso propio alejado de lo políticamente correcto, que demuestre que no es una candidata de laboratorio que repite lo que le marcan sus asesores.
Tampoco le beneficia el miedo a que se celebren primarias. Ignacio Trillo debe estar satisfecho: nunca sabremos si habría reunido los 500 avales, pero ha demostrado las lagunas -más bien los lagos Michigan, Erie y Ontario- de Heredia y Conejo. Si todo lo gestionan como el proceso del candidato, auge e injusta caída de Martín Delgado incluidos, mejor que sigan aprendiendo a cocinar en el partido que provocando indigestiones en una institución.
Aun a riesgo de ir contracorriente, y sin entrar en el fondo de la cuestión y los razonables y respetables argumentos de ambas partes, parece necesario recordar que la prohibición de las corridas de toros en Cataluña ha sido aprobada por un Parlamento que representa a la soberanía de un pueblo, y no por cuatro radicales. Es absurdo y está fuera de lugar hablar de dictaduras, de atropello, convertir este asunto en la enésima lapidación de los catalanes o hacer de la tauromaquia la gran seña de identidad andaluza y española. Hay madrileños, castellanos y andaluces que la odian; hay catalanes y vascos independentistas que la aman con pasión.
Desde luego el animal sufre, como no hacía falta que demostraran los científicos, y se trata de una fiesta cuestionada en todo el mundo. Pero al mismo tiempo, esa fiesta ha permitido y sigue permitiendo la existencia de un animal hermoso, simbólico, mediterráneo, el toro de lidia. ¿O acaso no es más cruel cebar al toro en un cubículo, inmóvil durante un año, y después matarlo de una descarga eléctrica en la nuca? Puestos a debatir, también deberían revisarse las condiciones de vida de los animales de granja, si es que queremos analizar la crueldad y la hipocresía humana en toda su extensión. Y los toros, en ese sentido, son unos privilegiados hasta que llega su fatídica hora.
Pero hay que respetar una iniciativa que ha reunido casi 200.000 firmas de ciudadanos, no criticarla simplemente porque nos caen mal o regular los tipos de ERC, aunque digan cosas razonables, como hoy Puigcercós. Ojalá llegue el día en que un movimiento popular logre algo semejante en Andalucía. Ojalá llegue el día en que dejemos de poner etiquetas fáciles a las ideas y reflexionemos un poco sobre ellas.
Como un cansado Michael Corleone en ?El Padrino III?, este articulista intenta, una y otra vez, dejar el tema del plan especial del Puerto. Pero le vuelven a arrastrar hacia él. Hay que seguir ajustando cuentas, y más ante tanto disparate como se escucha y lee cada día. En dos semanas, el alcalde de Málaga ha pasado de liderar la construcción en la ?esquina de oro? de un gran mamotreto cultural, con un supermercado ?él puede llamar a la mona como quiera, pero aunque la vista de seda, supermercado se queda-, a convertirse en el principal opositor del Puerto. A Francisco de la Torre sólo le falta encabezar una manifestación contra sí mismo.
Ayer el PP presentaba una cínica y oportunista campaña contra la verja portuaria ?curioso que sus dirigentes negaran hace unos días que todo este asunto fuera digno de abrir un debate en la ciudad-, una suerte de manifiesto alternativo al de los notables, que el alcalde firmará mañana en calle Larios. Los populares, que al fin y al cabo gobiernan, o lo intentan, en el Ayuntamiento desde hace quince años, quieren ahora que desaparezca la verja ?que separa al puerto de la ciudad?. Son ellos los que han proyectado no ya suavizar el tráfico, sino añadir un sexto carril en el paseo de los Curas, por lo que, con valla o sin ella, el Parque seguirá separado del muelle 2.
Cuesta trabajo creer ?es imposible hacerlo- al alcalde haciéndose el sorprendido ante la elevación del Palmeral de las Sorpresas. Como si de repente hubiera pasado por allí esta semana y la hubiera descubierto. Hablamos de un regidor que tiene a gala conocerse al dedillo todo el callejero de la ciudad, que se ha ganado la fama de ser el concejal de Urbanismo en la sombra. Si De la Torre ha ignorado, durante los cuatro años que ha durado la fatídica obra del muelle 2, que la plataforma portuaria se iba a subir de cota creando otra barrera, dan ganas de salir corriendo de esta ciudad y no mirar nunca atrás. O de aplaudirle por su teatral esfuerzo. Pero que no se canse. Esta vez no le toma el pelo a nadie. Por mucho manifiesto que firme.
LA capacidad de Francisco de la Torre para dar cuerda a los tópicos que le persiguen e irritan no tiene límites. Y el del indeciso permanente supera al del trabajador incansable. Si el regidor es el timonel de la ciudad, desde luego con el plan especial del puerto su dubitativa derrota nos ha llevado directamente al arrecife. Ha dado tantas bordadas que al final ha dejado al descubierto lo que se intuía: más que seguir un rumbo, iba a la deriva. La última virada municipal ha sido el anuncio del alcalde de suspender la tramitación de la modificación del plan del puerto, es decir, el mastodonte cultural sobre el Paseo de la Farola que esconde un supermercado en sus bajos, para “reflexionar”.
Bienvenida sea esa reflexión si le sirve para evitar una de las mayores barbaridades intentadas en la historia de la ciudad, de la que hasta ahora ha sido cómplice. Pero eso lo dice la misma persona que hace semanas defendía sin ambages el proyecto, el mismo político que ha dejado perlas de hemeroteca como las del “supermercado top ten del top ten”, el mismo regidor que asentía cuando su concejal de Urbanismo, para sorpresa del personal, afirmaba que esa modificación se iba a aprobar en unos días? ¡incluso antes de que la Autoridad Portuaria la hubiera presentado!
El anuncio huele a bandera blanca ante el riesgo a que se le amotine la ciudad. Pero que nadie se confíe. No sería la primera, ni la segunda, ni la tercera vez, que De la Torre arría la bandera del diálogo para imponer su criterio inicial. Es marca de la casa, otro tópico.
Acorralado por los suyos y traicionado otra vez por el Consistorio, Enrique Linde está más solo que nunca. Quizás sea justicia poética. Él mismo le ha ido prendiendo fuego a la santabárbara hasta que le ha explotado en las narices. Demasiadas pifias, demasiados icebergs contra los que se ha empeñado en chocar, como para ignorar su responsabilidad. El infame caso Chelverton, la muy cuestionable adjudicación a Udisa, el vergonzoso retranqueo de la verja del Paseo de los Curas, al fin y al cabo una soberana tomadura de pelo a la ciudad, y el irresponsable contrato de concesión actual, en el que sólo le ha faltado entregar las llaves de la Autoridad Portuaria a las empresas del muelle uno. Demasiado chapapote para salir limpio.
España ya ha ganado su Mundial. Málaga sigue sin ganar su puerto.
En Málaga hay una serie de grandes misterios que darían argumento a más de una serie de televisión, estilo ‘Fringe’ o su antecesora, ‘Expediente X’. El mal fario que se atribuye al Cenachero, las psicofonías del Cortijo Jurado, los asustaviejas de La Equitativa, el curioso caso gulliveriano del centro hispanoruso de Pinares de San Antón -no deja de crecer por muchas amenazas en falso que le lanza el Ayuntamiento a su dueño-, el destino de los cientos de millones de euros de inversión que supuestamente el Ayuntamiento ha realizado en la última década…
El último misterio sin resolver, el nuevo ‘Expediente X’ digno de Mulder y Scully, es la defensa a ultranza del supermercado en el Puerto que está realizando Francisco de la Torre, consejero delegado de Carrefour… No, perdón, quería decir alcalde de Málaga. De la Torre, como servidor o quizás más, necesita claramente unas vacaciones. Unas largas vacaciones en las que viaje un poquito más allá de Chilches y compruebe lo que hace cualquier alcalde o alcaldesa que se precie en un espacio urbano de esas posibilidades. Prometo no protestar si se las pagamos entre todos los malagueños, pues sería una inversión rentable.
El regidor necesita un merecido descanso que le sirva para aclarar ideas y conceptos, para no liarse tanto, para no seguir soltando ridiculeces como la del “supermercado de alta gama”, el “top ten del top ten”, y chorradas por el estilo. No es propio de él. Tampoco es propio que desconozca los documentos que maneja su Gerencia de Urbanismo (hagan hincapié en el ’su’ posesivo), que se haga el sueco cuando se le pregunta si esto del edifico cultural no es en realidad un caballo de Troya que esconde la tienda de patatas, papel higiénico y, eso sí, un buen surtido de quesos internacionales.
Nos cuesta mucho trabajo entender, necesitaríamos la ayuda del FBI, de la CIA, del MI5, de la KGB e incluso de la TIA de Mortadelo y Filemón, para comprender las razones de esta postura tan ‘mercantilista’ del alcalde para con el mejor suelo libre de la ciudad. No la comparten, ni se la explican, sus colaboradores más cercanos.
Tampoco parece recordar De la Torre que hace pocos meses planteaba que ese edificio cultural, de ocurrir, tenía que ser de una factura arquitectónica indiscutible, y apuntaba algún nombre de prestigio. Al final no ha habido concurso de ideas, exposición pública ni ná de ná. Lo ha diseñado la misma empresa que el resto del muelle uno. No tenemos nada en contra de ese estudio, pero tampoco nada a favor.
La fotografía que ilustra este post lleva por título ‘99 cents’ y es la más cara de la historia. Se pagaron por ella 3 millones de dólares en una subasta en Sotheby’s de Londres, y fue realizada por el artista alemán Andreas Gursky. Como se puede ver, se trata un supermercado. Dentro de poco, si nadie le pone remedio, el supermercado del Puerto de Málaga también cumplirá esa paradoja. Será una instalación baratera por la que la ciudad pagará un precio demasiado caro.
EL domingo, 5.200 malagueños, 34.000 andaluces, volvieron a sentir en su vientre el gusanillo que muerde el estómago de los que se examinan, quizás ante la prueba (escrita) más importante de sus vidas. Se ofertan 4.100 plazas de profesor, un trabajo que muchos consideran un refugio contra la crisis.
Pero se trata de algo más que eso. Los maestros son nuestra primera línea de defensa frente al caos, la médula espinal del Estado del bienestar, los guardianes del futuro. En sus manos dejamos lo que más queremos, aunque les robemos la confianza y el respeto que merecen y necesitan para hacer bien su trabajo. Un maestro no fabrica tornillos, ni pone demandas, ni redacta noticias ni vende zapatos. La mayoría no se limita a transmitir conocimientos de nueve a dos. No. Un maestro forja personas, imprime inquietudes, educa. No trabaja para la Junta, sino para la eternidad, como diría Adams, pues su legado es inabarcable.
