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Una ‘victoria legal’ pero sin mayoría absoluta
Blog: La Noria

El alcalde ganó la votación in extremis gracias a la ?ley municipal? pero sin tener el respaldo de la mayoría real del Pleno.

Se nota que lo de la Encarnación ha estado, desde el principio al final, liderado por catedráticos. ¿Cómo si no se logra la sublime paradoja de privatizar durante cuarenta años un espacio urbano público y, al mismo tiempo, que la operación le cueste como mínimo al Ayuntamiento 63,4 millones de euros en subvenciones directas (sin contar otras cantidades pagadas en especie) y la gesta esté aún inacabada? Resulta digno de estudio. Fruto de, como decía el célebre borracho de la taberna a Max Estella en Luces de Bohemia, un ?cráneo privilegiado?.

Un catedrático ?habilitado? fue quien diseñó el plan financiero que al final ha terminado, nunca mejor dicho, haciendo aguas. Y otro catedrático fue a quien ayer le tocó defender tal dislate en el Pleno. Al primero, Manuel Jesús Marchena, ex gerente de Urbanismo, responsable de las empresas municipales, hombre de confianza de Monteseirín, no se le vio por Plaza Nueva durante la sesión. Ilustrativa ausencia.

El segundo, Manuel Rey, delegado no electo de Urbanismo, presentado en sociedad ante los constructores por el rector de la Hispalense hace apenas unos días, aportó al debate sobre el interés público de terminar la Encarnación un argumento que explica, mejor que pudiera hacerlo cualquier adjetivo, por lírico que éste fuera, el concepto exacto que tienen en el gobierno local de cuál es la responsabilidad que debe asumir un político en la delicada tarea de la administración del dinero público y, por tanto, ajeno. ?Para el cabreo, pastillas Macabeo?, le soltó Rey al PP cuando Zoido le reprochó el notable desahogo con el que se han gestionado las setas.

Dejando de lado ambos detalles, que siempre ayudan a entender las cosas, lo cierto es que la ceremonia plenaria del Parasol fue muy poco edificante. Se usaron todos los condimentos posibles para hacer tragar un menú incomible: demagogia, manipulación interesada, teatro mal interpretado, silencios y hasta su episodio de ternura. Una delegación de los placeros de la Encarnación acudió al Consistorio.

¿Para qué un Pleno?

Monteseirín sacó adelante el modificado presupuestario con su voto de calidad . Lo hace por segunda vez en apenas dos meses ?la ley establece que recurrir a esta potestad debería ser cosa excepcional?, con el informe del Consejo Consultivo de Andalucía expresamente en contra y, quizás, con la certeza de que con esto quema su último cartucho como gobernante. Apelando a conveniencia a los formalismos y con una singular revisión de la larga historia del solar de la Encarnación, con las lagunas pertinentes para no quedar mal, el regidor, amortizado políticamente desde hace tiempo, parece por fin haberse dado cuenta de que cuando uno no tiene nada que perder ?¿o quizás aún sí?? es justo cuando puede darse el gusto de hacer realmente lo que se quiere.

El problema es que el dinero con el que costeará semejante lujo de última hora es el de toda la ciudad, aunque esto es un factor que hace tiempo dejó de preocuparle. Lo extraño es que al PSOE ?que es quien presenta a Juan Espadas como nuevo cabeza de lista a la Alcaldía? no le ocurra igual. Los ediles vieristas, alguno de los cuales el miércoles evitaron acompañar a Monteseirín en el momento solemne en el que anunció que continuaba adelante con las setas, votaron ayer en silencio a favor de la propuesta de la Alcaldía. ¿Obediencia debida?

En realidad no se entiende bien el motivo de convocar un Pleno. Si era para debatir la cuestión, resultaba a todas luces innecesario. No había nada que hablar: se va a hacer lo que ha decidido la autoridad competente; militar, por supuesto. Además, el asunto ya se discutió cuando el modificado presupuestario pasó por el Pleno, aunque en este punto hay que recordar que la primera vez que se intentó colar tuvo que retirarse porque la presidenta del Pleno se fue de romería al Rocío y dejó sin mayoría al PSOE.

Pleno ayuntamiento

Desde el principio ha sido obvio que la decisión es competencia exclusiva del alcalde. Podría haberlo resuelto por decreto. Hubiera sido igual. La táctica de arroparse en el conjunto de la Corporación no le ha funcionado: el PP, lógicamente, no iba a salvarle e IU, que ya ha comenzado a marcar distancias, al igual que hizo en su momento optó por abstenerse para, sin apoyar expresamente el Parasol, no dar oxígeno a Zoido. Hubiera sido muy divertido que Torrijos votase en contra: quizás así le aplaudirían, aunque fuera sólo por un día, los que le acusan a diario de todos los males antiguos, presentes y venideros de Sevilla. ?La próxima vez lo haremos en contra?, advirtió el primer teniente de alcalde. No habrá próxima vez. Y no porque la obra vaya a terminarse en plazo o no vaya a requerir más dinero, sino porque con el nuevo cheque en blanco a Sacyr la hucha del PGOU ha quedado vacía. Aunque hicieran falta más fondos, no hay de dónde sacarlos. Todo se ha gastado en los grandes proyectos estrella de Monteseirín, el alcalde del Quattrocento sevillano.

Mayoría formal

La verdadera opinión del Pleno, en realidad, es justo la opuesta a la que ayer salió ?jurídicamente hablando? adelante. ¿Cómo es esto? Basta contar para caer en la cuenta: los votos que ayer no apoyaron expresamente la continuación del Parasol ?los 15 del PP y los 3 de IU? suman la mayoría absoluta del Pleno. Una mayoría legalmente no vinculante, pero significativa en términos políticos. Y estéticos. Monteseirín ganó la votación no porque su decisión personal cuente con el respaldo democrático del máximo órgano político de la ciudad ?que es el Pleno? sino sencillamente porque la ley permite que su voto valga el doble en caso de empate en ciertos temas claves. Lo que no está claro es si seguir o parar el Parasol es algo que tenga que ver realmente con la gobernabilidad de Sevilla.

La decisión de continuar con las obras es, por tanto, legal, pero políticamente resulta demasiado débil. Si existiera un mínimo sentido de las formas democráticas no hubiera debido adoptarse, igual que si en la Plaza Nueva se tuviera voluntad cierta de respetar el verdadero espíritu de la leyes no se seguiría huyendo hacia adelante tras el dictamen del Consultivo. Que en lugar de hacer lo que se debe se haga lo que conviene entra dentro del guión. Lo que es ya intelectualmente obsceno es que, además, trate de camuflarse la verdad. Un ejemplo: se va a volver a dar dinero público ?30 millones de euros? sin concurso público alguno a una empresa que no cumplió el contrato que firmó hace cinco años con el Ayuntamiento, sin controles y sin buscar alternativas en otras sociedades mercantiles.

Y se hace asumiendo, implícitamente, que la responsabilidad es exclusivamente municipal ?como hace el informe económico en el que se sustenta la singular interpretación del interés público de Monteseirín? cuando existen documentos técnicos que prueban que el problema clave del Parasol fue contratar un proyecto sin tener un proyecto arquitectónico mínimamente armado y, además, ocultarlo a los ciudadanos durante más de dos años. Todas estas contradicciones parecen no contar lo más mínimo para un ayuntamiento que durante años ha repetido, y todavía repite, que el Parasol es vanguardia arquitectónica porque lo han incluido ?es de suponer que previo regalo? en una exposición temporal del MoMA de Nueva York. Tan vanguardista es que nadie sabe cómo construirlo.

Tras el Pleno, el trayecto político está agotado. Electoralmente, ya se verá. Dada la sordera municipal, a los opositores a las setas sólo les queda el recurso judicial. Bien por vía administrativa ?como ha anunciado que hará la asociación patrimonialista Adepa? o por los senderos relacionados con las decisiones que se toman a sabiendas de que son incorrectas. No dirán que no es llamativo: que el dinero público no se malgaste en Sevilla no depende de los políticos ni de los funcionarios, sino de que la sociedad civil ponga un pleito. Pagando, claro.

Arrojo, 10; autocrítica, 0
Blog: La Noria

El alcalde apela al ?interés general? en base a un informe de Urbanismo que asume por completo la desviación financiera.

Tiene mucho mérito ser juez y parte y apelar, a estas alturas, al ?interés general?. En el sainete en el que se ha convertido la crisis de la Encarnación ayer se vivió una escena épica. Rueda de prensa de urgencia. Atril improvisado. Escenografía con vocación solemne. Ediles, los contados. Un mensaje único: ?Sevilla no puede pararse. El Parasol saldrá adelante sí o sí?.

Con independencia de la sintaxis futbolística utilizada, que es sabido que suele destinarse más a los hinchas que a los ciudadanos con criterio propio, la comparecencia de Monteseirín para anunciar que seguirá adelante con la construcción de las míticas setas tuvo bastante de arrojo (político) y muy poco de autocrítica. Novedosa, lo que se dice novedosa, no fue. Previsible, sí. No hubo cambios en el guión. Ni se pidieron disculpas a los ciudadanos por hipotecar en una única obra el 40% del dinero destinado a equipar la totalidad de la ciudad, ni se exploraron fórmulas ?que las hay? para intentar reconducir un proyecto que hace demasiado tiempo se salió de los cauces (presupuestarios) de lo razonable. Tan sólo la decisión, más que descontada, de continuar con la obra hasta quemar el último euro que queda en caja.

Visto lo visto, el Pleno de hoy no servirá de casi nada: si IU se abstiene, como es previsible, será Monteseirín quien con su voto de calidad apruebe la decisión de tirar para adelante. Aún así, merece la pena analizar los razonamientos en los que se apoya el regidor para, haciendo caso omiso al dictamen oficial del Consejo Consultivo, avalar a cuerpo una desviación presupuestaria totalmente contraria a la fundamentada opinión legal del máximo órgano jurídico andaluz.

En primer lugar, está la cuestión argumental. Monteseirín relaciona el avance de la ciudad con el Parasol. Exclusivamente. Lo que viene a ser como equiparar el interés de Sevilla con su interés particular como político. Que la ciudad no seguirá avanzando, salvo milagro, terminará siendo un hecho: sin el dinero de los convenios del PGOU, que es con lo que se ha pagado (en exceso) todos los proyectos de los últimos diez años, parece evidente que el movimiento ?económico, urbano? de Sevilla va a sufrir un duro revés por decisiones adoptadas, paradójicamente, por quien ayer apeló al avance continuo de la ciudad.

En segundo lugar hay que analizar el sustento jurídico de la decisión para, con todo en contra, continuar con el Parasol. Monteseirín se apoya en el dictamen del Secretario Municipal y en un informe de dos altos cargos de Urbanismo ?puestos de confianza nombrados por él? que viene a decir que parar la obra resulta más caro que continuar con ella. A este respecto hay que hacerse dos preguntas.

