Blog: No cogé ventaja, ¡miarma!Hubo cuatro personas a las que recuerdo todos los días: mi padre, mi madre, mi hermana Loli y mi suegro. No tengo que hacer ningún esfuerzo para ello, ya que, en el devenir del diario, suceden infinidad de detalles y situaciones para que estén presentes siempre.
De todas formas hace unos días, visitando el blog del amigo:
www.capitanlanzaenristre.blogspot.com , leí un precioso soneto en el que homenajeaba a su padre. Lamento no tener ni el talento ni la sensibilidad para hacer una cosa tan bella. Lo que sí pienso es qué, en este mi rincón, merece mi padre tener un recuerdo especial, también lo habrá en su día para los otros indicados, pues son parte importante de mi vida.
Mi padre fue un hombre bueno en el buen sentido de la palabra bueno. Nunca le conocí enemigos ni escuché comentarios en contra suya, y eso que viví muy de cerca sus ambientes y círculos de amistad. Tuvo la desgracia de pasar por trances muy amargos en su vida y se vio sorprendido en varias ocasiones por personas que abusaron de su confianza y buen sentimiento. Fue muy querido por su familia y entorno y disfruto del reconocimiento de muchas personas que le quisieron y respetaron.
Nació en Carmona aunque sus padres eran del Viso del Alcor, tuvo una niñez feliz según contaba y, aún hoy, así lo puede certificar su hermana Isabel que felizmente vive y goza de lucidez de memoria. Estuvo en los Salesianos de Carmona hasta que lo expulsaron, le lanzó a un cura el tintero de plomo que había en su pupitre, ante unos comentarios poco afortunados de éste sobre su hermano mayor Manuel.
Desde entonces y hasta que lo movilizaron estuvo trabajando en la finca donde su padre ejercía de capataz haciendo labores de ayudante de aperador, me gusta más aperaor, y ocupándose también de ser el recadero de la hacienda en las gestiones que habían de hacerse en Carmona, el Viso o Mairena.
Se encontró cuando lo movilizaron que sus hermanos mayores Manuel y Juan Antonio, al estar haciendo el servicio militar en el año 1936, estaban en el bando contrario. Lo único que contaba de la guerra fue su herida de bala en Atarfe Granada, y sus heridas de metralla cosechadas posteriormente en otras refriegas. Era un tema en el que nunca entraba y si algo hablaba cuando estaba pasado de copas o muy alegre entre sus hermanos, o conocidos muy cercanos, eran todas anécdotas alegres, de momentos de camaradería y gozo. Cuando terminó la guerra, permaneció en el ejercito otros tres años haciendo su servicio militar, aparentemente no le habían exprimido bastante los que ?ganaron? la guerra. Él nunca la ganó, estoy seguro y por eso me metía con él diciéndole: ¿para eso has ganado una guerra?
Sufrió la posguerra en toda su crudeza y en esos años se hizo albañil, llegando a ser muy bueno en su oficio al decir de sus compañeros de trabajo, jefes y técnicos que posteriormente al yo trabajar también en la construcción, mi oficio es electricista, tuve la oportunidad de conocer. Ejerció como maestro de obras en la empresa de Luciano Rosch, y posteriormente con su hijo Ricardo Rosch, en algunas obras emblemáticas de Sevilla: Mercado de Entradores, Plaza Nueva, Edificio Rosch y otros de los Remedios, Ensanche de Imagen y edificio de Cortefiel en la Encarnación y así un largo etc.
Se caso con mi madre en el año 1946, lo hizo en la Parroquia de la O y su primera vivienda fue en la plaza del Altozano compartiendo piso con su compadre Manolo, el calentero del puente de triana. Allí nació su hija mayor Loli. Ya entonces mi hermana fue la causa de grandes sufrimientos para él pues enfermo ésta, gravemente y no había fácil solución por la falta de medicinas. Las medicinas había que conseguirla en el mercado de estraperlo y fueron muchos los esfuerzos que tuvieron que hacer para sacarla adelante. Siempre fue, Loli, la niña de sus ojos, posteriormente sufrió mucho cuando ella se casó y marchó a vivir a Madrid pero nada comparado con haber tenido que vivir su muerte.
Por su formación no era un hombre de grandes palabras, aunque los que crecimos a su lado aprendimos de sus formas cariñosas, amables, educadas, rectas y fiables. Creo que sin saber porqué, fue socialmente muy preocupado y valiente ante muchas decisiones que le pudieron complicar y mucho la vida en aquellos años. No daba consejos, aunque sí sabía explicar muy bien sus experiencias, nunca supe si ciertas o imaginadas, pero siempre, muy aprovechables y certeras.
Se comió todo lo que le correspondía comerse. Se bebió quizás un poco más de lo que le tocaba pero muy pocas veces lo vi borracho, no más de dos o tres, siempre con mi padrino Faustino Gómez, al que tanto quería y tanto ayudo en su trajín con el estraperlo del café.
Fue un incondicional fanático del R. Betis Balompié, cuando ser bético exigía tener cojones: Utrera, San Fernando, Badajoz, Martos, Iliturgi, Valdepeñas, Algeciras, y tantos y tantos campos de tercera. Nunca fue cofrade salvo su devoción por la Virgen de las Angustias de los Gitanos a cuya cita nunca faltaba. No fue nunca hombre de Iglesia, aunque tuvo varios amigos sacerdotes en su juventud y mediana edad. Uno de estos curas, D. Manuel Gómez, sí vivió su acercamiento a la Iglesia de la mano de mi madre cuando nos fuimos a vivir a Pinoflores. Colaboró, estando ya jubilado, en la construcción del templo y del salón parroquial que tan buenos ratos le proporcionó junto a sus amigos los viejos, así los llamaba, porque él nunca lo fue ni se consideró mayor.
Fue muy querido de sus hijos, sus nietos y de su yerno y nuera. Fue siempre muy feliz con mi madre o al menos es la imagen que siempre dio. Tuvo una vejez dura por la muerte de su hija, nunca superada, y la de su mujer y hermanos, todas en muy poco tiempo, lo que hizo que cayera en una depresión por angustia de la que le costo mucho tiempo, trabajo y preocupaciones salir.
Al final Dios, tuvo piedad de él y le procuró un buen final. Murió viendo situados bien a sus familiares y lo hizo de una forma rápida e indolora al sufrir un infarto cerebral masivo que no duró más de un minuto.
Tuvo un velatorio antiguo, de los de cerveza, tapeo, cubateo, chistes y bromas recordando sus anécdotas como sé que le hubiese gustado si hubiere podido acudir. Está, estoy seguro, en el cielo pues para mi ese es el cielo; que la gente y tu familia te recuerde siempre y lo haga con cariño y respeto.
Adiós ?macho?, que te sigo queriendo y recordando todos los días y que si algo pretendo en mi vida es parecerme a ti, un beso papá.