En los últimos años, coincidiendo con la Logse pero también con otras muchas cosas, como la incorporación masiva de la mujer al trabajo y la evolución de los modelos familiares, a los profesores se les ha querido convertir además en segundos padres. Por tiempo, algunos serían hasta padres titulares. Los niños llegan al aula matinal a las siete de la mañana y algunos dejan el colegio a las siete u ocho de la tarde gracias a las actividades extraescolares. Cara coartada para camuflar un sistema que ni funciona ni es el ideal.
Sí, los maestros tienen más de dos meses de vacaciones y muchas tardes libres. Pero no conozco a ninguno, y sé de lo que hablo, que no se lleve el trabajo a casa, que no se preocupe durante la comida, la cena y el sueño, por el problema de Pablito, por la mala cara con que llega Lucía o por el difícil carácter que ha desarrollado David tras el divorcio de sus padres. Tampoco sé de ningún docente que no sienta como éxito propio el de sus alumnos.
El lunes asistí a la fiesta de jubilación de dos maestros. Por sus aulas han pasado más de 3.000 niños, cuarenta generaciones. En sus caras vi una felicidad y satisfacción del deber cumplido que ya quisiera para si cualquier altivo político, millonario o deportista. Que nadie se tome esa profesión a la ligera. Que nadie los llame funcionarios como si fuera un insulto.

EL complejo monumental que forman las tres pirámides y la esfinge de Giza es uno de los grandes hitos de la humanidad. Plantado ante su inmensidad, el visitante duda del origen humano de las pirámides, una gesta que aún hoy sigue sorprendiendo a los ingenieros. Giza fue sitiado hace años por las afueras de El Cairo, una de las ciudades más caóticas, bulliciosas y ruidosas del mundo. A pocos metros del semblante de la esfinge, donde antes reinaba la arena del desierto, hay unos cuantos edificios cutres. Y en la plazoleta que rodea a la criatura mitológica hay un solo faraón: el logotipo de Pizza Hut, que ocupa el mayor local de la zona. Tras la persecución de Cleopatra por Marco Antonio y Julio César, se trata seguramente de la mayor profanación que ha hecho Italia en Egipto, aunque la franquicia de comida rápida sea estadounidense. Los atentados de la globalización no sólo los comete Al Qaeda.
En una pequeña y modesta escala malagueña, desde la denominada esquina de oro entre los muelles 1 y 2 del Puerto ?a estas alturas habrá que llamarla de latón? se vislumbran la Alcazaba, Gibralfaro, el Parque de Málaga ?gracias, Cánovas? y la Catedral. Muy pocas, poquísimas ciudades del mundo reúnen tantas civilizaciones y cultura en un radio de menos de un kilómetro. Desde el atraque portuario, el crucerista puede casi acariciar una catedral que mezcla renacimiento y barroco, dar un salto al cada vez más imponente teatro romano, visitar el Museo Picasso, pasear por las murallas de la Alcazaba musulmana o subir hasta el Gibralfaro de origen fenicio. Y en ese lugar privilegiado, la puerta de entrada a Málaga para miles de visitantes, el espacio que ansía ocupar la ciudad desde hace más de veinte años, se ubicará un supermercado, también de multinacional.
Cuando un europeo visita El Cairo, su primera impresión es que no queda nada de aquellos egipcios que crearon el primer gran imperio y levantaron templos inverosímiles. Cualquiera que visite Málaga por el mar se llevará una decepción similar. Quizás es una maldición, otros sostienen que es lo que nos merecemos. Pero no se trata sólo de vender patatas y papel higiénico, y un buen surtido de quesos internacionales, en el mejor suelo de la ciudad. Sólo hay que recorrer el perímetro sur de la Catedral, un impresentable aparcamiento de autobuses, camiones de carga y descarga, y esporádicos coches oficiales, para comprobar que también nosotros podemos ser unos bárbaros. Algunos se preocupan mucho de que el templo está manco, aunque luego les importe un bledo que se ahume.
Son los mismos que miran hacia otro lado mientras se comete un nuevo urbanicidio. Ya estamos acostumbrados. Aburridos. De hecho, parece como si Málaga sufriera una plaga de urbanicidas en serie. Su mayor crimen hasta ahora, gastarse 40 millones de euros en la sede de la Gerencia de… ¡Urbanismo! Toda una ironía. Pero volvamos al Puerto. Decía María Gámez, delegada del Gobierno andaluz, que el supermercado de la esquina rebajará el listón del Palmeral de las Sorpresas. La otra traición a Málaga. En el muelle 2, Jerónimo Junquera ha tirado al barro su prestigio, levantando una mole de hormigón sobre la rasante del Parque, la pérgola de mayor impacto visual del mundo y retranqueando apenas dos metros la simbólica verja, que seguirá separando el Puerto de la ciudad. Una chapuza de autor financiada con dinero público de la Junta. Si Peñalosa levantara la cabeza blandiría de nuevo su afilada pluma, en busca de venganza por la inútil muerte del silo.
A menudo se ha dicho de Francisco de la Torre que, con sus virtudes y defectos, pasará a la historia como el alcalde que peatonalizó la calle Larios. Pero es posible que también le señale como el regidor que llevó el provincianismo al extremo de permitir y alentar un súper, de alta gama o no, donde otros ponen un Guggenheim. Y mientras se da la paradoja, propia de una novela de Eduardo Mendoza, de que el auditorio se aposentará en la peor superficie portuaria, frente a las montañas de contenedores. Resonancia metálica para la triste canción de Málaga.
Una placa bien grande debería recordar, en un noray, los nombres de todos y cuantos pudieron hacer algo ?aún pueden? por evitar la infamia portuaria, cual Pearl Harbor malacitano, fechada el 25 de junio de 2010. Ese día Iniciativas de la Farola sentó sus posaderas donde antiguamente estaban los jardines de la casa del Ingeniero y defecó un centro comercial al uso con súper, panadería, sucursal bancaria, zapatería, bisutería y perfumería. Y que no se nos olvide el mamotreto de edificio cultural, perpetrado sin concurso de ideas y avalado por los técnicos de Urbanismo. Que Dios nos pille confesados.
“Ocurrió siendo alcalde Francisco de la Torre; presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde; presidente de la Junta, José Antonio Griñán; consejero de Turismo y Comercio, Luciano Alonso; líderes de PSOE y PP, Miguel Ángel Heredia y Elías Bendodo; presidente del Patronato de Turismo y de la Diputación, Salvador Pendón…”. Así hasta incluir los nombres de los decanos de los colegios profesionales, de los presidentes de las asociaciones de vecinos, de los directores de los medios de comunicación de la ciudad. Que la historia nos recuerde a todos y que cada palo aguante su vela. Las venderán a dos por una en el Puerto, así que pongan sus carritos en cola.
YA no se lleva eso de soñar con escribir un libro. No. Ahora hay que aspirar a crear una serie de televisión de éxito. A ser como David Simon, Vince Gilligan, J.J. Abrams, Alan Ball, Kurt Sutter o David Chase. Y para idear una trama que cautive al espectador, la clave está en el malo. Pero no se trata de un malo convencional, al viejo estilo maniqueo, sino de uno repleto de grises. Ahora el malo tiene que caernos bien, ganarnos para su causa, hacernos reír, llorar, lograr que nos metamos en su pellejo y convencernos de que en el fondo es bueno y se arrepiente. El malo no quiere hacer cosas malas, son las circunstancias las que le obligan a ello. El antihéroe como ídolo. ¿Quién no ha querido abrazar a Tony Soprano? ¿Quién no justifica un poco los crímenes de Dexter, el maquiavelismo de Benjamin Linus, la transformación de Walter White en Heisenberg? ¿Quién no querría tomarse una copa con el tabernero Al Swearengen?
En Málaga hay un político que provoca ese tipo de sensaciones contrapuestas. Es Enrique Linde. Si se le juzga por su gestión, por la travesía del plan del puerto de fracaso en fracaso, sería fácil suspenderlo. Pero Linde, astuto como él solo, podría defenderse de las acusaciones. Le dejaron en herencia una Autoridad Portuaria en bancarrota, sin ingresos y con demasiadas esperanzas puestas en la integración de los muelles 1 y 2. Sin mucha ayuda, mantuvo firme la apuesta estratégica de los cruceros, una actividad que se ha demostrado un éxito , aunque sin duda ha podido hacerlo mejor -no peor- en la operación puerto-ciudad. Pero también el Ayuntamiento, que en vez de gastarse 74 millones de euros en Tabacalera y la Gerencia de Urbanismo, monumentos a las joyas y a la burocracia, podría haberlos empleado en liderar la tranformación portuaria, como han hecho otros consistorios.
Linde es como Odiseo, un superviviente que ha visto a muchos de sus compañeros caer. Fecundo en ardides, intenta terminar de una puñetera vez el tapiz del plan del puerto que el resto de la ciudad se empeña en destejer, porque muchos vemos un trapo donde algún empresario ve un Armani. Pero no creo que Linde ideara el caballo de Troya del edificio cultural, preajudicado a Unicaja, que esconde en sus entrañas un supermercado. Francés, no griego.
Tengo a Carolina España por una de las mejores concejalas del Ayuntamiento de Málaga. Es sensata, no hace tonterías ni tiene adicción a salir en las fotos. A veces incluso es capaz de llevarle la contraria a la alcalde ante obviedades, como el disparate que es el supermercado en el Puerto. Se puede discutir con ella sin entrar en dogmas y creo que es una seria candidata a suceder a De la Torre. Su única pega es que carece de la ambición necesaria y le sobran escrúpulos para ganar la dura batalla que será esa nominación.
Pero eso no quita que, como portavoz del equipo de gobierno, esté expuesta a los errores. En ocasiones la pierde su agresividad en el contraataque. Como ayer, cuando, para defender lo indefendible, el gasto de casi 40 millones de euros del Ayuntamiento en la adaptación de Tabacalera para el Museo Art Natura, recordara que “la cultura es muy cara y, si no, que le pregunten a la Junta cuánto costó la puesta en marcha del Museo Picasso”. Sacrilegio. Comparar la pinacoteca del malagueño universal con una exposición de piedras, por muy preciosas y grandes que sean, dice mucho del concepto de la cultura del equipo de gobierno del PP. Es como comparar el futuro supermercado de nuestro Puerto, incluso el chapucero Palmeral, con lo que se ha hecho en otras ciudades de España y el mundo en lugares parecidos. Es pecado.
La perla del día, de las convocatorias del Gobierno andaluz, que me envía mi amigo Mengano, al que habrá que editar su antología del disparate de la comunicación de la Junta:
TODO equipo ganador que se precie tiene siempre un perro de presa. Un jugador dispuesto a morder al rival, un marrullero en toda regla, que no rehuye sino que busca el choque, que siempre deja el codo en alto, que pega patadas, cabezazos y lo que se tercie con tal de intimidar, desquiciar y doblegar al enemigo. En Italia está Gattuso y antes Materazzi, capaz de arruinar la despedida del astro Zidane; en Argentina ese papel lo cumplen el apache Tévez y Mascherano, Melo y Gilberto Silva en Brasil. Algunos incluso le dan bien a la pelota, que al fin y al cabo es de lo que supuestamente se trata. En España, por muy buenos que sean Busquets y Javi Martínez, nos falta un sucio killer. Y ya sabemos que a los equipos exquisitos se los acaban comiendo.