Primera: ¿Qué pesa más, lo que diga la Secretaría Municipal o el máximo órgano jurídico andaluz? Segunda: ¿Es verosímil el estudio de costes de Urbanismo? Sobre la primera cuestión, doctores tiene la Iglesia. Sólo incidir en que el Secretario dice que si se sigue adelante debe ?motivarse suficientemente?. A juicio del Consultivo, los motivos de la propuesta municipal para inyectar más fondos públicos a la Encarnación no estaban justificados. No se entiende muy bien cómo lo que no ha sido capaz de hacer hasta ahora el Ayuntamiento ?justificar la necesidad de la segunda modificación presupuestaria? va a arreglarse a partir de ahora. ¿Qué ha cambiado? Tan sólo una cosa: que Monteseirín lo ha estimado conveniente. Punto final.

Encarnacion

Del informe sobre los costes, del que ayer se dieron cifras pero no el documento oficial ?al PP no se lo entregaron hasta por la tarde?, extrañan dos factores. Quien lo firma y su argumentario. El primer aspecto es llamativo: no es el director técnico de la Gerencia, sino el director adjunto del departamento económico con el visto bueno de un superior. Parecería más lógico que lo suscribiera quien conoce ?por estar en el órgano de contratación? todo el proceso de las obras desde su origen.

Claro que en este caso, quizás, la conclusión no sería la que ha terminado siendo. Por coherencia. El informe municipal que dice que resolver el contrato del Parasol cuesta 2,3 veces más de lo que hay que pagar para seguir con la obra ?el único elemento en el que se sustentaría el interés público de ignorar al Consultivo? viene a aceptar, de forma tácita, que lo que ha ocurrido con el proyecto es únicamente responsabilidad municipal. ¿No lo es?

Evidentemente, sí. Pero sólo en parte, no de forma integral. Los hechos ciertos también son que Sacyr contrató al arquitecto y se comprometió a ejecutar la obra en un determinado plazo y a un coste. Ninguno de los compromisos se cumplió. En potencia, alguna de las causas sería imputable a la empresa, que desde 2005 no ha parado de recibir dinero público. Si se tiene en cuenta que en el expediente existe un dictamen de los servicios municipales que afirma que el problema esencial es que el Parasol se inició sin garantías reales de ejecución ?algo que el propio Monteseirín vino a reconocer ayer, aunque calificándolo de normal? difícilmente puede aceptarse que el coste de todo lo que ha pasado es imputable en exclusiva al Consistorio. En consecuencia, el precio de parar la obra no sería el que se dice en dicho informe, sino otro distinto.

La extraña lógica municipal, obsesionada por justificar lo injustificable, en cambio, viene a afirmar que habrá que indemnizar a quien no revisó técnicamente lo que iba a construir. Todo un hallazgo. O una cabriola. ?La decisión es firme?, dijo ayer Monteseirín. Se ve que los motivos, en el fondo, son lo de menos.

Epílogo del ‘quattrocento sevillano’
Blog: La Noria

Las encrucijadas urbanísticas quiebran la teórica paz del último año de mandato de Monteseirín, que se enfrenta al escándalo por el desvío de los fondos del PGOU y al desmoronamiento de su argumentario para terminar el Parasol.

Alguno quizás debe estar todavía dándole mordiscos a la mesa de caoba después de leer el periódico. Cuando todo parecía estar más o menos encauzado, incluidas las refrescantes y sucesivas escapadas a Sudáfrica, para hacer una travesía tranquila hacia un hipotético retiro político que, por cierto, no termina de llegar nunca, va y se cumple, aunque con variantes, el célebre adagio político que James Carville creara en 1992 como jefe de campaña para Bill Clinton: ?Es el urbanismo, estúpidos?.

Efectivamente. El urbanismo, materia árida y críptica, de la que suele decirse que no interesa a (casi) nadie, que es excesivamente técnica, pero, quizás justo por esto, es de la que se nutren en buena medida el poder político, el financiero y, en cierto sentido, también el empresarial, se convierte en la espada de Damocles del último año como alcalde de Alfredo Sánchez Monteseirín, al que la herencia de su gestión empieza a saltarle a la cara antes de abandonar la Alcaldía.

Mala cosa: mientras peor se sale de un determinado lugar menos opciones quedan para buscar acomodo en otro sitio. Suele ocurrir. Salvo que, por ejemplo, te regalen una cátedra en la Universidad o te gratifiquen con un plan de pensiones. Aunque esto, evidentemente, no pasa.

Monteseirín, del que sus exégetas decían que estaba que se salía, activo, con ganas, entusiasmado, de repente se ha vuelto cauto. Esta semana ha intentado salvar con una nota de prensa la que puede ser la crisis definitiva de su etapa como regidor municipal.

Una crisis, igual que ciertas cornadas, con dos trayectorias distintas y complementarias: el desfondamiento financiero del Plan General de Ordenación Urbana ?su particular sustento intelectual? y el desmantelamiento por parte del Consejo Consultivo de todos los argumentos que justificaban la terminación del Parasol de la Encarnación inyectádole más dinero público. Las setas, como es sabido, ha devenido en el símbolo imperfecto de su gestión. Un inmenso artefacto con unas ansias de modernidad tan grandes que no puede siquiera levantarse del suelo. Un agujero negro, si se mira en términos económicos.

El dinero del PGOU

Ambas cuestiones están íntimamente ligadas. Y el pegamento ?como la patente industrial de la cola inventada para la Encarnación que hemos pagado todos los sevillanos pero que rentabilizará una empresa privada? no es otro que la política urbanística, que parecía bien encauzada tras el paso de Fustegueras por la Gerencia de Urbanismo pero que, tras su marcha, quedó en manos de aficionados ?salvo algún verso suelto? que, entre comida y comida, decidieron que la arquitectura del poder que se merecía el alcalde, como gobernante supremo, podía y debía financiarse con cargo al dinero reservado para equipar toda la ciudad hasta 2020. Fondos aportados por los empresarios para que Sevilla creciera, por primera vez en toda su historia, de forma cohesionada.

La disyuntiva era simple: o la Sevilla de los barrios, la principal beneficiada por la política de cohesión del PGOU; o los símbolos del nuevo renacimiento que implicaba el paso de Monteseirín por la Alcaldía. Que la mayor parte de estos hitos se sitúen en un mismo punto geográfico ?el casco histórico?, paradójicamente contrario a los intereses electorales del PSOE, no importó. La mentalidad de quienes tomaron la decisión siempre fue centrípeta: el quattrocento sevillano debía de ubicarse en el centro mismo de la ciudad porque, en caso contrario, no sería suficientemente percibido. No podría apreciarse en toda su grandeza. Los barrios, una vez más, debían conformarse con un plan menor.

Resulta curioso que el alcalde, al ser preguntado por los motivos por los que ha desviado el dinero de los sistemas generales de Sevilla a sus proyectos estrella, diga que, en su opinión, tiene más sentido mejorar la ciudad existente en lugar de hacer carreteras que no van hacia ninguna parte.

Cualquiera que conozca la historia urbana de la capital andaluza sabe que los problemas de las tres cuartas partes de la Sevilla que vive extramuros ?la que vota al PSOE, casualmente? obedecen a que en su día fue construida, por los intereses de los políticos y los dueños de los terrenos de la época ?ciertas familias de apelativo corto y apellido extenso?, sin carreteras, sin viales y sin equipamientos. Con el interés económico como única guía.

EPÍLOGO DEL QUATROCENTO sevillano baja

No poner remedio a esta situación, existiendo además dinero para poder asumir el reequipamiento y el desarrollo de Sevilla, que es además la única alternativa económica cierta que tiene la ciudad en los actuales tiempos de zozobra económica, implica condenar a muchas áreas urbanas existentes, y a las futuras, a quedarse justo como están. Con problemas.

La clave de esta polémica no consiste en el hecho de que las carreteras nuevas no vayan a ninguna parte porque los constructores no tengan solvencia bancaria para empezar a construir de inmediato. En ese caso habría que preguntarle al Ayuntamiento los motivos reales por los que revalorizó los suelos que requieren estas infraestructuras si no pensaba desarrollarlos. Y a quién benefició tal tránsito. Hubiera sido más coherente no recalificarlos, si no van a incorporarse a la ciudad consolidada.

La cuestión es otra. Lo que se ha derrochado es la única hucha real con la que contaba Sevilla para su futuro, que ya debería ser su presente. ¿Y a cambio de qué? ¿De un presente poco edificante y que dentro de sólo unos pocos meses será el pasado?

Si se hubieran limitado a usar sólo una parte de los fondos, quizás podrían haber salido tocados, pero airosos, del trance. No ha sido el caso. Monteseirín y su núcleo de confianza ?las decisiones se toman en una mesa de caoba; no en el Pleno? sabían perfectamente lo que hacían. Conocían la repercusión de la desviación de los fondos del Plan General. No hay atenuante posible.

Tampoco ha existido contrapoder alguno. Ni el PP ?con 15 concejales? ha controlado bien la gestión de estos fondos ni la patronal de la construcción, que ahora clama y se dice estafada, ha exigido, hasta hace unos meses, detalles de qué se hacía con el dinero que se aportó al PGOU. Unos son responsables por acción. Todos los demás, por omisión.

Defender cualquier discurso frente al poder tiene su precio. En Sevilla nadie quiere pagarlo. Hay 68 millones de euros que aún no se sabe dónde están. O no se llegaron a ingresar o han sido usados para otros fines. Igual que tampoco se ha enseñado, si es que existe, el informe del anterior secretario municipal que en teoría avalaría el desvío a capricho de los fondos del PGOU. ¿Aparecerá algún día?

Parasol interruptus

Con este frente abierto en canal, el Consejo Consultivo ha reventado, haciendo un alarde de independiencia ?desde las instituciones serias se pueden hacer muchas cosas? la burbuja del Parasol. Casualidad fatídica para el alcalde. No es porque no haya puesto interés: la Alcaldía presionó, a través de un miembro del órgano autonómico, para que el informe fuera favorable. La mediación se realizó. Oficio, sobra.

El problema es que nadie puede arreglar, aunque quiera, semejante espiral de errores, engaños y silencios. No se puede argumentar una cosa y la contraria. Igual que no se pueden llevar las cosas siempre al extremo para forzar la voluntad de los demás y, cuando vienen mal dadas, esconder la cabeza. Resulta infantil. El regidor tiene ahora que optar entre seguir adelante con los trabajos e incumplir la ley ?a tenor de la opinión emitida por el Consultivo, poniéndose en contra de un órgano autonómico cuando aspira a tener un cargo regional? o parar el Parasol.

Ninguna opción es buena para Sevilla. Es lógico: el punto de no retorno se rebasó en el año 2007.