No es una máxima exclusiva del fútbol. También vale para el baloncesto ?fíjense si no en Artest, el forajido alero de los Lakers con cara de no haber roto un plato? e incluso para actividades tan poco deportivas como la política. La única pega es que hay que sopesar bien este arma. Descontrolado, el jugador asesino es tan peligroso para su equipo como para los contrarios. Le prenderá fuego a todo.
En el Ayuntamiento de Málaga, Villalobos tuvo la vista de ficharla, hay una persona de ese perfil, que se mueve como pez en el agua en el barro del enfrentamiento institucional. Se trata, por si no lo han adivinado ya, de Teresa Porras. La combativa edil de Cruz de Humilladero, como ya hiciera con la ampliación del paseo marítimo, ha tomado por bandera el proyecto, su proyecto, para reurbanizar la calle La Unión tras la obra del Metro. Está convencida, y eso es lo preocupante, de que la Junta tiene que pagar la reforma que a ella le venga en gana. Como si no tuviera ya bastante el Gobierno andaluz con buscar los 42 millones de euros que cuesta la obra de la Carretera de Cádiz, una de esas promesas-farol en la que se ha llevado la sorpresa de que Francisco de la Torre, por una vez, no ha puesto pegas.
Porras, que debe haber encargado ya un cartelón para reprochar el enésimo agravio autonómico, tenía ganas de medirse de nuevo con Salvo Tierra. Las emboscadas populistas que le organizó a su antecesor, Enrique Urkijo, se quedarán en un juego de niños comparadas con lo que le tiene preparado a su odiado ex rival. Pondrá todas las chinas que pueda en su camino e intentará soliviantar los ánimos de los vecinos. Al menos de aquellos a los que tiene bien subvencionados. Así se ha sacado de la manga, gracias a su concejal discípulo, Manuel Díaz, un proyecto de la señorita Pepis para La Unión que cuesta 4,4 millones de euros. A nadie le extraña que la alucinada consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, la tome por la concejala de Urbanismo. Si a Porras la dejan, acaba suplantando al alcalde.
Nadie dice que la calle La Unión, que Cruz de Humilladero, no merezcan mejores calles y aceras. Quizás también una concejala mejor. Quizás también un Ayuntamiento que invierta y no se dedique a exigir a los demás que lo hagan, porque que alguien nos explique dónde están los cientos de millones de inversión de estos años del presupuesto municipal. ¿En la nueva Gerencia de Urbanismo?
Desde luego, el barrio merece un proyecto más valiente, como el primero que presentó el Consistorio, realizado por Paco Ruiz y los técnicos de Movilidad, con menos protagonismo del coche y más espacio para los peatones. Y además con un presupuesto más razonable.
Si uno escucha hablar a Porras está claro que la guerra es inevitable. Las víctimas serán las de siempre, los vecinos. Ha mencionado hasta a los psicólogos a los que han ido por el martirio que dice han sido los tajos del Metro, como si el Gobierno andaluz tuviera que pedir perdón por acometer la obra más importante de la historia de la ciudad.
Pero, con todo, la culpa no es de Porras. Es del entrenador que la saca al campo a sabiendas de su estilo.
Recuerda aquellas madrugadas, cerca de las estrellas, con Ramón Trecet al ritmo de George Michael. Eran los tiempos dorados de la NBA, la época de la gran eclosión del baloncesto, frente a los disgutos en los colegios de España. Todo el mundo quería ser Magic, Bird o Jordan. Algunos incluso Kevin Mchale o Worthy. Todos intentaban el sky hook de Kareem. Eran los años de Lakers vs. Boston, aunque después llegarían los Bad Boys de Detroit comandados por Isaiah Thomas y el matón Mahorn, más tarde dominados por el vendaval de los Bulls de Chicago.
Luego estaban los socios Stockton y Malone, Pat Ewing, el bailarín Olajuwon, el marino Robinson, el planeador Drexler, el infalible Chambers. La NBA era algo más que mates y derroche atlético. Era baloncesto en estado puro, a miles de años luz del que se practicaba en Europa. Poco a poco se fueron superando barreras. A Portland, destino maldito, llegó Fernando Martín. Un tipo duro, como corresponde a los pioneros. Abrió el camino para España. Pero la invasión de verdad vino del Este. Petrovic, Kukoc, Sabonis, Radja, Divac, Marchulenis. Todos dieron la cara, incluso brillaron.
Pero ninguno llegó al nivel de Gasol. Los niños han crecido, y cómo. El baloncesto europeo ha recortado distancias y ahora mismo es mucho más bonito de ver que esa NFL o NHL que anoche fue el último partido de la Final entre los Lakers y Celtics. Una guerra de palos con bula arbitral. Pero entre los que más estopa recibieron y devolvieron, el que cogió los rebotes decisivos, el que dio la asistencia clave para el triple de la remontada, el que marcó tres de las canastas que hundieron a los combativos guerreros de verde, el que cargó de personales y agotó a Wallace y Garnett, fue un español de Sant Boi. Entre tanta decepción deportiva y económica, muchos disfrutaron esta madrugada de un pequeño gran momento de orgullo. Algunos compartieron incluso las lágrimas de un Pau arañado, exhausto. Feliz.
NO es fácil ser un catalanófilo en Málaga. Nadie te entiende cuando dices que tenemos más en común con Cataluña que con ninguna otra tierra, la misma sangre fenicia y mediterránea corre por nuestras venas y sufrimos igual, como periferia, las fuerzas centralistas de Madrid. Nadie te cree cuando afirmas que muchas noches sueñas con las cumbres de Els Encantats en Aigües Tortes, que te sientes como en casa en el Pallars Sobirà. Te miran como a un loco cuando aseguras que no te tomas como una ofensa ni un ultraje que te hablen en catalán, porque al fin y al cabo es una lengua tan antigua, hermosa y respetable como la nuestra. Te cuesta trabajo explicar lo divertido que es comer calçots, lo bueno que está el trinchat, lo que envidias la fiesta de Sant Jordi, lo estupendo que sería que los cochambrosos arrabales de nuestro centro histórico se parecieran un poquito a El Born.
Es muy cansino estar todo el día defendiendo a tus amigos catalanes del habitual ataque de tópicos que reciben por estas latitudes. Los andaluces nos irritamos sobremanera cuando nos tildan de vagos y rocieros, pero al mismo tiempo tenemos una facilidad tremenda para despotricar de las supuestas tacañería y prepotencia de la comunidad hermana. Con un millón de andaluces e hijos de andaluces, no se me ocurre mejor definición familiar.
Ser catalanófilo se hace especialmente difícil cuando la prensa, radio y televisión, casi siempre la que tiene sede en Madrid, pero a veces también la propia, dan pábulo un día sí y otro también a las tonterías y estupideces de unos pocos cretinos que quieren apropiarse de la identidad catalana. No hace falta esforzarse mucho para pensar en sus equivalentes andaluces, que desde luego tampoco nos representan.
Pero sí que es tremendamente fácil, está chupado, ser catalanófilo cuando viene por aquí Joan Manuel Serrat. El cantautor es uno más de la familia en cada hogar de España. No conozco a nadie que no admire a Serrat. No quiero conocer a nadie que no sintiera un pellizco en el estómago cuando anunció su lucha contra la enfermedad. Cuando pienso en Cataluña, pienso en Serrat. Y me encanta.
Cuesta creer en las casualidades. Un día un periódico alemán (la edición germana del FT) suelta el rumor de que Europa se prepara para el rescate de España. A los dos días lo hace el Frankfurter. Y cuando la Comisión Europea suelta una reprimenda a quienes echan gasolina al fuego, sale la canciller alemana, Angela Merkel, con un saco de dinamita. Si España necesita la ayuda, no hay problema, se le dará. Vaya forma de tranquilizar al personal y a los mercados. Especialmente el día antes de que el Tesoro español emita más deuda. Alguien se está beneficiando tremendamente de todo esto. Y como ocurre con el balón Jabulani, del que disponen desde hace meses en su liga, Alemania siempre juega con cartas ganadoras. Por no decir que hace trampas.
Ojalá se repita en Sudáfrica la estampa de Viena. Triste consuelo, el opio del pueblo. Pero me temo que es el único campo en el que ahora mismo tenemos algo que hacer frente a la soberbia germana.
Hace ya un par de años les hablé de mi amigo Mengano. Pobre Mengano. Un alto funcionario, un veterano jefe de servicio de una institución, digamos que malagueña, que acabó pagando caras su creatividad e iniciativa. En los tiempos actuales de dictadura de lo político, todo el que levante la cabeza y destaque corre el peligro de que se la corten si no está dispuesto a pasar por el aro. Así que mi amigo Mengano acabó degradado, sin puesto. Como a tantos otros antes que él, le dieron un despacho y allí lo abandonaron, como a Napoleón en la isla de Santa Elena, sin más compañía que el periódico e internet ni más quehacer que esperar la encomienda de una misión que nunca llega. Podría hacer un tratado sobre el ostracismo. Mi amigo sufre lo que sería el sueño de cualquier vago: no le dan trabajo.
Como es una persona inquieta, entre otras cosas le ha dado por recopilar comunicados de prensa de la Oficina del Portavoz del Gobierno andaluz. Copia y pega las más absurdas. Ya va para una decena de folios, en lo que es una estupenda antología del disparate de la administración autonómica. La misma que según dijo el presidente José Antonio Griñán en el Parlamento el pasado miércoles, deberá pasar de 255 sociedades públicas a 145. La misma que congelará la contratación de personal, que restringirá su exuberante flota de vehículos oficiales, que tan a menudo se confunden con los particulares o los del partido. Que reducirá dietas y protocolo. Se acabó la fiesta e incluso los delegados provinciales cuentan las horas para su más que probable extinción. No podemos decir que echaremos de menos a muchos. Eso sí, la agenda de actos a los que la Junta convoca a la prensa se resentirá sobremanera.
Hace ya algún tiempo, alguien de la Junta, del PSOE, debió de equivocarse mucho en la interpretación de la premisa de McLuhan y llegó a la conclusión de que los políticos eran el mensaje. Así empezó la locura de convocatorias y actos que después, por cierto, han copiado los ayuntamientos. Daba igual qué chorrada hicieran los delegados e incluso los consejeros de la Junta, lo importante era salir todos los días en los medios de comunicación. No importaba que no hubiera nada que decir, que se corriera el riesgo de irse de la lengua, de prometer proyectos imposibles, que se dejara abandonado el trabajo de oficina que se supone deben acometer. Lo importante era el apostolado por los pueblos y ciudades. Aunque nadie se creyera lo que estaba contando.
En el listado de eventos recopilado por Mengano tenemos una delegada de Turismo visitando la pista de pádel construida en Begíjar (Jaén); una delegada de Salud asistiendo a una lectura poética en Córdoba; un consejero presidiendo en Huelva el acto de certificación del récord Guinness del casco de seguridad más grande del mundo; un delegado de Agricultura haciéndose una foto entregando una ayuda al patrón de un barco para iniciar un proyecto en tierra; una delegada del Gobierno presentando los nuevos equipos gubernativos de la temporada taurina en Sevilla; los delegados de Educación y del Gobierno presentando en Málaga la obra de ampliación, de ampliación, de un instituto ?así de mal están las cosas en materia de infraestructura educativa por aquí-; a la consejera de Igualdad asistiendo en Sevilla a una jornada sobre envejecimiento activo; a un delegado de Cultura informando sobre la representación de ?Bodas de sangre? en Punta Umbría (posteriormente también se convocaría a los medios porque el mismo delegado asistiría a la representación); a la delegada de Innovación de Málaga entregando 20 descodificadores TDT a mayores en Serrato (catetos, viejos y aparatos tecnológicos, un trinomio que garantiza la foto de portada); a la consejera de Igualdad abriendo en Sevilla unos ?encuentros de mujeres sobre los usos del tiempo desde una perspectiva de género??
La lista de Mengano es interminable, y eso que sólo lleva unos meses recopilándola. Da para organizar una exposición e invitar a algún cargo a inaugurarla. Da la impresión de que de un tiempo a esta parte la acción del gobierno autonómico consiste más en hacerse fotos o inaugurar actos por doquier, que en trabajar en sus despachos. Y no crean que están allí por las tardes. También entonces están de tourné por los pueblos, en ese frenesí absurdo de mítines de partido de la campaña ?Cambiamos con Andalucía? al que los obliga el partido. Definitivamente, el pobre Griñán tiene que cambiar muchas cosas. ¿Verdad, Mengano?
Pablo Alborán. Apunten ese nombre. Kelly Rowland, ex Destiny’s Child, ya se lo conoce bien, hasta “caerme al suelo cuando escucho a este ángel”. Anoche presentó en un entregado Teatro Echegaray, lleno de familiares y amigos, su primer disco, que EMI sacará al mercado después del verano, pero que ha generado una enorme expectación. Especialmente desde que la estrella estadounidense le dedicó un par de tweets.
Pablo Alborán, Pablo Moreno en su DNI, pertenece a una familia malagueña tan especial como imprescindible, que lo ha seguido en procesión desde aquel Costa pop en el Palacio de Ferias en el que sus padres y hermanos se emocionaban hasta las lágrimas al verlo en el escenario, hasta las últimas saetas cantadas al Cautivo este año.
De su padre, que siempre presume de haberse ido con la guitarra al hombro de viaje por Europa, a Amsterdam creo recordar, debe venirle a Pablo su pasión musical. Salvador es un melómano capaz de tararearte cualquier aria o sinfonía. Se ha quedado con las ganas de hacer el auditorio de sus sueños, pero su compromiso con la ciudad seguramente nos evite un supermercado en el puerto. Sin embargo, la belleza que hacía gritar anoche a muchas chicas (y a unos cuantos chicos también) en el Echegaray, sin duda debe de ser herencia de su madre, Elena. Como ese deje andalusí que hace tan especial su música, una mezcla que va más allá del flamenco y el pop romántico. Su hermano Salva, por lo que cuentan, es tan buen músico como él, pero ha elegido otro camino, también en el campo de la creatividad. Y qué se puede decir de Casilda, un torbellino que siempre transmite cariño, afecto y verdad. Da igual que no la veas durante dos años. Si te la encuentras retoma la conversación en el punto en que la dejaste. A mí siempre me ha recordado a su padre. Aunque es incluso mejor.
Sí, Pablo Alborán tiene mucha suerte. Pero no llegará lejos por su estupenda familia, sino porque vale y porque tiene una voz de ángel, como dice la Rowland. Su madrina es Diana Navarro. Anoche lo acompañó en el escenario, como también hizo Estrella Morente. Ese dueto, con la granadina dándolo todo, fue absolutamente mágico.
Del disco de Pablo destacan este ‘Solamente tú’, ‘Caramelo’ y a mí me gustó especialmente ‘Loco de atar’, que tiene pinta de hit.
Mañana actúa en Málaga Alejandro Sanz. Él empezaría así, rodeado de amigos y familiares, hace ya unos cuantos años. Antonio Orozco, de un estilo más parecido pero desde luego con peor voz que Pablo, estuvo por aquí hace un par de meses. Sé que el afecto puede restar objetividad a estas líneas, pero yo anoche me emocioné y me lo pasé en grande. Y vi nacer a una estrella.
OFICINA de objetos perdidos.
-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
-Mire, la verdad es que no tengo mucha esperanza en encontrarlo, pero al pasar por la puerta me he dicho, qué demonios, vamos a intentarlo.
-Bueno, dígame qué se le ha extraviado.
-Se me ha perdido mi país.
Cualquier español, malagueño, que volviera a casa tras dos años de ausencia, náufrago en una isla desierta, hibernado, ermitaño en la montaña o embarcado en la ISS orbitando alrededor de la Tierra, se pellizcaría pensando que está soñando. Más bien teniendo una pesadilla. Luego desearía volver al exilio. Pero no hay forma de escapar del pesimismo instalado en cualquier tertulia de café, de la crispación que se pulsa en la calle alimentada desde las hogueras mediáticas e irresponsables de la derecha, de la intolerancia que se respira en la cola del centro de salud, como si los inmigrantes que han ayudado a levantar este país ahora nos estuvieran robando los trabajos mal pagados que no queríamos. Este era un lugar alegre y acogedor, feliz en su inconsciencia. Ha dejado de serlo. Ahora, a la espera del Mundial, en las barras de los bares se habla del diferencial del bono alemán. Algunos empiezan a darse cuenta de que la economía también es un deporte, que juegan los 27 países de la UE y Alemania gana siempre. Otros comparan a Zapatero con el doctor House: a fuerza de ir equivocándose con el diagnóstico, algún día dará con la enfermedad. Eso si no mata antes al enfermo. ¿Es lupus lo que sufre España o una enfermedad autoinmune? Las radiografías muestran unos preocupantes quistes sebáceos en forma de administración, de ayuntamientos, de diputaciones, de empresas públicas, de liberados sindicales. Son los políticos, doctor House.
Y si el presidente es el médico pero en versión más demagógica que sincera, ¿qué papel interpretaría Mariano Rajoy? Cuesta ver al aspirante como una opción seria, da miedo ponerse en sus manos. Sólo sabe decir que no, evocar un milagro español que nunca existió. Por culpa de aquellos ladrillos y peces multiplicados estamos penando hoy, hipotecados hasta las cejas del ZP.
Quiero mi país de vuelta.
-Buenos días, doctor.
?Siéntese, por favor. Dígame qué le ocurre. ?De un tiempo a esta parte, doctor, tengo unos dolores insoportables.
?¿Cuáles son los síntomas?
?A veces me cuesta respirar, me entran ataques de suspiros, una frustración que me conduce a la depresión, incluso me asalta una ira absurda, me cabreo con todo el mundo, me dan ganas de coger la puerta y no mirar atrás jamás.
?¿En qué parte del cuerpo le ocurre todo eso, hijo?
?Pues no sabría decirle.
?Explíquese, que sólo tengo tres minutos.
?Verá, a veces me duele la cabeza. Otras el corazón. La mayoría de las veces, también padezco una insoportable desazón en el alma.
? No se ponga usted melodramático, hombre. Al menos podrá decirme cuándo le duele. ¿Al moverse, al toser, al practicar deporte?
?Pues eso depende, doctor, aunque diría que más bien se trata de una cuestión de dónde me duele.
?Eso ya se lo he preguntado.
?Perdone, doctor, pero usted me ha preguntado en qué parte del cuerpo me duele, y yo me refiero a los lugares en los que sufro dolor.
? ¡Pero dígame usted de una vez qué diantres le ocurre, hombre de Dios!
?Doctor, creo que me duele Málaga.
?¿CÓMO?
?Sí, doctor. Paseo por la ciudad y me llevo unos berrinches tremendos. El otro día, por ejemplo, estuve en casa de una tía mía en el paseo de la Farola. Es un piso estupendo, con unas vistas magníficas a la Alcazaba, la Catedral, el Parque y el Puerto. Ése fue el problema, el dichoso Puerto. Desde su terraza se contempla en toda su extensión. La megapérgola y el palmeral, la verja que se va a retranquear dos metros tras veinte años de debate ciudadano, la enorme esquina vacía, el gran espacio del muelle uno.
?Eso me suena a agorafobia.
?No creo, doctor. Diría más bien que sufro mucho con el futuro de los grandes espacios abiertos. Mi cuerpo no soporta los ataques de celos cuando elucubro con lo que harían otras ciudades con una superficie así. ¡Nosotros pondremos un Carrefour y cuatro tiendecillas como si esto fuera un suburbio cualquiera! ¡Trataremos a los cruceristas como a mallrats!
?Cálmese, hombre. Mire a Enrique Linde y a Francisco de la Torre, lo tranquilos que están. Aprenda de ellos y llegará a viejo. Aunque ahora que le miro la cara, se le está poniendo colorada. Puede que se trate de una alergia.
?Es posible. A las rosas. Esa misma tarde me fui a dar un paseo al Parque para olvidarme del Puerto. Allí me metí en una rosaleda junto al Ayuntamiento. Un paisano me contó que era nueva. Que el Consistorio, que no tiene dinero para hacer algo digno en el Puerto, se había gastado 470.000 euros en plantar 10.000 rosales. No vea usted el sofoco que me entró.¡47 euros por rosal! Y luego me dolió la piedra…
?¿La del riñón?
?No, el citrino que presentó el alcalde. Es paradigmático que quiera llamar ?Málaga? a la piedra preciosa más baratera y vulgar que hay. Habráse visto semejante ordinariez…
?No se enerve usted tanto, búsquese algún entretenimiento, relájese..
?Eso pretendí al coger el coche para tomarme algo en la Feria de la tapa de Rincón de la Victoria. Pero por el camino tuve que parar por un ataque de ansiedad.
?¿Qué le ocurrió?
?En El Candado pasé bajo un monstruo de hormigón, una enorme pasarela en mitad de la nada, que tapa la vista de la Bahía. Quise condenar a vivir eternamente en ella al técnico cafre que la haya diseñado y al político que la aprobó. ¿Acaso no han oído hablar del impacto visual?
? No sea usted pedante y cuente, cuente, ¿cómo estaban esas tapas?
?No sabría decirle. Había tanto político socialista en la carpa que no quedó ninguna.
?No siga. Tengo claro lo que le pasa. Debe ir a un psiquiatra.
?Y Málaga también, doctor. Y Málaga también.