Desde entonces quien parece estar corriendo por una carretera hacia ninguna parte es Monteseirín.

Epílogo del ‘quattrocento sevillano’
Blog: La Noria

Las encrucijadas urbanísticas quiebran la teórica paz del último año de mandato de Monteseirín, que se enfrenta al escándalo por el desvío de los fondos del PGOU y al desmoronamiento de su argumentario para terminar el Parasol.

Alguno quizás debe estar todavía dándole mordiscos a la mesa de caoba después de leer el periódico. Cuando todo parecía estar más o menos encauzado, incluidas las refrescantes y sucesivas escapadas a Sudáfrica, para hacer una travesía tranquila hacia un hipotético retiro político que, por cierto, no termina de llegar nunca, va y se cumple, aunque con variantes, el célebre adagio político que James Carville creara en 1992 como jefe de campaña para Bill Clinton: ?Es el urbanismo, estúpidos?.

Efectivamente. El urbanismo, materia árida y críptica, de la que suele decirse que no interesa a (casi) nadie, que es excesivamente técnica, pero, quizás justo por esto, es de la que se nutren en buena medida el poder político, el financiero y, en cierto sentido, también el empresarial, se convierte en la espada de Damocles del último año como alcalde de Alfredo Sánchez Monteseirín, al que la herencia de su gestión empieza a saltarle a la cara antes de abandonar la Alcaldía.

Mala cosa: mientras peor se sale de un determinado lugar menos opciones quedan para buscar acomodo en otro sitio. Suele ocurrir. Salvo que, por ejemplo, te regalen una cátedra en la Universidad o te gratifiquen con un plan de pensiones. Aunque esto, evidentemente, no pasa.

Monteseirín, del que sus exégetas decían que estaba que se salía, activo, con ganas, entusiasmado, de repente se ha vuelto cauto. Esta semana ha intentado salvar con una nota de prensa la que puede ser la crisis definitiva de su etapa como regidor municipal.

Una crisis, igual que ciertas cornadas, con dos trayectorias distintas y complementarias: el desfondamiento financiero del Plan General de Ordenación Urbana ?su particular sustento intelectual? y el desmantelamiento por parte del Consejo Consultivo de todos los argumentos que justificaban la terminación del Parasol de la Encarnación inyectádole más dinero público. Las setas, como es sabido, ha devenido en el símbolo imperfecto de su gestión. Un inmenso artefacto con unas ansias de modernidad tan grandes que no puede siquiera levantarse del suelo. Un agujero negro, si se mira en términos económicos.

El dinero del PGOU

Ambas cuestiones están íntimamente ligadas. Y el pegamento ?como la patente industrial de la cola inventada para la Encarnación que hemos pagado todos los sevillanos pero que rentabilizará una empresa privada? no es otro que la política urbanística, que parecía bien encauzada tras el paso de Fustegueras por la Gerencia de Urbanismo pero que, tras su marcha, quedó en manos de aficionados ?salvo algún verso suelto? que, entre comida y comida, decidieron que la arquitectura del poder que se merecía el alcalde, como gobernante supremo, podía y debía financiarse con cargo al dinero reservado para equipar toda la ciudad hasta 2020. Fondos aportados por los empresarios para que Sevilla creciera, por primera vez en toda su historia, de forma cohesionada.

La disyuntiva era simple: o la Sevilla de los barrios, la principal beneficiada por la política de cohesión del PGOU; o los símbolos del nuevo renacimiento que implicaba el paso de Monteseirín por la Alcaldía. Que la mayor parte de estos hitos se sitúen en un mismo punto geográfico ?el casco histórico?, paradójicamente contrario a los intereses electorales del PSOE, no importó. La mentalidad de quienes tomaron la decisión siempre fue centrípeta: el quattrocento sevillano debía de ubicarse en el centro mismo de la ciudad porque, en caso contrario, no sería suficientemente percibido. No podría apreciarse en toda su grandeza. Los barrios, una vez más, debían conformarse con un plan menor.

Resulta curioso que el alcalde, al ser preguntado por los motivos por los que ha desviado el dinero de los sistemas generales de Sevilla a sus proyectos estrella, diga que, en su opinión, tiene más sentido mejorar la ciudad existente en lugar de hacer carreteras que no van hacia ninguna parte.

Cualquiera que conozca la historia urbana de la capital andaluza sabe que los problemas de las tres cuartas partes de la Sevilla que vive extramuros ?la que vota al PSOE, casualmente? obedecen a que en su día fue construida, por los intereses de los políticos y los dueños de los terrenos de la época ?ciertas familias de apelativo corto y apellido extenso?, sin carreteras, sin viales y sin equipamientos. Con el interés económico como única guía.

EPÍLOGO DEL QUATROCENTO sevillano baja

No poner remedio a esta situación, existiendo además dinero para poder asumir el reequipamiento y el desarrollo de Sevilla, que es además la única alternativa económica cierta que tiene la ciudad en los actuales tiempos de zozobra económica, implica condenar a muchas áreas urbanas existentes, y a las futuras, a quedarse justo como están. Con problemas.

La clave de esta polémica no consiste en el hecho de que las carreteras nuevas no vayan a ninguna parte porque los constructores no tengan solvencia bancaria para empezar a construir de inmediato. En ese caso habría que preguntarle al Ayuntamiento los motivos reales por los que revalorizó los suelos que requieren estas infraestructuras si no pensaba desarrollarlos. Y a quién benefició tal tránsito. Hubiera sido más coherente no recalificarlos, si no van a incorporarse a la ciudad consolidada.

La cuestión es otra. Lo que se ha derrochado es la única hucha real con la que contaba Sevilla para su futuro, que ya debería ser su presente. ¿Y a cambio de qué? ¿De un presente poco edificante y que dentro de sólo unos pocos meses será el pasado?

Si se hubieran limitado a usar sólo una parte de los fondos, quizás podrían haber salido tocados, pero airosos, del trance. No ha sido el caso. Monteseirín y su núcleo de confianza ?las decisiones se toman en una mesa de caoba; no en el Pleno? sabían perfectamente lo que hacían. Conocían la repercusión de la desviación de los fondos del Plan General. No hay atenuante posible.

Tampoco ha existido contrapoder alguno. Ni el PP ?con 15 concejales? ha controlado bien la gestión de estos fondos ni la patronal de la construcción, que ahora clama y se dice estafada, ha exigido, hasta hace unos meses, detalles de qué se hacía con el dinero que se aportó al PGOU. Unos son responsables por acción. Todos los demás, por omisión.

Defender cualquier discurso frente al poder tiene su precio. En Sevilla nadie quiere pagarlo. Hay 68 millones de euros que aún no se sabe dónde están. O no se llegaron a ingresar o han sido usados para otros fines. Igual que tampoco se ha enseñado, si es que existe, el informe del anterior secretario municipal que en teoría avalaría el desvío a capricho de los fondos del PGOU. ¿Aparecerá algún día?

Parasol interruptus

Con este frente abierto en canal, el Consejo Consultivo ha reventado, haciendo un alarde de independiencia ?desde las instituciones serias se pueden hacer muchas cosas? la burbuja del Parasol. Casualidad fatídica para el alcalde. No es porque no haya puesto interés: la Alcaldía presionó, a través de un miembro del órgano autonómico, para que el informe fuera favorable. La mediación se realizó. Oficio, sobra.

El problema es que nadie puede arreglar, aunque quiera, semejante espiral de errores, engaños y silencios. No se puede argumentar una cosa y la contraria. Igual que no se pueden llevar las cosas siempre al extremo para forzar la voluntad de los demás y, cuando vienen mal dadas, esconder la cabeza. Resulta infantil. El regidor tiene ahora que optar entre seguir adelante con los trabajos e incumplir la ley ?a tenor de la opinión emitida por el Consultivo, poniéndose en contra de un órgano autonómico cuando aspira a tener un cargo regional? o parar el Parasol.

Ninguna opción es buena para Sevilla. Es lógico: el punto de no retorno se rebasó en el año 2007.

Desde entonces quien parece estar corriendo por una carretera hacia ninguna parte es Monteseirín.

El Parasol: el collar del perro
Blog: La Noria

La vida es una inmensa noria llena de paradojas. Quienes están enterrando desde hace un lustro en la Encarnación casi el 40% de todo el dinero que el PGOU recaudó para equipar Sevilla, sabiendo además que dicho proyecto era imposible de construir, son ahora los que van a argumentar, en público y sin rubor alguno ?tras el campanazo que les ha dado esta semana el Consejo Consultivo de Andalucía?, que hacer caso a su recomendación de anular el contrato de construcción supone que el collar terminará costándonos más que el perro. Blanco y en botella: van a seguir adelante con el proyecto de Jürgen Mayer aunque esto implique violar -de nuevo- la ley.

La decisión está tomada. Sólo hace falta vestir el muñeco. Para esto ya hay encima de la mesa un informe del secretario municipal ?similar al que emitió hace semanas, en el que aconsejó continuar con los trabajos? y otro, a medio cocer todavía, de los técnicos de Urbanismo. El primero se pone de lado: el máximo fedatario municipal deja abiertas las dos opciones posibles y hace una tímida referencia a la posibilidad de exigir responsabilidades por las irregularidades cometidas. ¿A quién? ¿El alcalde se va a sancionar a sí mismo? ¿Vamos a hacer una comisión de investigación para que el PP administre la información según sus intereses y el PSOE haga lo mismo? Sería un milagro. No ocurrirá.

Dejando de lado pues la habitual retórica jurídica, casi siempre acordada previamente, el nuevo dictamen municipal ilustra sobre cómo se hacen las cosas en la Plaza Nueva. El secretario dice que si se opta por ignorar al Consultivo debe argumentarse muy bien “el interés público” de la medida. ¿Cómo? Haciendo números. Calculando el coste de cumplir la ley ?¿tiene coste esto?? y comparándolo con los beneficios de incumplirla. Es evidente cuál será el resultado. El problema: ningún fin justifica determinados medios. La estrategia es de premio. Casi se diría épica.

Ya saben: a partir del miércoles, cuando se celebrará el Pleno que debe dar cobijo político al alcalde, aunque para que la maniobra salga bien hay que contar con IU, le van a decir a usted, contribuyente, que si siguen con las setas es por el bien de su bolsillo.

Laus deo.

La incógnita de la Encarnación
Blog: La Noria

El Consejo Consultivo, que todavía no ha emitido su dictamen, tiene difícil avalar la decisión municipal de no resolver el contrato.

Aquello que se siembra acostumbra a ser lo que se recoge. Ocurre en la agricultura, en la política y en la vida. Es así. Monteseirín, en la recta final de su tercer mandato, está cosechando un sinfín de problemas. Tantos como supuestos triunfos cantaron sus interesados exégetas, algunos de los cuales han empezado -sin rubor alguno- a cambiar de bando por la vía directa. Puro ejercicio de llamativa coherencia: siempre a la sombra del poder. De la loa van pasando a no reconocerle ya ningún logro cierto, salvo los menores: las contadas peatonalizaciones. Nada más.