¿Alguien puede decirme dónde está la placa inaugural de las obras de creación -que no regeneración- de la playas de la Malagueta y de la Caleta en 1990? Ese proyecto acometido con Josep Borrell como ministro de Obras Públicas, y diseñado por Luis López Peláez, costó 834 millones de pesetas de la época. Fue una obra espectacular, junto con las rondas de circunvalación la mayor conocida hasta entonces por la ciudad, que ganaba una enorme playa en el centro. Se vertieron 1,7 millones de metros cúbicos de arena extraída del mar (de mucha mejor calidad, pero también más problemática que la empleada ahora), para crear de la nada un frente marítimo arenoso de 150.000 metros cuadrados y 2,5 kilómetros de longitud.
En la zona de la Caleta, la regenerada ahora a bombo y platillo y tras emplear mucho más tiempo que en el proyecto anterior, se contemplaba la aportación de arena periódica del arroyo del Café. Pero su encauzamiento y la intensiva urbanización a su alrededor han cambiado estos años la aportación de áridos por la aún más esporádica de automóviles. No es broma. Recuerden que cuando llueve de forma torrencial, algo frecuente en climas mediterráneos como éste, el agua acaba llevando a la playa los coches aparcados ilegamente en un cauce que ninguna institución vigila. De esta forma la playa de la Caleta fue menguando poco a poco, hasta que se la tragaron los temporales.
Pero volvamos a la creación de las playas de la Malagueta y la Caleta. A su placa inaugural. No la encontrarán en ningún sitio porque no se colocó ninguna. Así que a las autoridades actuales quizás debiera de haberles dado algún pudor, por no llamarlo vergüenza, de situar en medio de la playa regenerada un enorme pedrusco, con su correspondiente plaquita: “Las obras de estabilización de la playa de La Caleta fueron inauguradas por la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Dña. Elena Espinosa Mangana”, reza el cartel. Al que se le haya ocurrido debería tragárselo la arena. Resulta tan bochornoso como inaugurar la reparación de un socavón, una rotonda o colocar una placa en un centro de mayores o en un aparcamiento municipal. Incluso más.
Pero total, para una obra que va a terminar en Málaga la ministra Espinosa…
SE supone que a los articulistas les pagan por tener las cosas claras. Cogen un tema y le dan vueltas, lo escudriñan como un pintor a un modelo, piensan en él mientras se duchan, desayunan, conducen; hasta que llegan a una opinión. Suelen sentar cátedra, parecer doctores en la materia. Incluso van a tertulias. Pero les diré que no siempre resulta tan sencillo. En muchas ocasiones no tenemos una idea forjada sobre un asunto o una polémica. Cansa andar siempre pensando si estás a favor o en contra de algo. Esta semana me resulta especialmente difícil trasladarles una opinión sobre el caso de ese matrimonio parado, con tres hijos, al que la Junta ha desahuciado de la VPO que ocupó hace unos meses en Santa Rosalía. Intento ponerme en la posición del gerente de la EPSA, el socialista Cristóbal Fernández. Desde luego no se puede permitir que se establezca un precedente de ocupación ilegal de una vivienda pública, que una familia con menos derechos que se salte la norma y la cola. Si ahora cede a la presión, mañana tendrá cien casos más. Tampoco se debe olvidar que la familia ha rechazado las ayudas ofrecidas por la propia Junta y por el Área de Bienestar Social municipal, al quite del problema. Se ha enrocado.
Pero después me meto en la piel de ese padre que lleva seis años esperando una VPO, y que en diciembre se hartó de vivir en la casa de su cuñada, con otras siete personas, y decidió darle la patada a un inmueble vacío. Si a mí me irrita escuchar tanta promesa falsa de miles de VPO cada pocos meses, imagino la furia que debe asaltar a esa familia. Si uno, como cualquier padre, mataría por dar de comer a su hijo, menor reparo tendría en ocupar una casa si careciera de techo. Desde luego no pongo la mano en el fuego por mí. Me quemaría.
Sí, las instituciones están para cumplir y hacer cumplir la ley. Pero me resulta complicado asimilar que sea una prioridad administrativa poner en la calle a una familia en situación crítica, cuando el mismo organismo hace la vista gorda en lugares como La Palmilla, donde algunas VPO se convirtieron hace años en narcotiendas, o en La Noria. Me cuesta creer que no haya otras actuaciones más urgentes. Como construir esas malditas viviendas públicas que llevan tantos años prometiendo.
ESTOY a régimen. Más que físico, se trata de un estado mental, de ánimo. Al principio uno ve patatas fritas por todos lados, platos de berzas con pringá, pizzas, tacos, donuts, pitufos de zurrapa paseando por la calle. Se comería a sus amigos si pudiera. Incluso a sus compañeros de trabajo. Luego, poco a poco, el estómago se va cerrando y a veces hasta se soporta cenar sólo fruta, comer un pescadito a la plancha al mediodía o desayunar insípidos cereales, como si uno fuera un animal de granja. Pero supongo que al final compensa el sacrificio. Los pantalones que guardamos desde hace años con una útopica esperanza por fin entran. Las rodillas duelen menos al hacer deporte. Y, supuestamente, aunque eso nunca lo sabremos, ganamos años de vida. Así que la dieta, aunque conlleve sufrimiento, tiene sus cosas buenas.
También la maldita crisis. El tardío furor de recortes que repentinamente le ha entrado a nuestros responsables políticos eliminará mucha de la grasa acumulada en los abdominales de la administración. A lo largo de los años de bonanza, el colesterol ha ido obstruyendo el sistema circulatorio institucional. En Málaga ha habido muchos excesos. En toda la provincia. Sobredosis de coches oficiales, cada vez más caros y lujosos, dietas y tarjetas de crédito sin reparar en gastos, sueldos astronómicos para cargos públicos y demasiadas empresas paralelas a la administración, en las que se ha colocado a los amigos del partido de turno. Algún día, y ese día ya ha llegado, alguien tenía que pagar las consecuencias de la orgía, la factura de tanto dispendio.
En Málaga hay dos altos cargos, la gerente del Palacio de Ferias, Yolanda de Aguilar, y el responsable de Promálaga, José Estrada, que perciben unos 145.000 euros al año. Casi el doble que el alcalde. Y eso que De la Torre les bajó el sueldo a principios de año, porque la cantidad original era incluso más exagerada. Sobre todo si tenemos en cuenta que el gobernador del Banco de España percibe 165.000 euros.
El regidor no ha estado muy afortunado esta semana al respecto de los recortes. Desde luego es el jefe ideal: no te deja trabajar porque todo lo quiere hacer él y además defiende tu sueldo a capa y espada frente a cualquier tentación de bajada. Algunos de los argumentos que ha dado, al margen de la tremenda metedura de pata de apelar al ?sentido de humanidad?, son además perversos. Que si sus gerentes se le van al sector privado, que si hay que tenerlos motivados para tener buenos resultados, para que la EMT no pierda viajeros. ¿Y no hay que tener motivado al resto del personal? La administración pública ni puede ni debe competir en sueldos con el sector privado. Y si lo hace, como parece empeñado en defender De la Torre, debería aplicar los mismos criterios de selección que se utilizan en el mundo de la empresa: currículum profesional, méritos y headhunters. Ni dedazos ni afinidades personales, políticas o familiares.
Políticos bipolares
Confundir partido con institución es una de las muchas enfermedades que sufre nuestra aún joven democracia. Es una fea y desagradable patología que no entiende de siglas. El último ejemplo de este concepto enfermo de lo que debe ser la política lo ofrecieron el viernes el PP y el Ayuntamiento de Málaga, que aunque algunos piensen que son lo mismo, no lo son. El Consistorio inauguró las instalaciones deportivas de El Duende con María Dolores de Cospedal de invitada estrella, besando niños. Los gabinetes de prensa del Ayuntamiento y del PP también se suplantaron. Que el PSOE cometa muchas veces el mismo error no es una excusa.
HACE ya más de un año que el premio Nobel de Economía Paul Krugman, que desde su atalaya de The New York Times no deja de darnos zurriagazos, advertía en Sevilla que la salida de España de la crisis sería “dolorosa” y que forzosamente iría aparejada de una deflación del 15% con respecto a Alemania. El profesor de Princeton venía a señalar que se podía hacer rápida o lentamente, sólo dependía de cuánto tiempo queríamos sufrir. Pero era inevitable. Nos volvimos locos con el euro y equiparamos pesetas a marcos.
Zapatero, que según nuestro compañero Jesús Espino, cada vez da más el perfil de guionista de Perdidos, un experto en cliffhangers, ha tardado en verlo. Y ahora que lo ha visto, empieza a dar susto. Porque de cada dos pasos que da, uno es un tropiezo. Era inevitable meterle mano a la nómina de los funcionarios. Pero el Gobierno pudo hacerlo antes, congelar salarios y no bajarlos a traición. También debió aplicar antes esa reducción de sueldos de políticos y altos cargos que en algunos casos llegará al 15% que pedía Krugman. Los ejemplos deben ir delante, no detrás. Tampoco es mala idea restringir la capacidad de endeudamiento de los ayuntamientos, cuya financiación es la gran asignatura pendiente de la democracia. Aunque la forma en que se ha anunciado sea calamitosa. Como decirle a un obeso adicto a las hamburguesas que a partir de mañana no podrá comer ninguna. Y al día siguiente comunicarle que no, que la prohibición llegará dentro de un año. ¿Qué puede pasar? Que el hombre se atiborrará de hamburguesas hasta que le estallen las arterias.
Pero no nos cebemos sólo con el presidente del Gobierno. En Málaga tenemos a Francisco de la Torre. El alcalde apeló ayer al “sentido de humanidad” para justificar su reticencia a aplicar la bajada del 15% a los altos cargos del Ayuntamiento que cobran más de 100.000 euros al año. Muchos siguen percibiendo sueldos escandalosos, fuera de mercado, a pesar de que se los redujo a principios de año, más obligado por Arenas que por la crisis. ¿A qué humanidad se refiere el regidor? ¿Nos deben dar más pena si se han metido en un yate? De la Torre puede ser un veterano servidor público, pero sigue sin tener nada claros algunos conceptos.
La negativa a fusionarse con Unicaja con la que el consejo de administración de Cajasur dio al traste el viernes por la noche con casi un año de difícil negociación no es un sepukku cualquiera. Es el último capítulo de la larga historia de irresponsabilidades que ha presidido la gestión de la entidad cordobesa, cuyos dirigentes, con la Iglesia como gran pero no única culpable, la han preferido muerta antes que absorbida. No hace falta ser un lince de las finanzas para vislumbrar la tremenda inoportunidad de esta inmolación. Cuando las cuentas españolas son víctimas del ataque de los especuladores, cuando las bolsas viven al borde de un ataque de nervios, otra caja de ahorros, otra por cierto del territorio socialista, se viene abajo por su mala cabeza inversora y el empacho del ladrillo pirata. No hace falta ser Krugman para adivinar que una entidad de ese tamaño que pierde 596 millones de euros en un año e iba camino de perder otros mil millones en los dos siguientes ya habría quebrado si no intervinieran aspectos políticos. No hace ni cuatro años que Cajasur presentaba unas cuentas en teoría envidiables, con un 27% más de beneficios en 2006. Pero su destino ha sido bastante parecido al de la mayoría de las grandes promotoras cordobesas: tras el boom vino el bum.