La sensación interna de zozobra que existe en el gobierno local, que comenzó aquel día en el que Griñán anunció que el regidor no volvería a encabezar la candidatura del PSOE, no ha dejado desde entonces de crecer. Quienes tuvieron poder siguen jugando a escenificar que todavía lo mantienen -en realidad lo que disfrutaron fue el acceso temporal al presupuesto local; el poder es otra cosa- y, poco a poco, comienza a emerger para espanto de muchos, que serán más a medida que pase el tiempo, la herencia oculta de la etapa Monteseirín, que legará a su sucesor, sea quien sea, un ayuntamiento con una coyuntura económica difícil, varias empresas municipales en situación técnica de quiebra -véase Tussam; repárese en Mercasevilla tras el escándalo de las comisiones ilegales- y un escenario urbanístico con bastantes más hipotecas reales de las que serían razonables. Y lo peor es que esta losa política no va a poder levantarse en lustros. Al tiempo.

Aunque se intente camuflar circunstancialmente con llamativas apelaciones a la febril actividad política del alcalde, toda esta deriva tiene su símbolo esencial en el Parasol de la plaza de la Encarnación. Una obra que, con independencia del agrio debate estético que suscitó entre determinados sectores sociales, ha terminado representando la locura de un tiempo en el que, como dijera el personaje de Dostoiesvki en Crimen y Castigo, “si no hay Dios, es que todo está permitido”. Tras la evidencia de una gestión nefasta -un sobrecoste brutal, sucesivos plazos que nunca se cumplieron, la evidencia empírica de que aquello no será nunca más una plaza pública, sino un centro comercial privado financiado con demasiados recursos públicos- late el reverso de la insólita decisión de echar más y más dinero en el mismo pozo sin fondo que diseñara por ordenador el arquitecto berlinés Jürgen Mayer.

ESPAÑA-AND-METROSOL-PARASOL

¿Las consecuencias? La paralización, de facto, de las expectativas de crecimiento real de Sevilla. Una apuesta urbanística que, en principio, no iba a ser especulativo, sino orientada hacia la vivienda de protección oficial. Para una vez que debido a la crisis los constructores estaban por la labor, resulta que al buscar la caja de caudales no queda ni un euro. Todo se ha puesto en la Encarnación, en el carril-bici, en la Alameda. Obras todas ellas surgidas de las habituales buenas intenciones -quién duda de la bonhomía del alcalde- pero con una ejecución nítidamente mejorable en términos de acabado, sobrecoste, plazos y utilización de los recursos de todos. Elementos que miden la calidad de cualquier gobernante.

Los demagogos, que abundan entre ciertos equipos de asesores municipales, intentarán vender la historia de otra forma. ¿Cómo? Lanzando, de forma indirecta, dos mensajes paralelos. El primero, en clave institucional, podría resumirse más o menos así: “¿De qué se quejan los dirigentes de la patronal? Sus empresas particulares son algunas de las que parcialmente se van a escapar de la situación de parálisis en la que entrarán todas las grandes operaciones urbanísticas. ¿Quién si no es Urconsa? ¿No tiene suficiente peso Gabriel Rojas en Gaesco?”.

El segundo mensaje está concebido para el electorado socialista, que a priori no tendría buena opinión de un partido que se gasta en el centro el 44% del dinero que el PGOU recaudó de las empresas inmobiliarias para invertir en los barrios. “¿Qué les decimos a los nuestros? Pues que el dinero que le hemos sacado a los empresarios del PP lo hemos usado para mejorar Sevilla”. Con esta admirable capacidad de argumentación, no hace falta adivinar que esta cuestión preocupa y mucho a la dirección local del PSOE.

La cosa todavía puede ir a peor. ¿Es posible? Uno diría que incluso probable, aunque se debe esperar. La terminación de las obras de la Encarnación, que han detraído del dinero de los sistemas generales casi un 40% de todos los fondos disponibles, requiere el aval jurídico del Consejo Consultivo de Andalucía. Sin él las obras no podrán acabarse. ¿Ha hablado el Consultivo? Todavía no. El Ayuntamiento ha enviado el expediente -incompleto, al parecer- al órgano autonómico y ha hecho gestiones al máximo nivel ?intermediación se llama la figura? para que el dictamen sea favorable a sus intereses.

Pero el Consultivo no es la Secretaría municipal, que emitió un informe en el que venía a decir que las obras debieron pararse en 2007, cuando se ocultó que la estructura de madera no podía construirse, para a continuación defender que, como no se hizo entonces, ahora tampoco. El Consultivo no tiene ninguna hipoteca teórica: analiza y habla. De momento, ha dado trámite de audiencia a una delegación municipal. Oficialmente aún no se ha pronunciado en firme. Pero la cosa pinta difícil.

¿Puede un jurista serio justificar que un sobrecoste del 70% en una obra no implica, según la ley, la obligación de resolver el contrato en vigor y hacer un nuevo concurso? Prisas en hablar no hay. Malos presagios, casi todos.

El Consultivo puede terminar dando el campanazo de la era Monteseirín. Una Encarnación interruptus.

El síndrome de la hucha vacía
Blog: La Noria

Monteseirín aprovecha la fase final de su mandato para abrir el debate sobre la reforma del PGOU con la coartada de la crisis. La idea ahonda las diferencias con IU. El alcalde necesita dinero para camuflar los tiempos de dispendio.

Aceptar los inevitables cambios de ciclo, una constante vital, nunca fue su fuerte. Quizás por eso la salida de Monteseirín de la Alcaldía va camino de dejar abierta en canal una cuestión trascendente para la ciudad que, como todas las cosas importantes, es susceptible de una fecunda doble lectura.

Hace unos días, tras una conferencia del Plan Estratégico Sevilla 2020, el regidor reaccionó ante el alud de pésimos datos económicos que caían sobre las desfondadas espaldas de la economía sevillana anunciando que su gobierno estaba dispuesto a tratar de combatir el desempleo modificando el Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla. El razonamiento no era demasiado elaborado.

Venía a ser algo así: si hace falta cambiar la ley ?un Plan General es normativa vinculante? para atraer a las empresas que sean necesarias, se hará. No estamos para ponernos exquisitos. Monteseirín no dijo entonces los motivos de tan sorprendente propuesta, que resultaba a todas luces contradictoria con sus intensos años de defensa de un PGOU en el que encontró no sólo un discurso político que jamás tuvo, sino, sobre todo, los recursos para poner en pie casi todos los proyectos que glosarán, durante décadas, su paso por Plaza Nueva, la residencia del poder municipal.

No hubo, en todo caso, que esperar demasiado: apenas unos pocos días después se supo, de forma indirecta y lateral, que un grupo inversor que gestiona fondos de pensiones estaba interesado en construir en el Norte de la Isla de la Cartuja un complejo comercial y de ocio de 45.000 metros cuadrados. La operación se ha querido vincular además a la viabilidad de Isla Mágica ?no hay que olvidar que ahora preside dicha entidad Luis Navarrete, su cuñado? para fortalecer la idea de que sería un importante revulsivo ante la crisis. Una manera de hacer lo que el alcalde siempre ha llamado ?urbanismo social?.

Los antecedentes

Como debe ser norma del oficio de periodista sospechar de argumentos tan simplistas y buscarle, con la habitual vocación de impertinencia, los tres pies al gato, resulta que tras el sano ejercicio de refrescar la memoria el cronista se ha acordado de un proyecto, también visto inicialmente con buenos ojos por el Ayuntamiento, de cierta empresa que gestiona en Madrid los centros comerciales Xanadu y que quiso instalar una embajada similar y pareja junto a Isla Mágica. ¿Serán los mismos inversores con distinto collar?

El asunto tiene trayectoria. No es baladí. ¿Por qué? Pues porque en su día, cuando la ciudad ?el poder político municipal? hizo su reflexión sobre qué hacer con el antiguo recinto de la Expo 92 desestimó abordar esta operación. ¿Motivos? No meter más presión comercial en una Cartuja, que, gracias al Plan General, ya iba a tener un gran centro comercial y de oficinas en su vértice Sur ?Puerto Triana? y toda una serie de nuevos espacios comerciales que, distribuidos a lo largo del antiguo recinto de la Muestra Universal, podría gestionar en solitario Isla Mágica.

Esta última operación, cuyo objeto era reconvertir a la empresa gestora del parque temático en una inmobiliaria con sustento público, dado que su actividad principal no despegaba, supuso multiplicar la densidad urbana potencial en la Isla ?cosa que los urbanistas veían bien? y, de paso, configurar cierta oferta complementaria a las necesidades de servicios del Parque Tecnológico. Sólo los usos residenciales ?esenciales para entender el concepto de lo urbano? quedaron vetados de dicha propuesta. Tabú inexplicable.

Isla Mágica, hasta ahora, no ha desarrollado estos suelos terciarios. La recalificación global que se aprobó para ayudarla ?junto a la singular operación de quita de su histórica deuda financiera? continúa pues virgen y mártir. ¿Y con este activo en el cajón se apadrina de golpe la idea de incrementar las zonas comerciales para hacer otro complejo comercial junto al río Guadalquivir? Extraña forma de recuperar la ribera fluvial. Un poco raro, ¿no?

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En este punto no hay más remedio que citar a Lopera: ?Mire usted. No es lo mismo tener un chalé en la Palmera que en la Cartuja?. Ésta fue la célebre frase que dijo el ex accionista mayoritario del Betis, aplicando su particular gramática parda, cuando le pidieron que trasladase el antiguo Villamarín al Estadio Olímpico. Por idéntico motivo, aunque, claro, con sus variantes, tampoco es igual tener las superficies terciarias dentro de la Isla que posicionadas junto al río y con vistas al Guadalquivir. Las cosas, en el negocio inmobiliario es sabido, valen más o menos según dónde estén y si cuentan con el camino legal despejado.

Torrijos no traga

Para contar con el sendero jurídico expedito, sin embargo, además de convencer a la consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía ?¿no está allí el ex edil de Urbanismo y delfín del alcalde, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis?? hay que contar con una mayoría suficiente para aprobar el asunto en primera instancia. En el Pleno. Se impone aquí una duda: ¿Monteseirín hizo la propuesta en cuestión de reabrir el melón del PGOU en solitario o por casualidad forma parte de una estrategia conjunta de PSOE e IU?

Buceando en los silencios de la coalición de izquierdas se encuentra la respuesta. ¿Cuál? Pues que para variar, y eso que tienen un vicegerente en Urbanismo, no se habían enterado de la carga de profundidad de la sugerencia. En público, primero, hablaron poco. En privado, en cambio, una vez percibido el repentino interés del PSOE por alterar un Plan General que no tiene ni cuatro años, la cosa no ha gustado nada. Torrijos presume de no ser maximalista pero no va a tragar ?igual que en su momento no hizo con Altadis? con cualquier cosa que venga con la coartada del empleo. Eso dice su gente. Con el tiempo se verá.

Las arcas vacías

La viabilidad de la iniciativa, sin el aval de IU, es pues difícil. Imposible. Acordar la cuestión con Zoido a meses para las municipales tampoco parece factible. ¿Para qué se mete el alcalde en el tramo final de su mandato en este jardín? ¿Cuestión de carácter o ansiedad por mostrar dotes de mando hasta el último día? Probablemente ambas cosas. Y otro factor más, nada menor: no queda ni un euro de los fondos que el Plan General recaudó para los sistemas e infraestructuras generales necesarios para impulsar los nuevos crecimientos urbanísticos de Sevilla. ¿Se han llevado el dinero? De momento, no lo parece.

Lo que sí ha hecho el PSOE ha sido distraerlo. Entiéndase bien: usarlo para aquello que no debía utilizarse. Poner todos los huevos en una o dos cestas y ponerse de lado. El dinero que los empresarios inmobiliarios pagaron en base a la célebre tasa Fustegueras se ha usado así en la Encarnación ?en cantidad además mayúscula?, en la Alameda, para las reurbanizaciones de plazas, para las peatonalizaciones, en el fracasado Plan de Barrios y en otros asuntos varios.

¿Es ilegal? ¿No son acaso éstos sistemas generales? Si la visión de la ciudad es centrípeta ?Sevilla es sólo el centro? la respuesta es afirmativa. Ahora bien, si se tiene una visión algo más real de la ciudad ?la mayoría de la población de la capital vive extramuros, aunque la urbe oficial se mire siempre en el centro? más bien no. Peca de parcial.

Tanto si buscan seguir disparando con pólvora de rey como si quieren camuflar los excesos recientes siempre es lo mismo: pedir más dinero a los empresarios a cambio de pervertir el PGOU. La biblia deshojada por quien durante años ha jugado a ser su principal y ?casi único? evangelista.

La herencia oculta
Blog: La Noria

El urbanismo sevillano, materia aparentemente árida pero tan sustancial en términos de dinero y poder como la discusión sobre el control de las cajas de ahorro, va camino de vivir un viraje que podría resumirse con una frase. De la tasa Fustegueras a la hipoteca Monteseirín. Evidentemente, subprime. Principio y fin del hermoso modelo de urbe vanguardista y sostenible que tanto han pregonado algunos al tiempo que agasajaban, como siempre, a la vieja Sevilla eterna.

 Para explicar la vaina, que dirían en Colombia, es necesario usar un símil bancario. ¿Dónde está el dinero de los sistemas generales del Plan General? Los empresarios, a los que Fustegueras se lo sacó a cambio de recalificaciones urbanísticas, lo dejaron a plazo fijo en un banco llamado Urbanismo para que no se tocara hasta que llegara el momento de recuperar la vajilla.

Fustegueras es un genio: por primera vez en la historia de Sevilla ideó un sistema para que la ciudad no creciera de forma desequilibrada, a capricho, como siempre, de los dueños del suelo. Y además, por si las administraciones fallaban, logró que los capitalistas financiaran su idea. Mejor, imposible. El problema es que el gestor de esta herencia ?las joyas de la abuela; salvo Tablada, la ciudad casi ha agotado su término municipal con este PGOU? ha decidido gastársela en caprichos. Algunos no están del todo mal. Incluso son razonables, como el nuevo bulevar de Bellavista. Otros, en cambio, parecen propios de alguien no sólo ambicioso, sino ciego.

Igual que el Plan General es el sustento intelectual ?con adaptaciones y lecturas particulares? del modelo de ciudad del que tanta bandera ha hecho el alcalde, el Parasol es su cáncer: la célula imperfecta que se está tragando los organismos sanos e hipoteca gravemente la supervivencia económica de Sevilla, cuyos últimos recursos se han dilapidado de manera inaudita. Menuda herencia le espera al sucesor. Sea el que sea.

Gran Sevilla: la agonía perfecta
Blog: La Noria

La paralización ?de facto? de la SE-40 pone en crisis el programa de desarrollo del área metropolitana y deja muchos proyectos empresariales sin una dotación clave.

Con la SE-40, la ronda de circunvalación que Sevilla viene esperando desde hace bastante más de una década, padecemos, por desgracia, una variante local del viejo principio de incertidumbre. Tal teoría, acuñada por el alemán Werner K. Heisenberg, viene a decir que es imposible medir de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula. Adaptado al tema en cuestión, la partícula sería la nueva circunvalación exterior de Sevilla, de la que se viene hablando hace demasiados lustros pero que no termina de convertirse en realidad. Está, pero no llega a ser. Quienes llevan tiempo tratando en vano de medir su movimiento, más que nada por contar con un argumento electoral sólido ?de los otros, sobran?, son los políticos patrios, que avanzan fechas aunque, por un motivo u otro, nunca terminan de acertar.

El cinturón viario de la Sevilla metropolitana es, casi, un subgénero periodístico local. Se viene hablando de él desde los noventa, cuando, clausurada la Expo 92 ?que nos trajó la SE-30; incompleta (sin su tramo Norte)?, la ciudad intentó encarar el futuro en mitad de un océano de incomprensión regional que sostenía que la Muestra Universal debía venir a colmar durante décadas el hambre de infraestructuras de Sevilla. Una mirada aldeana: sin la Expo el mapa territorial de Andalucía ?en líneas generales, aceptable? no sería el que ha terminado siendo.

Del dicho al hecho ha discurrido, como suele ocurrir, un trecho más que considerable. Tanto, que hasta que la andaluza Magdalena Álvarez llegó al ministerio de Fomento la famosa SE-40 no dejó de ser una mera línea en los mapas para pasar a convertirse de verdad en un proyecto ?siquiera en el orden técnico? en marcha. A Álvarez siempre le sobró empuje: licitó de forma integral su diseño ?el paso previo a las obras? y llegó a ver el inicio de los trabajos, que son los que explican los tajos existentes.

La crisis frena ahora en seco el proyecto, que ya venía con mucho retraso. En el nuevo escenario de contención inversora en el que ha entrado el Gobierno central ?al que compete en solitario la obra por ser parte de la Red General de Carreteras del Estado? la nueva autovía exterior de Sevilla tiene todas las cartas marcadas para ser la gran sacrificada. Otra vez el contexto ?hace años, regional; ahora, económico? juega en contra de Sevilla, que se va a quedar, no se sabe durante cuánto tiempo, con la obra a medio hacer.

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El horizonte probable de terminación, siendo rigurosos, no pasará del tercio del total del trazado. La versión oficial ?siempre escasa? sostiene, sin dar demasiados detalles, que las obras están al 50%. Como argumento de urgencia pudiera valer, pero todo el mundo sabe que sin garantía real de que los túneles que cruzan el río se hagan la operatividad de la circunvalación será más que discreta tanto en términos generales ?el transporte de mercancías, la logística? como metropolitanos, ya que no permitirá disgregar los tráficos de distinta naturaleza ?local, suburbana y regional? que ahora se estorban en la SE-30.

Basta mirar el mapa de Sevilla para entender esta afirmación: el problema de comunicaciones de la capital hispalense y su entorno es, como ha sido siempre, el río. La ciudad está ubicada en el punto más corto entre ambas orillas del Valle del Guadalquivir ?la razón de su sitio histórico no es más que ésta? y el cauce fluvial es la eterna barrera geográfica, anímica y física que impide que la Gran Sevilla ?el nombre del desordenado distrito metropolitano en el que, con independencia de los mapas administrativos, vivimos? funcione como un organismo único. La movilidad hispalense sólo se entiende en función de las soluciones que se adopten para salvar el Guadalquivir. En el 92 la alternativa fue el Puente del Quinto Centenario. Se quedó pequeño nada más nacer. Desde entonces, en realidad, prácticamente no hemos avanzado casi nada.

¿Qué consecuencias tendrá el nuevo parón de la SE-40? Múltiples. Desde el punto de vista económico son obvias: a menos contratos de licitación pública, y en Sevilla no han abundando en los dos últimos lustros, menos actividad y, por tanto, menos empleo. Desde el punto de vista territorial cualquiera de las lecturas posibles inducen a un pesimismo negro. El problema es doble: por un lado están los tramos ya adjudicados, que se dilatarán; por otro, los proyectos que ni siquiera se han licitado, que parecen condenados a dormir el sueño de los justos.
Fomento ha intentado compensar a la capital andaluza garantizando la viabilidad del proyecto ferroviario del Aljarafe Norte con el argumento de que es más operativo invertir en transporte público que en un viario tradicional. Los motivos subyacentes se adivinan: esta obra requiere mucha menos inversión ?buena parte de la infraestructura ya está hecha? y su ejecución permite sostener, en parte, el discurso oficial.

El quebranto más profundo de la paralización de la SE-40, sin embargo, es estratégico. ¿En qué sentido? Esencialmente en que su ausencia dejará sin una dotación clave, y probablemente sin horizonte temporal claro, a la mayoría de los proyectos de desarrollo metropolitano ?las zonas de oportunidad? incluidos dentro del Plan Territorial del área metropolitana. Cualquier urbanista sabe lo que significa dejar en barbecho una infraestructura de esta importancia: una circunvalación es como una arteria. La movilidad es la sangre de las ciudades. Sin carreteras ?ni alternativas reales de transporte público, que en la ciudad metropolitana son limitadas? los suburbios de la Gran Sevilla padecerán falta de riego. Hace tiempo que sosportan ya esta dolencia.

El problema es que, cuando por fin se había orientado la nave hacia el lugar correcto ?proyectos terciarios e industriales, en lugar del monocultivo inmobiliario? la crisis desdibuja la hoja de ruta. Los tramos en marcha de la SE-40 permitirán el desarrollo de Dos Hermanas, Alcalá de Guadaíra y parte de los crecimientos del Este de la capital. Es mejor que nada. Pero siguen dejando pendiente, ad calendas graecas, la conexión del Oeste con el Sur del área metropolitana sevillana y, obviamente, el Norte.

Con los ayuntamientos en la ruina, la Junta debatiendo cómo reconducir su desmesurado tamaño y la iniciativa privada en plena depresión, el viejo sueño del área metropolitana ?lastrado de forma inmisericorde por factores políticos y económicos? corre el riesgo de entrar en fase terminal, víctima de lo que sería una agonía perfecta.