Unicaja, presionada sin duda por la Junta, ya ha salido dos veces de casa al galope cual caballero blanco y en ambas ocasiones ha vuelto con el traje manchado de barro. Pero mejor eso que una dolorosa indigestión. Sus directivos no daban crédito ?es una metáfora- al analizar los números del ?regalito? cordobés: sueldos inflados muy superiores a los de la caja malagueña, líder del mercado andaluz, una plantilla desproporcionada, oficinas sin sentido y una cúpula enorme. Todo eso había que reducirlo sí o sí, y estaba claro que no podían ser los trabajadores de la entidad malagueña los que pagaran el pato. Ni siquiera las plumas.
Cuentan en Unicaja que la irresponsabilidad de los gestores de Cajasur quedó patente a finales del año pasado, cuando todo el mundo tenía claro que la cuenta de resultados estaba peor que los bolsillos de Carpanta. Camino de los 600 millones de euros de pérdidas, Cajasur abonó sin reparo la paga de beneficios a su plantilla. En esa paga de ruina se repartieron más de seis millones de euros. Nadie, tampoco por supuesto los sindicatos, protestó. Aunque en Unicaja, repito, no daban crédito.
La prudencia, sabia consejera, ha marcado hasta ahora el rumbo de Braulio Medel, que lleva dos décadas predicando en el desierto. Su discurso no ha variado: hay que construir un sistema financiero más sólido en Andalucía, capaz de competir de tú a tú con las dos grandes del sector, y eso pasa por la integración de las cajas andaluzas, sin localismos que valgan. Mientras catalanes, vascos y gallegos siguen a lo suyo, con roces pero con acuerdos, la preocupación en Andalucía ha sido o bien dónde estaría la sede, lo que ha resucitado el enfrentamiento Málaga-Sevilla y abierto otros absurdos como los Málaga-Granada o Málaga-Córdoba, o bien cuántos consejeros y directivos podría colocar cada partido político, a excelentes sueldos, en esa nueva entidad. Y ahí no han faltado las cuitas internas entre las distintas agrupaciones provinciales de cada formación.
Muchos se frotaron las manos el viernes con lo que consideran un fracaso de Unicaja, cuando en realidad esto es un fracaso de la Junta de Andalucía, el primero de la era Griñán, y de la sociedad cordobesa, de sindicatos como Aspromonte, de anacronismos como el de la Iglesia banquera. Han preferido la laminación que supondrá la intervención del organismo que dirige MAFO a un plan de reestructuración que incluía prejubilaciones doradas que, por cierto, pagaría en parte el contribuyente.
Zapatero y Rajoy hablaron hace unas semanas de la necesidad de reformar la ley de cajas. La prioridad pasa por evitar que la gestión de las entidades financieras, vitales para la economía española, esté en manos de políticos como los de CCM o de curas como los de Cajasur.
?Si lo construyes, él vendrá?. El susurro le llegaba al granjero a lomos del viento que movía el maizal y, como se trata de una película, el personaje interpretado por Kevin Costner le hizo caso: se ventiló media cosecha para construir un campo de béisbol en medio de la nada. Quizás inspirado en esa bonita fábula que es ?Campo de sueños?, alguien ha debido de pensar en el Ayuntamiento que basta construir un carril bici, aunque sea en ninguna parte, para que vengan hacia él los ciclistas. Falso.
El domingo, Juan Antonio Navarro contaba su recorrido a dos ruedas por la red de carriles bici que ultima el Consistorio de Málaga. Hemos aguantado mucho hasta criticarlos, pero ya no podemos más. Se suponía que esta infraestructura, prometida durante años por De la Torre, venía a transformar la movilidad en Málaga, a combatir el vehículo privado, como ha hecho en ciudades como Barcelona y Sevilla, que han cambiado a mejor. Pero en Málaga, como casi siempre, hacemos las cosas al revés. Y así se ha creado una red de carriles bici que mayoritariamente circulan por mitad de la acera, robándole espacio al peatón, o que pasan por terrenos por los que ningún ciclista querría pedalear. Es el caso del recorrido en el paseo Antonio Machado. En lugar de modificar el tráfico y eliminar uno de los siete carriles disponibles para los coches, de forma que además se dignificara y ampliara el paseo marítimo, las bicis tendrán que circular por la acera norte, lejos del mar.
Tampoco tiene ningún sentido que tras tres décadas de estudios no se haya previsto un carril bici en el plan del Puerto. Con lo quisquillosos que son los técnicos municipales, capaces de tumbar con nocturnidad un proyecto como el del Astoria en un alarde de vandalismo administrativo, por no llamarlo de otra forma. O que los últimos en realizarse, los que debieran haber sido los primeros, sean los tramos del litoral este, justamente por donde más bicicletas pasan. Todo depende de que Costas ceda espacio de la playa para las dos ruedas. Porque el Ayuntamiento tampoco está dispuesto en este caso a combatir el dominio del coche. Ni a eliminar sus inservibles medianas ajardinadas. No se puede hacer una apuesta seria por ningún proyecto cuando en la Casona del Parque casi todo se firma con medias tintas. A fuerza de no molestar a nadie, todo el mundo va a acabar hasta las narices. Alguien debiera decírselo al regidor.
NO hay que tirar mucho de memoria para recordar un panorama similar al que se nos avecina. Aunque parezca una eternidad, sólo han pasado catorce años. La primera legislatura del PP en el Gobierno central fue de absolutos recortes. Aunque será recordado por sus derivas belicistas, por las mentiras del 11-M y por sus frecuentes groserías impropias de un ex presidente, nadie podrá negar que José María Aznar no apretó bien fuerte el cinturón de su primer Gobierno. Para que España cumpliera los objetivos de déficit marcados por la Unión Europea (¿les suena?) para entrar en el euro, las inversiones prácticamente desaparecieron. Al menos en Málaga. No había presupuesto general del Estado que no resultara frustrante para los analistas y un chollo para el entonces jovencísimo diputado socialista Miguel Ángel Heredia, que machacaba año sí y año también a sus homólogos populares Manuel Atencia y Damián Caneda. Ni el saneamiento, ni la conexión de la ronda este con Rincón de la Victoria, ni la autopista oriental, ni las obras hidráulicas, ni nada para el aeropuerto. Ser periodista de infraestructuras también era fácil: todo el día señalando promesas incumplidas. Tuvo que llegar la segunda legislatura para que la planificación de obras y las inversiones empezaran a llegar.
Así que las señales lanzadas durante esta semana de manera más discreta o más impresentable, según lo hiciera el subdelegado del Gobierno, Hilario López Luna, o la consejera de Salud, María Jesús Montero, no dejan lugar a engaño. Ya nos podemos ir olvidando de los proyectos que no hayan empezado. El anuncio de la segunda presa de la Concepción, después de once años haciendo proyectos para recrecer el pantano marbellí y guardándolos en el cajón de los olvidos, parece de cachondeo. Esa obra no la veremos inaugurada en menos de una década. El tren litoral, ese proyecto vital para articular el territorio más dinámico -y también más problemático urbanísticamente- de Andalucía, esa promesa que se repite elección tras elección, suena ahora a quimera. Ni siquiera para formar un Consorcio para desarrollarlo son capaces de sentarse la Junta y el Ministerio de Fomento, y eso que llevan un año anunciándolo. Todo a pesar de que esta infraestructura, que costará más de 5.000 millones de euros, es idónea para entrar en el plan de financiación mixta público-privada presentado por José Blanco. Del megahospital, ese as en la manga de la Consejería del Tahúr, perdón, de Salud, mejor ni hablar. Mientras se prepara el mayor cierre de camas y quirófanos que recuerdan los sindicatos en el Carlos Haya, suena a ciencia ficción. Y de la depuradora de Nerja, el municipio va camino de cambiar su verano azul por el verano marrón. Es una vergüenza que Gobierno, Junta y Ayuntamiento permitan que se incumpla la normativa de vertidos. Aunque cuando esté construida, apuesten por que seguirá habiendo natas fecales en las playas por la deficiente gestión de muchas instalaciones.
Uno pensaba que el modelo a seguir era el viejo New Deal de Roosevelt: mucha inversión pública para combatir la crisis y el desempleo. Pero resulta que se nos ha acabado el dinero a base de obras de acerado, ajardinamiento de medianas y demás chorradas improductivas del primer Plan E. También nos lo hemos pulido todo creando una administración ineficaz plagada de cargos de confianza, de vigilantes del funcionario. Como en aquel chiste en el que el equipo español de remo no funciona y sus responsables no se explican por qué, ya que para controlar al único remero han puesto a nueve timoneles.
Puestos a recortar, estaría bien que las instituciones, incluidos los quejosos ayuntamientos, empezaran a podar sus gastos corrientes y de personal de libre designación. Es decir, hacer lo contrario que la Diputación, que acaba de fichar como asesor, a 60.000 euracos al año, el ex delegado de Agricultura.
LA flor en el trasero del presidente del Gobierno, esa suerte casi genética, se ha convertido en un cardo borriquero. Hasta su relación interplanetaria con Obama ha acabado pasándole factura a Rodríguez Zapatero. Más inoportuna no pudo ser la llamada del martes, horas antes de anunciar en el Congreso el necesario plan de ajuste. Hace casi dos años que España tiene que apretarse el cinturón, pero el optimismo patológico y el talante electoralista del líder del PSOE le han impedido verse la barriga hasta ahora, y en lugar de deslizar la hebilla poco a poco, de uno en uno, habrá que bajar cuatro o cinco agujeros de sopetón. Y eso dolerá, porque golpeará directamente el consumo.
Hay motivos, muchos, para correr a gorrazos al presidente, pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Por favor, que no lo hagan todos esos alcaldes de Málaga, del resto de España y de todos los partidos, que han engordado las plantillas municipales e hipotecado sus ayuntamientos como si no hubiera más futuro que las siguientes elecciones. Tampoco los presidentes de mancomunidades, diputaciones y gobiernos autonómicos.
Hay graves desequilibrios. Un médico, un profesor o un enfermero cobran menos que un policía local, que un técnico de Urbanismo o incluso que algunos conserjes. Miremos donde miremos encontramos empleados públicos con salarios por encima del sector privado y con una estabilidad y horarios envidiables. A fuerza de creernos más ricos que los alemanes hemos creado un país insostenible en el que el sueño de todo joven era ser funcionario.
Callados también deberían estar esos líderes sindicales que ayer anunciaban movilizaciones, aunque el Gobierno no les haya suprimido los cientos de millones de euros que gestionan en formación, en eso sí muy bien avenidos con la patronal. También hay que exigir responsabilidad a las organizaciones sociales.