Brotes negros, madejas municipales
Blog: La Noria

Sevilla se queda fuera de la leve mejora detectada en las cifras del desempleo. Un informe estadístico alerta de que la provincia está en un pozo. Espadas sigue su gira por las agrupaciones. Zoido insiste en el filón de Mercasevilla

Cuatro de julio. Más que verdes, los únicos brotes que últimamente germinan en Sevilla son los negros. Opacos cristales. El informe de coyuntura económica presentado esta semana por la patronal hispalense dibuja una situación muy crítica para el tejido económico local. No queda nada en pie del pregonadísimo renacimiento municipal. La maquinaria productiva de la ciudad, si es que en algún momento llegó a existir tal cosa, está averiada. No queda gasolina. Ni gota de combustible. Varados en mitad de ninguna parte.

El pasado año 2009, según este diagnóstico, fue el más atroz para la historia económica reciente de la provincia. Cualquier análisis de perfil paliativo es mera retórica: más de 5.000 sociedades mercantiles se evaporaron en los últimos dos años. El tejido empresarial, que siempre fue escaso por estos lares, donde la vieja cultura agraria del XIX todavía marca demasiados usos y costumbres, ha perdido casi un 10% de su músculo teórico. No es que ya no podamos hacer gimnasia, es que ocurre que prácticamente no somos capaces de sostener nuestro cuerpo, cuyos miembros ?según afirman los especialistas? está ?atrofiado?.

Sevilla (sobre)vive casi exclusivamente de las rentas públicas. Prestaciones sociales, entre ellas las ayudas al desempleo, pensiones y salarios de funcionarios, ahora en proceso de ajuste. Poco más. Basta ver el paisanaje existente por estos pagos y compararlo con el que habita en urbes como Madrid o Barcelona, con las que solemos ?incorrectamente? compararnos. Incluso en relación a Valencia y Zaragoza la fotografía sevillana no resulta del todo amable.

El contenido de los debates públicos, ciudadanos y políticos, y ciertos detalles estéticos, que suelen mostrar una determinada escala de valores, inducen a pensar que las causas de nuestra decadencia económica, que es secular salvo en momentos muy concretos, como la Expo 92, proviene no sólo de los factores económicos, sino de un sustrato cultural ?más bien, de su ausencia? que ha ido impregnando a toda la sociedad. Las perspectivas, además, no anuncian luz al final del túnel. Ni siquiera permiten pensar que el pozo pueda tener vía de escape.

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Nuestros tradicionales recursos ?la construcción, la administración autonómica? no van a levantar cabeza. El sector inmobiliario, tras su forzosa reconversión, no puede solventar la papelta. La Junta y los ayuntamientos han iniciado una fase de recortes tan demencial como, antes, fueron ciertos dispendios. No sabemos lo que es el término medio. Ni supimos ahorrar algo para los tiempos duros. El consumo no ha caído en Sevilla tanto como en otros lugares ?los funcionarios tienen capacidad estable de endeudamiento? pero el pasivo de la economía sevillana no deja de aumentar.

Muestra de que no vamos a subir al tren son los datos del paro. Sobre un porcentaje del 25% de desempleo, el último diagnóstico oficial aleja cualquier atisbo de recuperación en el Sur de España. Aquí bajó un 0,02%. Exactamente: 44 personas menos. Aunque hay quien anuncia que este dato va a marcar un cambio de tendencia ?acaso para que pudiera decirse con rigor tal cosa habría que esperar a contar con un universo de análisis algo más amplio; pero se ve que el optimismo es gratis? considerar tal circunstancia como un éxito se antoja difícil. Una de dos: o es que no se mira la realidad o es que se mira y no se ve nada. En el fondo, viene a dar igual.

¿Qué hacer? Es la pregunta que se hacen la patronal, los sindicatos, la Junta y el Ayuntamiento. Quizás no haya nada que hacer. La reforma laboral ya está trazada y, probablemente, ha sido descontada por los mercados. No va a servir salvo para reducir parte de las rentas de las que vive Sevilla y celebrar una huelga general que tampoco arreglará gran cosa. Con Zapatero en pleno proceso de conversión liberal hay que colegir que no hay marcha atrás. Monteseirín se señala: promete cambiar el planeamiento urbanístico para ?incentivar a las empresas?. Más lógico sería, si no se hubiera gastado el dinero disponible, que construyera las infraestructuras para desarrollar ?si los bancos prestan dinero? las operaciones urbanísticas ya diseñadas. Sevilla tiene suelo más que suficiente para empresas. No vienen porque no quieren, no pueden o no existen.

El teatro municipal continúa con su programa de farsas endogámicas. Los actores políticos ofrecen métodos virtuales y retórica huera. Cada uno va a lo suyo. Izquierda Unida espera la cosecha de 2011. El PSOE, con Espadas en vanguardia, intenta convencer a sus agrupaciones locales para que la campaña de septiembre no se venga abajo. Y el PP de Zoido tiene la indignación habitual por su expulsión manu militari de Mercasevilla. La decisión, condenable desde todos los puntos de vista, no es nada edificante. Igual que no lo fue cuando entre 1991 y 1995 quienes vetaron a la oposición fueron los andalucistas y los populares. Mala memoria. La verdad es que este escándalo, bajo investigación judicial, no se destapó porque el PP estuviera en la empresa, sino porque una juez tiró de la madeja.

Hay que ser optimistas. Igual la salvación consiste justo en eso: en contados y valiosos esfuerzos individuales. Quién sabe.

Artillería: la sombra de la ‘grandeur’
Blog: La Noria

El Ejército abandona el histórico edificio del barrio de San Bernardo sin que las instituciones hayan sido capaces de armar un proyecto único para dar uso a una de las joyas de la arquitectura industrial sevillana.

Más que un premio, la devolución al poder civil, en este caso municipal, del edificio de la Fábrica de Artillería de San Bernardo es un regalo envenenado. Con razón en su día, tras una dura reunión en la Gerencia de Infraestructuras para la Defensa, el director del Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla (PGOU), Manuel Ángel González Fustegueras, no entendía la satisfacción de determinado responsable municipal al escuchar la idea del Ejército. “Os vamos a devolver la Artillería”.

Fustegueras parecía entonces el único en darse cuenta del peligro que tenía la jugada de los militares. El problema es que, en contraste con la opinión predominante en el gobierno municipal, nadie más era capaz de atisbar el caramelo agrio que suponía que el Ayuntamiento se hiciera cargo sin suficientes contraprestaciones económicas del enorme edificio militar que a lo largo de los siglos ha marcado el aspecto del Este de Sevilla. En Plaza Nueva lo consideraban todo un éxito. Pero en realidad era, y es, una asignatura que el Consistorio iba a tener pendiente durante muchos años. Probablemente, lustros.

Los militares han celebrado hace unos días, como le gusta hacer a los retóricos castrenses, el acto oficial de cesión del inmueble a la ciudad. Se arrió la enseña nacional y se pasó página con formalidad, autoridades y demás requisitos. La Artillería, ahora, es patrimonio de los sevillanos, aunque el Ayuntamiento no haya sido capaz en los últimos cuatro años (el Plan General de Ordenación Urbana se aprobó en el año 2006) de buscarle un destino adecuado a su singular condición.

Pese a la celebración, las autoridades presentes, representantes de todas las instituciones públicas, no tienen ni la menor idea de qué hacer con el edificio, cuyo estado de conservación, sin llegar a ser crítico, deja bastante que desear. No es extraño: el Ejército apenas utilizaba una parte de los casi 20.000 metros cuadrados útiles de la fábrica, sin cuya presencia ni se explica San Bernardo ni el posterior ensanche urbano de Sevilla hacia el Tamarguillo. Los proyectos prometidos (convertirlo en la sede de los archivos históricos) se han venido abajo. Oficialmente por la crisis.

O lo que es lo mismo: por falta de dinero. Aunque la escasez de fondos no es la verdadera razón. Para entender esto hay que echar la vista atrás. Analizar el contexto en el que se procedió al acuerdo de cesión (ejecutado ahora, pero de hace varios años) y sacar las pertinentes conclusiones. Y éstas, si se aplica el sentido común, no dejan en demasiado buen lugar a los munícipes que tuvieron en su mano la posibilidad real de llegar a un acuerdo más ventajoso para Sevilla con los militares y, como acostumbran, no estuvieron lo que se dice muy finos durante la negociación.

Además de cierta memoria histórica (el gran problema de los políticos municipales) para poder comprender cómo se ha producido la paradoja de Artillería hace falta consultar ciertos documentos. Urbanísticos, por supuesto. Sin el urbanismo difícilmente se entiende lo que ha pasado en Sevilla en los últimos diez años. Ni las grandes iniciativas impulsadas (con suerte dispar) por el Ayuntamiento, ni su capacidad política a la hora de cerrar pactos con otras administraciones.

Los ejemplos son múltiples: los ambulatorios abiertos en Sevilla en los últimos tiempos, el plan de comisarías cuya ejecución es paupérrima e, incluso, ciertas operaciones para garantizar la permanencia en Sevilla de algunas grandes empresas.

artillería BAJA

La cesión de la Artillería no es una deferencia militar. Más bien es la consecuencia del acuerdo urbanístico merced al cual el Ejército ha obtenido la máxima rentabilidad de su patrimonio histórico como vía extraordinaria de financiación. Una política en la que han coincidido todos los Gobiernos, con independencia de su signo. Esta estrategia consiste en vender al mejor postor sus terrenos y sus propiedades para hacer caja. En Sevilla es lo que pasó con los antiguos cuarteles de la Carretera de Cádiz, con los terrenos de Pirotecnia Cross y con otras propiedades. El Ejército necesitaba para lograr el máximo beneficio una calificación urbanística adecuada.

Y aquí es donde entra el Ayuntamiento, gestor del lápiz urbanístico. En este proceso, el Consistorio pudo jugar sus cartas de manera que, además del edificio, hubiera conseguido, gracias a las recalificaciones, parte de los fondos necesarios para rehabilitar la Artillería. No fue así. El Ejército salió ganando en la negociación: no sólo se desprendió de un edificio que para sus fines hace tiempo que dejó de ser estratégico, sino que logró la revalorización artificial de suelos en San Bernardo y Nervión, dos de las zonas más caras de Sevilla.

La ciudad consiguió la propiedad de la antigua fábrica militar, pero sin dinero líquido no sólo para recuperarla, sino incluso para conservarla. Ahora necesita al menos 70 millones de euros para su adecuación. Menos dinero de lo que ha costado la única línea de tranvía. Y mucho menos de lo que llevamos gastado en la Encarnación. La Junta y el Estado se descolgaron de los protocolos de buenas intenciones para rehabilitarla.

Así estamos: con un magnífico edificio vacío y sin un duro para abrirlo. El patrimonio industrial se arrumba mientras la modernidad del Parasol emerge. Es el reverso de la grandeur municipal. Todo un síntoma.