No hay derecho a sufrir una importante reducción salarial por sorpresa y a golpe de improvisación. Sí, hay motivos para la indignación porque se pueden y deben recortar muchas otras cosas, empezando por los cargos políticos. Pero si respiran profundamente y luego miran a su alrededor, los funcionarios descubrirán que, en el fondo, son afortunados.
ABDOULAYE Kone murió como un perro, atropellado en la autopista de peaje al caerse del camión en cuyos bajos viajaba escondido. Fue el lunes en Manilva. Quizás en sus últimos minutos de vida le dio tiempo a vislumbrar desde la carretera el falso paraíso con el que soñaba, la Costa del Sol del oropel y el ladrillo, alguna de las barbaridades urbanísticas perpetradas en la zona.
Kone tuvo la mala suerte de ser negro, negro betún, ni siquiera chocolate con leche, uno de esos como hay cientos, miles, que cada año intentan entrar en la península desde Ceuta y Melilla. De bebés nos encantan, pero de mayores nos parecen todos iguales. El pobre no era una chica con hiyab o burka, ni un homosexual perseguido por islamistas, ni un albino de esos a los que matan para hacer brujería con el caldo de sus huesos. El muchacho no era nada exótico, porque la negritud hace tiempo que dejó de serlo. Tampoco era muy alto para jugar al baloncesto, y desde luego no había llamado la atención de esos cazatalentos que los ricos clubes europeos de fútbol mandan a peinar África en busca de promesas. De las minas del rey Salomón hemos pasado a explotar el filón de los deportistas de ébano. Es más ecológico.
Kone era un negro más. Común. Así que su muerte nos ha impactado como lo hacen las de esos animalitos aplastados por las ruedas en el asfalto: ha sido muy desagradable y muy triste, pero la olvidaremos enseguida. Si este joven de 20 años hubiera sido español y muerto en el Sáhara, ahí tendríamos otra historia. Si en lugar de huir de Costa de Marfil, donde mataron a su madre y las mafias lo secuestraron para entrenarlo como niño soldado, se hubiera escapado de la dictadura castrista, eso sería otra cosa, Abdoulaye, hijo, que no te enteras.
No era la primera vez que intentaba el asalto a Europa, pero sí fue la última. Desde octubre esperaba que el Gobierno le aprobara la solicitud de asilo político que se le había admitido a trámite. Incluso después había presentado una denuncia en los juzgados porque la Policía no le permitía cruzar el Estrecho con la denominada ?tarjeta amarilla?, el documento que identifica al solicitante de asilo. Quizás, como habían pasado más de seis meses, pensó que el silencio administrativo le daba la razón. Pobre negro. No entendía nada.
Al tener noticia de su muerte, medio centenar de amigos y conocidos que dormían con él en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta, lo que se dice un montón de negros, se concentraron en las puertas de la Comisaría, con lazos rojos a modo de protesta. Alguno lleva más de dos años en la misma situación de Kone. Tanto negro junto sí que es noticia, de ésas que dan miedo a la audiencia que cada noche engulle telebasura en el sofá de su casa. Así que el Defensor del Pueblo se ha puesto las pilas y ha decidido abrir una investigación , tras las múltiples denuncias de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Y el Ministerio de Interior se ha dignado por fin a informar de que seguía pendiente de trámite la resolución para el asilo político. Algún burócrata debe de estar estudiándola. O quizás se ha perdido en el mismo limbo administrativo en el que caen este tipo de instancias. A quién le importa. Sólo era otro negro.
La web de Cushman&Wakefield, consultora inmobiliaria que comercializa el muelle uno del plan del puerto, nos recuerda que es un gran multinacional del sector, con un siglo de historia y más de 15.000 empleados en 59 países. También nos pone en nuestro sitio. En su portada destaca su “producto estrella”. No, no es el puerto de Málaga. Es el centro comercial Diagonal Mar de Barcelona. Así que hay que pinchar en el listado de otras propiedades ofertadas. Allí nos encontramos con el centro comercial y de ocio Puerto Venecia de Zaragoza, el complejo más grande a desarrollar en Europa. También el Parque Miramar de Fuengirola, el As Cancelas de Santiago de Compostela, el Espacio Buenavista de Oviedo, el Sant Boi y el Llobregat Centre barceloneses y, en el penúltimo puesto de la lista, el Muelle Uno Sea Shopping de Málaga, barato nombre en que se resumen tres décadas de debate para transformar la mejor zona de la ciudad. Las empresas no entienden de lugares emblemáticos, de aspiraciones ciudadanas, de sueños. Simplemente se limitan a venderlos, como hace Disney, dirigida por un montón de tipos que se parecen más a la bruja que a Blancanieves.
Al final del día lo que importa es la cuenta de resultados, y así el muelle de la Farola se ha visto reducido a un frío número, los metros cuadrados de uso comercial. Uno pensaba que íbamos a hablar de cruceros, no de locomotoras. Para el portavoz de la empresa concesionaria, el supermercado Carrefour es la locomotora sine qua non que hace rentable la operación. Lo podía haber dicho antes y nos habríamos ahorrado el enésimo descarrilamiento del plan del puerto. Da igual que en su web Marinas de la Farola prometa “comercios de prestigio”, de que se haya insinuado la llegada de la Fnac, porque nos han dado gato por liebre con este cambio de una multinacional francesa por otra. Si hace una década no se consideraba digno un multicine para esos muelles, ¿cómo puede serlo una hilera de carritos llenos de cebollas, patatas y pimientos?
En este asunto, diría que María Gámez se ha marcado su primer tanto, al mostrarse en contra de un supermercado que “rebaja el listón”. De la Torre, mientras, sigue buscando su criterio y la Autoridad Portuaria, su autoridad.
El guión de la última semana socialista en Málaga es tan rocambolesco que parece una novela de Tom Sharpe. Sólo ha faltado una muñeca hinchable, de despacho en despacho y reunión en reunión, en la sede provincial de Fernán Núñez para añadir más surrealismo a unos acontecimientos que han tirado por la borda todo el cuidado con el que la dirección del PSOE había llevado hasta ahora el asunto del candidato. Y por el camino también ha estallado la paz armada que durante meses ha caracterizado las relaciones entre Miguel Ángel Heredia y el presidente de la Diputación, Salvador Pendón.
La crisis interna comenzó con los movimientos de varios secretarios de agrupaciones locales, hay quien dice que auspiciados por Pendón, para intentar convencer a la ex ministra de Fomento Magdalena Álvarez de que aceptara una candidatura que ha rechazado en múltiples ocasiones. En los últimos tiempos, quizás advirtiendo que su influencia pierde enteros cada día que pasa en Estrasburgo, Álvarez no ha sido tan contundente en su negativa. Se ha dejado querer en dos almuerzos, incluso quejado del ostracismo que sufre de la actual dirección, aunque su camino va más por la senda financiera que por la política. La mayoría de militantes y analistas coinciden al señalar que la altiva eurodiputada es quizás la única persona con tirón electoral capaz de arrebatar la Alcaldía a Francisco de la Torre, aunque no faltan quienes temen que se reproduzcan los comportamientos de sus etapas como ministra de Fomento y consejera de Economía. Álvarez no admite controles ni injerencias. Tampoco críticas o incluso preguntas. Así que, si no fastidiaba la campaña con alguna salida de tono temperamental, sería una alcaldesa de armas tomar.
Pendón, factótum del socialismo malagueño en la última década, la persona que trabajó los apoyos para colocar a Marisa Bustinduy primero y a Miguel Ángel Heredia después como secretarios provinciales, lleva tiempo intentando entrar en la candidatura de Málaga. Ya dijo que no pensaba optar de nuevo a la Alcaldía de Ardales, cuya pérdida tras el extraño pacto entre IU y Falange Auténtica fue demasiado dolorosa para él, y tampoco oculta que quiere ser por tercera vez presidente de la Diputación provincial. Este organismo es el verdadero centro de poder del PSOE malagueño, allí se han colocado muchos alcaldes derrotados por las urnas, desde allí se reparten las subvenciones a los municipios, y en las cafeterías cercanas a su enorme y nueva sede de la calle Pacífico, cuando no en sus despachos, se ha orquestado la conquista de agrupaciones, asambleas y congresos provinciales. Pendón tendría más opciones de entrar en una lista con Magdalena Álvarez que con José María Martín Delgado, con el que se lleva notoriamente mal. Pero Miguel Ángel Heredia no está dispuesto a seguir compartiendo el poder interno del partido.
Gracias al que hasta hace pocos meses era líder del movimiento rival, el consejero Luciano Alonso, Heredia supo ver a tiempo que la carta ganadora en el socialismo andaluz, con el beneplácito de Zapatero, se llamaba Pepe Griñán. Se apresuró a respaldar al presidente de la Junta en su exigencia de acabar con la bicefalia y precipitar la salida de Chaves del PSOE-A, y ahora cuenta con su todo su favor.
De hecho, en la reciente inauguración de la nueva terminal del aeropuerto de Málaga, culminado el congreso regional, Griñán no dudó en decir en voz alta y ante el interesado a un grupo de periodistas: ?No os equivoquéis, mi único hombre en Málaga es Miguel Ángel?. Disipaba así cualquier duda.
Así que cuando El Mundo hizo públicas a mediados de semana las maniobras internas para que Magdalena Álvarez fuera la candidata, hubo nervios en las direcciones provincial y regional. Porque Álvarez es un elemento incontrolable, y Griñán la conoce bien. No en vano heredó su Consejería de Economía, llena de colaboradores atemorizados al borde de un ataque de nervios y con el sector de las cajas en pie de guerra. Nunca tuvo en mente esa opción y lo dijo bien claro: quería candidatos que quisiesen ser alcaldes.
Con Magdalena, además, Pendón podría lograr su propósito. Así que el jueves por la tarde, en una reunión en Sevilla, Griñán y Heredia acuerdan el nombre de la candidata. El encuentro se celebra horas después de que el presidente de la Diputación, quizás conociendo la existencia de la cita, estallara en la cadena Ser. Pendón anuncia que sopesa dejar la política en 2011, volver a su puesto de maestro para disfrutar de sus nietos, porque no comparte ?esta manera de hacer política?. Por primera vez, los torpedos se ven desde la superficie. Para que esta carga frontal de Pendón no acapare toda la atención mediática, se decide que el secretario de Comunicación regional y también mano derecha de Heredia, Francisco Conejo, contraataque. Pero lanza ?fuego amigo?.
Conejo llama a los medios de comunicación de Málaga en la tarde noche del jueves para anunciarles que Griñán y Heredia se han reunido y han pactado el candidato. A continuación cuenta a sus estupefactos interlocutores que no puede comunicarles el nombre hasta dentro de una semana. En un partido que ha contratado en varias de las instituciones en las que gobierna a periodistas para que le asesoren, este error garrafal de comunicación y sentido común resulta imperdonable. Más temprano que tarde, Conejo se suma a la lista de pifias cometidas por los ?cachorros? de Griñán, inaugurada por Velasco en Córdoba, continuada por Susana Díaz y su ?mediación? en la huelga del transporte público de Sevilla y seguida por el indigno pelotilleo de Mario Jiménez en el Parlamento.
Todos errores de principiante en una ejecutiva en la que el más novato en estas lides internas parece ser precisamente el más veterano, el propio Griñán. El presidente de la Junta ha iniciado la segunda fase de una batalla soterrada contra los vicarios de Chaves, especialmente Pizarro. Tras Cádiz, Málaga es la siguiente pieza en el tablero.
No hay nada peor que ponerle a un periodista la miel en los labios y después quitársela para dársela a otro, y Conejo debía saber que la filtración era inevitable. Así que cuando al día siguiente La Opinión apunta al nombre de María Gámez, la considerada ?plan B?, como la que más papeletas tiene, el malestar se extiende. Las agrupaciones locales se consideran ninguneadas en el proceso de elección y lamentan que la apuesta se haga para 2015, si es que Gámez no resulta achicharrada por una abultada derrota que se ve inevitable.
Gámez puede oponer su juventud frente a Francisco de la Torre, pero apenas tiene rodaje suficiente para constituir un verdadero desafío. Nunca se ha presentado a unas elecciones, y sus méritos son cuatro años como delegada de Innovación y dos como la supuesta ?cara amable? al frente de la Delegación del Gobierno andaluz, pese a que durante su etapa se han dado los peores enfrentamientos entre la Junta y el Ayuntamiento. En una provincia en la que el 41% de los habitantes rechaza la gestión del Gobierno autonómico, según los datos de la encuesta IESA, el PSOE ha elegido precisamente a la representante de esa institución, a una persona que vive y milita en Fuengirola y que hasta hace bien poco se consideraba como opción para disputar la Alcaldía a Esperanza Oña. Digamos que Heredia no ha apostado precisamente fuerte por la victoria.
El alcalde debe de estar frotándose las manos, y más aún si la dirección socialista baraja mantenerla en la Junta en lugar de sustituirla por Susana Radío o Manuel García. Sería otra terrible idea. Dan igual el escándalo del centro ruso y su tolerancia ante ese disparate urbanístico en Pinares de San Antón, los retrasos de casi todos los grandes proyectos de la ciudad, la falta de nuevas ideas y de valentía al afrontar el diseño de Málaga. De la Torre se mantiene incólume tras diez años ante esta forma de hacer oposición del PSOE desde las instituciones. Más alimento al discurso del agravio.
El viernes es día de intensas reuniones. Primero la del grupo provincial del PSOE, donde un diputado reprochó a Pendón su ?deslealtad? y la exigió que dimitiera de su cargo, mientras éste contaba su intención de seguir hasta 2011 pero también recordaba lo obvio: si el partido se lo pide, él se irá. Pendón no es nuevo, más bien un maestro, en el arte de la guerra interna, aunque en esta ocasión ha tardado demasiado tiempo en darse cuenta de que soplan vientos de derrota. Sus enemigos, que unos cuantos ha cosechado en sus 22 años en cargos públicos, comentan estos días con sorna que Pendón no ha dejado la política, ?es la política la que lo ha dejado a él?.
Al mismo tiempo, a la sede provincial del partido llegaba José María Martín Delgado. El catedrático de Derecho Financiero, ex rector y ex consejero de Cultura, veía alejarse su última oportunidad de cumplir su sueño de ser alcalde. Al abogado le exigían lo que no se le ha exigido a ninguno de los candidatos anteriores, y le hacían una oferta que sabían que iba a rechazar. Griñán quería candidatos a ocho años vista, dispuestos a permanecer en la oposición para optar a las elecciones de 2015. Para entonces él tendría 66 años, y Martín Delgado no estaba dispuesto a pasar el último tramo de su vida profesional sentado en el banco de la oposición. Si no ganaba, se volvería a su despacho.
El partido ha sido terriblemente injusto con el alcaldable. Durante un año Heredia lo ha paseado como el futuro candidato, le ha dado cargos simbólicos para promocionarlo, quizás también para aprovecharse de su prestigio, y hasta Griñán se lo presentó a Zapatero como su campeón contra De la Torre. No es la primera vez, ni la segunda, que lo dejan en la estacada. Y eso que ha sido el único que ha tenido el coraje de decir en voz alta, mientras los demás se escondían, que estaba dispuesto a competir contra De la Torre, que veía posible la victoria. Incluso Heredia y Conejo hablaron hace meses de las ?señales? que irían transmitiendo para que quedara claro que sería el elegido pese a que la normativa del partido impedía hacerlo público hasta mayo. Nadie podía imaginar que esas señales acabarían siendo una cortina de humo.
TENGO a Miguel Rodríguez y a Francisco Porras, los presidentes de Myramar y Edipsa, los dos primos que salieron al rescate de Udisa y de la ciudad en el enésimo hundimiento del plan del Puerto, por dos empresarios serios. Dos malagueños comprometidos, que hacen sus negocios principalmente en la provincia, que dirigen dos promotoras con una larga e intachable trayectoria que no se ha visto salpicada por los escándalos protagonizados por muchos compañeros, dos firmas que construyen bien, con la calidad por bandera y que no se dedican a especular y salir corriendo.
Tengo a Braulio Medel, presidente de Unicaja, por un hombre prudente, un sabio de las finanzas y la política que no ha caído en las fáciles tentaciones del ego y la idolatría que le rodea. Un astuto catedrático que ha sabido llevar a la práctica sus lecciones, hasta situar a la caja andaluza en la Liga de Campeones de las entidades financieras españolas.
Por todo ello me deja perplejo la deriva adquirida por el plan especial del Puerto y su zona noble, una concesión que gestionan mayoritariamente ambas firmas y Unicaja. El mejor suelo libre de la ciudad, cuyo destino llevamos dos décadas debatiendo, montando y desmontando. Era una buena idea, discutible pero razonable, situar la sede de la obra social de la caja, un potente edificio cultural, en la denominada esquina de oro. Pero lo de colocar un supermercado al lado, como lleva dos meses advirtiendo este periódico, es una aberración impropia del prestigio de las tres sociedades e inaudita incluso para un lugar que se quiere tan poco a sí mismo como Málaga.
Sólo aquí es posible que todo el mundo -incluyendo el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde, y el alcalde, Francisco de la Torre- esté en contra de algo y sin embargo ocurra. Sólo aquí es posible que para una vez que se ponen de acuerdo los dos partidos y sus líderes locales, Miguel Ángel Heredia y Elías Bendodo, sea para criticar algo que puede suceder gracias a la desidia y falta de liderazgo de las instituciones en las que gobiernan.
Hay quien ha recopilado los cientos de artículos que ha merecido el plan del Puerto. Deberían enterrarse en una caja bajo la Farola. Los malagueños del futuro alucinarían.
La vida no siempre es tan simple como para reducirla a un powerpoint. Para quienes abominamos de esa herramienta simplista, que nos vuelve tontitos, como dice el General de los Marines en el reportaje, magnífico artículo en el New York Times.
En una reciente intervención, al secretario provincial socialista le traicionó su buena memoria. Miguel Ángel Heredia, el temido diputator en los tiempos en que gobernaba el PP, es muy aficionado a las obras y los datos. En su discurso como líder malagueño del PSOE gusta de sumar la histórica inversión del Gobierno de Zapatero en Málaga con la no tan generosa de la Junta de Andalucía. Eso siempre disimula bastante. Así que cuando habló de actuaciones y acabó con el AVE, el aeropuerto y la segunda ronda, pasó a los grandes hechos de la Junta en Málaga en la última década. Pudo citar dos y después se vio obligado a echar mano de los libros de Historia: “El Museo Picasso, la Ciudad de la Justicia… el Teatro Romano y la Alcazaba”. Más de uno contuvo la risa. Porque el político no se equivocaba demasiado al recurrir a romanos y taifas para citar más obras.
A día de hoy el debe del Gobierno andaluz en Málaga sigue siendo mucho mayor que su haber. La gran y repetida promesa electoral de Manuel Chaves en esta provincia, el tren de la Costa del Sol, sigue siendo una ilusión, a pesar de acumular diez años y de que su primer tramo lleve dos adjudicado. Y su heredero, José Antonio Griñán, va por el mismo camino si sigue a este ritmo con su otro gran proyecto en Málaga, el megahospital. Cuando hace un año llegó al cargo, Griñán vino acompañado de una ola de optimismo. Si veinte años son demasiados incluso para Churchill, Roosevelt, Clinton, Felipe González o Gorbachov, qué no serían para Chaves. Había hambre atrasada de cambio.
El nuevo presidente tenía una sensibilidad especial. Un político brillante, cultísimo, cercano, sin nada que demostrar a nadie más que a él mismo. Enseguida se dio cuenta de las debilidades de la Junta, del grave desequilibrio territorial fomentado por casi un cuarto de siglo de chavismo y borbollismo. La principal víctima de ese centralismo asfixiante era Málaga. Aunque también el resto de provincias. Así que Griñán habló de una nueva estructura, de descentralización, prometió nuevas actuaciones en Málaga. Incluso tener aquí un despacho. Eso provocó de inmediato los celos hispalenses. Habíamos fichado a Kaká. Pero como le ha ocurrido al ex balón de oro en su primer año en España, de momento ha habido mucho ruido y poquísimas nueces. Griñán no se prodiga por Málaga más que el Chaves de los primeros años. Se ha enfrascado en una revolución interna del partido que en las primeras semanas le está saliendo rana. Se equivoca si piensa que los jóvenes cachorros de la política, sean del partido que sean, tienen claras las reglas del juego. En la escuela sólo les enseñan las trampas. Y en lugar de cien días de cortesía como presidente de la Junta, ha tenido casi cuatrocientos. Va siendo hora de estar a la altura de las expectativas.
LECCIONES
Hace un par de meses, la directora del Instituto de la Mujer, Laura Seara, protagonizó un escándalo en Galicia, al denunciar el PP que en sus tiempos de diputada regional socialista cobró 31.000 euros en kilometraje, a pesar de no tener carné de conducir y desplazarse habitualmente en coche oficial. El viernesdio nuevas lecciones de ética en Málaga. Dijo estar preocupada por las críticas a la Ley Integral contra la Violencia de Género, ya que “lo único que consiguen es animar a los agresores a tener más impunidad y a provocar un efecto perverso en la sociedad. Calificaría a este tipo de gente de irresponsables”. Todo cargo público debería someterse a un sencillo examen. Sólo para comprobar que entiende lo que significa la democracia. Y que la crítica es intrínseca a ella. La Ley contra la Violencia de Género es mejor que nada. Pero también francamente mejorable. Y mucho más los medios de que la dota el Gobierno.
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