Paradojas entre lo útil y lo correcto
Blog: La Noria

El episodio del desalojo de las familias de las viviendas de Renfe en la Macarena, afectadas por una obra mal ejecutada, pone de manifiesto la efectividad del Ayuntamiento en casos de urgencia y su ineficacia ordinaria.

Al final vamos a tener hasta suerte. Fortuna. Baraka. Más vale un gobierno local efectivo en lo extraordinario (las situaciones de emergencia) que útil en lo ordinario. ¿Quién lo duda? Alguno, en su fuero interno, dirá que se crece ante las dificultades. Pero no es el caso. La cuestión es que tras diez años, y teniendo en cuenta que Monteseirín llegó al poder después del famoso derrumbe del Bazar España (asunto que provocó su primera gran crisis de cohabitación con los andalucistas), tenemos que alegrarnos de que, pese a todos los problemas, Sevilla no haya vuelto a ser escenario de una tragedia de envergadura similar a la que aquel día provocó el fatídico y violento paso del viento por la crítica esquina situada entre la Ronda Histórica y Miraflores.

Por supuesto, ha habido malas noticias. Muertes atroces, como la de Marta del Castillo. O tremendos accidentes mortales como el que provocó el relativamente reciente incendio de una residencia de ancianos del barrio de Nervión, pero no se ha vuelto a producir una conmocion general de idéntica proporción en Sevilla. La muerte siempre es inesperada y cruel. Pero resulta más brutal cuando se convierte en un acontecimiento doméstico. Habitual.

Gracias a Dios, en el desalojo que esta semana ha obligado a sacar de sus casas, de madrugada, a las más de cien personas que viven en los pisos de Renfe en la Macarena (una zona donde pueden apreciarse a la perfección las consecuencias de la transformación urbanística de Sevilla en los últimos quince años), no se han producido víctimas. La suerte acompañó. Los servicios de emergencia funcionaron bien y, a pesar del susto para muchos de los afectados, el problema está en vías de solución. Podía haber sido una tragedia, pero se ha quedado en un susto. En un gran disgusto.

El episodio, sin embargo, ilustra bien la contradicción que ha marcado el devenir del gobierno municipal a lo largo de los ultimos tiempos, capaz de actuar con gran acierto en momentos muy delicados y, paradójicamente, ineficaz a la hora de solventar cuestiones ordinarias. Una singular contradicción que explica, en parte, las razones de la impopularidad del alcalde.

PARADOJAS ENTRE LO UTIL  baja

Monteseirín, desde que llegó al poder, ha cuidado especialmente su imagen de gobernante sensible y cercano. Con escaso éxito, se dirá. Es cierto, pero no porque no sea consciente de que la mitad del crédito de un político consiste en saber aparentar determinadas cosas. En el caso del regidor hispalense, según su entorno, su conducta no es sólo fruto de una táctica política, sino el resultado de una convicción personal. Una forma de ser: lo demostró cuando quiso indemnizar a las víctimas del Bazar España; cuando ocurrió el citado incendio de la residencia de ancianos de Nervión y, ahora, en el desalojo de los vecinos de los pisos de Renfe. Ha estado donde, como alcalde, tenía que estar.

Otra cuestión es si, además de la atención personal, el jefe del gobierno local ha sido capaz de adaptar las estructuras municipales (en general escasamente efectivas) a las necesidades de muchos ciudadanos. Monteseirin ha creado en la última década numerosos organismos y entidades públicas. Ha administrado con resultados nada edificantes las empresas municipales y, en su día, prometió una descentralización municipal que no ha pasado del simple esbozo. No ha logrado la gran transformación, que en primer término no es urbana, sino administrativa: lograr que el aparato municipal cumpla con el objetivo de servir a los sevillanos.

El desalojo de los pisos de la Macarena es un buen ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas muy bien (ante las emergencias) y muy mal en el día a día. De cómo el discurso de modernización que durante dos largos lustros ha querido personificar Monteseirín terminaba chocándose con una realidad tozuda: la ciudad no funciona. No se trata de una mera apreciación personal. Parte de los vecinos desalojados esta semana de sus casas por miedo a que se hundieran han dicho que la operación de emergencia coordinada por el Ayuntamiento fue ejemplar. Efectiva. Pero también se preguntan por qué diablos, si vienen denunciando desde 2008 la situación de su edificio, afectado por las obras que la Universidad hacía en un solar próximo, nadie ha hecho nada para inspeccionarlas. Los ciudadanos saben diferenciar a la perfección lo que está bien y lo que está mal hecho.

El Ayuntamiento, en este caso, y en otros similares, no ha salido todavía del bucle melancólico que consiste en agarrarse a los formalismos para justificarse. Es cierto que los vecinos denunciaron que sus pisos tenían grietas. Y es verdad que Urbanismo les contestó que, según sus técnicos, éstas no implicaban peligro. ¿Pero qué importa esta discusión bizantina si las viviendas de Renfe se hubieran venido de golpe abajo? ¿Serviría de algo argumentar que se cumplió con el protocolo?

Mientras el Ayuntamiento no sea capaz de entender la diferencia entre lo útil y lo correcto será difícil que Sevilla pueda funcionar. Lo correcto es cumplir las normas. Lo útil sencillamente es ayudar a la gente cuando se siente en peligro. No parecen ser términos contradictorios.

El Metro virtual
Blog: La Noria

Las reacciones a las primeras propuestas de los anteproyectos de la red del Metro demuestran dos cosas: la credibilidad sobre su construcción está bajo mínimos y Sevilla continúa siendo ignorantemente centrípeta.

Para valorar de verdad cómo está el ambiente, no hay mejor termómetro que ver cómo se reciben determinadas noticias. Analizar si suscitan entusiasmo, decepción o la indiferencia habitual. O las tres cosas de forma sucesiva, que a veces también ocurre. La reacción que han provocado los primeros datos sobre los anteproyectos técnicos de la red de Metro de Sevilla ?dados a conocer por la Junta esta semana? ilustran el punto de inflexión en el que se encuentran los sevillanos, a los que desde hace una década se les vienen vendiendo una serie de proyectos de modernización urbana que cuando llegan o están mal ejecutados y cuestan mucho más del dinero que ya hemos dejado de tener, o sencillamente jamás son tal y como los gobernantes decían que serían.

El Metro es un ejemplo. Es cierto que existe la línea 1. Es verdad que en número de usuarios no está funcionando mal. Incluso se diría que bien, aunque su umbral mínimo de viajeros podía haberse alcanzado mucho antes si se hubiera puesto en marcha en su integridad desde el principio. Pero también es real que, dada la coyuntura económica en la que se encuentra el país, la región y la ciudad ?por orden descendente?, la posibilidad de continuar con la construcción de la red parece más ser fruto de las usuales buenas intenciones políticas ?queda menos de un año para las próximas elecciones locales? que una realidad sólida. Firme. Cierta.

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La estrategia diseñada por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento para dar prioridad a ciertos tramos de las líneas e ir abriendo por fases la ampliación del Metro ?la famosa espina de pescado, como la llamó Monteseirín? se antoja, si se pasa por pasiva, una suerte de reconocimiento indirecto de que, en realidad, ni hay dinero suficiente ni voluntad política de que el metropolitano refuerce ya la capitalidad política que desde hace años disfruta la urbe hispalense.

Se dirá que mejor es hacer poco que no hacer nada. Cierto. El problema es que en el brutal proceso de ajuste en el que estamos sumidos hasta ese poco se figura casi una quimera. Un verdadero caso de mala suerte. No es además el único caso: Sevilla llevaba años esperando la SE-40 y cuando por fin empiezan las obras el proyecto se quiebra por la necesidad de contener el gasto público. Que tengamos la línea 1 del Metro funcionando puede considerarse un milagro. Fruto de una coyuntura en la que ya no estamos. Es por eso por lo que las promesas de Obras Públicas de proseguir con el proyecto caen en un terreno donde la única semilla plantada es la del escepticismo. La dulcificada propaganda oficial rebota ante un auditorio descreído, decepcionado y, en algunos casos, en situación dramática. Es imposible que las buenas noticias, si se confirman, se estimen como tales.

Por otra parte, la realidad es tozuda. No admite ropajes amables. Son hechos: los proyectos técnicos de las líneas están por terminar. No hemos pasado aún de la fase previa. De la totalidad de la red completa del Metro, no existe ni plazo ni presupuesto para el 57% del recorrido. El compromiso ?relativo? de la Junta se limita a apenas 18 kilómetros, el 43% de la red. Sobre su coste existe ya una estimación previa: 1.000 millones de euros. Su financiación sigue siendo todo un misterio. ¿Lo piensa pagar en solitario la Junta, que tiene que hacer su propio plan de ajuste? ¿Le pedirá fondos al Ayuntamiento, que Monteseirín deja financieramente maltrecho? ¿De verdad se cree viable, en estos momentos, y dado el notable endeudamiento de muchas empresas y la situación del sector financiero, ensayar fórmulas de concertación con los inversores privados para poder sacar adelante este proyecto?

Todos estos elementos contribuyen muy poco a dar credibilidad a la hoja de ruta de la Junta. Ni siquiera puede recurrirse ya a la fórmula de implicar a otros consistorios porque la red del Metro no contempla, al menos hasta ahora, muchas más conexiones metropolitanas que repartan las cargas con otros municipios e incrementen el número de usuarios potenciales. Es cierto que es hora de que los barrios más poblados de Sevilla ?marginados al dar prioridad a la línea 1? puedan usar el metropolitano. Esta evidencia, sin embargo, no ayuda nada desde el punto de vista de su financiación. Sin el urbanismo como motor económico la política local se viene abajo.

La segunda conclusión que dejan los anteproyectos del Metro es más sociológica que económica. Sevilla sigue siendo ignorantemente centrípeta. Desde el punto de vista mental, parece que no hemos salido de intramuros. Muestra de este fenómeno es que la mayoría de los relatos sobre la ampliación del metropolitano inciden en la cuestión de dónde irá la parada del centro. Dejando de lado el nuevo engaño de la Encarnación ?donde se prometió un intercambiador de transporte que desapareció al contratar el Parasol? toda la discusión se ha centrado en si el Duque es el sitio idóneo como alternativa para la hacer terminal. Teniendo en cuenta que la línea no tiene fecha ni dinero, el debate suena sospechoso. O inducido. Claro que quizás es la única forma de que los sevillanos no reparen en el bosque. Como un señuelo. Mirar al Duque es mirar un árbol sin ver el bosque ¿Y cuál es el bosque? Que el Metro, si llega a terminarse, será el más barato de todos los posibles. Sencillamente.

Zoido copia a Raynaud
Blog: La Noria

En el PP de Sevilla, donde la nomenklatura ?perdón por el término, pero es que cierta derecha hispalense también tiene su punto soviético? sostiene que van a lograr la mayoría absoluta para gobernar el Ayuntamiento a partir de 2011, se presume de que su candidato, Juan Ignacio Zoido, en realidad es el gran hacedor municipal. Incluso estando, como todavía está, en la dura oposición.

Entiéndase bien: según este punto de vista ?interesado, obviamente? todo el engranaje municipal se mueve, a imagen de las esferas celestes, por las decisiones de Zoido. Más o menos así: el candidato del PP va a un barrio y las aceras súbitamente se arreglan. El líder de la oposición recibe a un airado grupo de vecinos y, de inmediato, alguien en el gobierno local los atiende con mimo, los escucha y les da soluciones. Milagro.

Zoido sería una suerte de imán: todo lo atrae hacia su persona. Lo que implicaría que, para arreglar lo suyo, si quiere ver la vida color de rosa, basta con ir a ver a Zoido. Pida día y hora. No falla: el alcalde, por emulación, o para dejar sin argumentos al candidato popular, se pondrá manos a la obra sin reparo alguno. Zoido es el Señor Lobo de Pulp Fiction, pero en versión sevillana. Evidentemente, es una manera de verlo.

zoido

Pero resulta que, al menos en un tema ?el cronista sospecha que también en algunos otros más?, Zoido no es el copiado, sino el copiador. Y, lo que son las casualidades, no imita a sus adversarios socialistas, sino a su predecesor, Jaime Raynaud, diputado autonómico y ex candidato a la Alcaldía hasta que Arenas decidió sustituirlo. Hace unos días el líder del PP municipal planteó crear un mercado de las Flores en la Plaza de la Legión, junto a la estación de Plaza de Armas. Presentó la propuesta como cosa propia.

Sin embargo, esa misma idea ?excelente, por otra parte? la propuso Raynaud en 2003, empeñado en convertir Sevilla en una urbe con usos y costumbres europeos, en lugar del villorrio actual, donde muchas de las mejores plazas ?la ciudad misma, según los griegos? son usadas mayormente como masivos abrevaderos públicos o para que pasen las procesiones. Poco más. Recordarlo es cuestión de justicia. Y de memoria histórica. Raynaud, en esto, es el original. Zoido, acaso, la copia.

¿Dónde está el Metro de la Encarnación?
Blog: La Noria

El Ayuntamiento, en contra de lo prometido en el concurso de ideas, nunca reservó espacio para la gran estación del centro.

Sucede igual que con la religión. Es cuestión de fe. O se cree o no se cree. No hay más que hablar. En el caso del paso del Metro por la Encarnación ?opción descartada este lunes por la Junta de Andalucía? casi nadie ha creído de verdad en tal posibilidad. Sin embargo, hasta ahora ningún político se ha atrevido a decirlo en alto. Hay silencios que hablan solos. Lo grave no es tanto este hecho, sino que, igual que en determinado sentido le ocurre a Zapatero con el devenir de la crisis económica, desde la Alcaldía se ha sostenido hasta hace poco justo lo contrario de lo que señalaban los hechos. Ahora sencillamente ya no se dice nada. Se calla. Y se otorga. Parece evidente que el metropolitano no parará en el enclave urbano del casco histórico en el que, en teoría, su impacto en beneficio del pequeño comercio sevillano iba a ser mayor.

Estación Duque

La Junta de Andalucía, que hace dos días presentó los anteproyectos del resto de las líneas del Metro, ha tenido que ser la encargada de romper el cuento. En palabras del director de Ferrocarriles Andaluces, José Luis Nores, la estación central de la línea 2 del Metro ?para cuya ejecución no existe ni fecha ni presupuesto? debe ir forzosamente en la plaza del Duque. O, en el peor de los casos, en la plaza del Cristo de Burgos. Nunca en la Encarnación. ¿No era allí donde iba a construirse? Nores fue elocuente: ?Para hacer la estación en la Encarnación tendríamos que derribar las setas. El proyecto ya no cabe?.

La opción de la plaza del Duque, a priori, presenta problemas que en la Encarnación, si se hubieran hecho las cosas bien, no existían. O eran menores. El día que se construya el Metro en el Duque habrá que cavar una boca inmensa: 32 metros de diámetro y 50 de profundidad. Previamente deberán hacerse catas arqueológicas ?la normativa obliga a realizarlas en cualquier solar del casco histórico?, adecuar el proyecto final al resultado de éstas ?lo que puede condicionar la ubicación y el diseño de la estación? y, sobre todo, tener a cielo abierto durante muchos meses el corazón de Sevilla. ¿Es que de verdad no había otra opción mejor?

El concurso de ideas

Efectivamente, existía otra alternativa. Desde el principio, además. Más o menos ha estado sobre la mesa, aunque con variantes, hasta que el gobierno local, sin decir nada a nadie (igual que sucedió cuando se certificó la imposibilidad técnica de construir el Parasol), optó por dejar caer por la vía de los hechos consumados la idea de ubicar en la Encarnación el gran intercambiador de transporte público del centro de Sevilla. La decisión de que el Metro parase en la Encarnación era una apuesta política municipal. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) no llegaba tan lejos. Situaba en esta parte del centro el intercambiador interno de transporte público, pero los redactores del Plan General, conscientes del relativo compromiso de la Junta de Andalucía, plantearon con más vehemencia la opción de unir la estación de Santa Justa con la estación de autobuses de Plaza de Armas a través de la línea 2. El Plan no llega a designar formalmente a la Encarnación como un espacio consagrado al Metro, pero sí distribuye alrededor de la histórica plaza todos los modos de transporte públicos previstos para el centro.

Prueba de que la decisión era más política que técnica es que esta cuestión condiciona el concurso de ideas que, hace ahora un lustro, convocó la Gerencia de Urbanismo para diseñar la Encarnación. A todos los arquitectos que participaron ?incluido Jürgen Mayer, el padre del Parasol? se les exigió que en sus propuestas incluyeran una solución para que en la Encarnación estuviera el intercambiador principal del Metro. El responsable de esta convocatoria, el arquitecto cordobés Pedro García del Barrio, ex gerente de Urbanismo en la urbe califal, incidió en público en repetidas ocasiones precisamente en la condición de gran foro de transporte público que debía pasar a tener la futura Encarnación.

 Europa - Bronce - 03

Si se echa un vistazo al texto de las bases del concurso[www.sevilla.org/encarnacion/esp/bases/bases.html] se solventan todas las dudas. Uno de sus párrafos reza así: ?Se pretende la reordenación [urbana] basada en los nuevos criterios de movilidad y ordenación del transporte publico a lo largo del eje Puerta Osario-Campana, que supondrá un nuevo diseño para el intercambiador de transporte existente [en la actualidad] en la plaza?. Y prosigue: ?La prevista conexión a la red de Metro, con una estación en la Encarnación, le añade a su condición histórica de vacío interior una nueva: la de puerta metropolitana. Condición esta última significante, ya que incorporará desde el punto de vista cuantitativo un caudal de usuarios importante, adjetivados por la condición desestructurada del movimiento por el espacio-tiempo del habitante de la metrópoli?(sic).

A pesar de las peculiares licencias conceptuales del texto ?es evidente que lo escribió un arquitecto? la idea central es meridiana. La Encarnación iba a albergar una parada de Metro que permitiría ir desde el centro de Sevilla al aeropuerto y a la estación del AVE. Era la principal puerta de entrada a la Sevilla moderna que, como proyecto político, quería encarnar Monteseirín. El propio alcalde insiste en esta idea en el libro editado para glosar las bondades del Parasol. El regidor asegura en él: ?La Encarnación, como decían las bases del concurso, será siempre mercado, plaza, puerta, puerto, estación, aeropuerto, puerta, plaza y mercado. Todo sucesivamente y a la vez, eso debe ser la encarnación de Sevilla?.

Los planes debieron de cambiar. La prueba es que cuando Mayer redactó el proyecto básico de las setas ?donde, según Urbanismo, comete los errores que han provocado el extraordinario desajuste económico del proyecto? ya no reserva suelo para el Metro. No sólo eso: el sistema en el que se apoyan los Parasoles ?bastante profundo? hipoteca por completo esta posibilidad, al ubicarse de lleno tanto por el ámbito del solar del antiguo mercado como sobre la plaza ya existente. El propio diseño del Parasol impide pues la construcción de la estación. Nadie, sin embargo, dijo nada en la Plaza Nueva. Poco después la Alcaldía empezó a hablar de llevar el tranvía. Otra iniciativa que tampoco ha llegado a concretarse. Lo único cierto es que la Encarnación tendrá setas pero carecerá de parada de Metro. Modernidad a medias.

Otra vez el ‘Yes, We can’
Blog: La Noria

Los periodistas solemos tener fama de aguafiestas. Inmerecida, la verdad. Últimamente, visto lo visto, más bien se diría lo contrario: cada día abundan más los cronistas que lo que hacen es echar directamente incienso: jalear, animar y organizar las fiestas. Maneras de intentar darse importancia.

En todo caso, aún quedan quienes procuran ser fieles a la vieja leyenda del indomable. O, como dicen en Argentina, del ilustre gacetillero atorrante. En honor a dicha tradición no queda más remedio que hacer un apunte ?impertinente, por supuesto? en relación a uno de los mensajes que el nuevo candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla, Juan Espadas, deslizó el otro día en una de las entrevistas concedidas para celebrar su nueva fase de visibilidad política.

Espadas recurrió, es de suponer que asesorado por un asesor inconsciente, al famoso lema de Obama. Yes, we can. Podemos, en español. Con independencia de su notable recurrencia en los ámbitos políticos patrios ?cualquier edil de pueblo sueña con llegar a ser el presidente americano?, lo cierto es que la frase, además de algo gastada, no genera precisamente buenas vibraciones dentro del socialismo sevillano, siempre tan fecundo en sus guerras púnicas.

No hay más que ver los precedentes: el último que la utilizó como enseña fue Demetrio Pérez, que trató ?sin éxito? de disputarle la secretaria general a Viera en el último congreso provincial y tuvo que renunciar por falta de suficientes avales. No es que la historia tenga que repetirse forzosamente, pero a poco que se eche la vista atrás se ve que acostumbra a hacerlo con frecuencia.

En el caso de Pérez (Demetrio), éste recibió con alta elegancia cierta pieza titulada No, you can?t. A la Ejecutiva también le gustó mucho. Pero igual no imaginaba que un día podría llegar a aplicársele (potencialmente) a su candidato. Todavía no se sabe, claro. Es pronto. Hay que esperar. Pero hay ciertas frases que, la verdad, las carga el diablo. Mejor no mentar ciertas bichas.

Sevilla, Babilonia
Blog: La Noria

Estoy empezando a creer lo que dicen las Escrituras. Se aproxima el fin del mundo. El Armagedón. El Apocalipsis. Rodeados como estamos de todo tipo de creencias dogmáticas ?cristianas, adventistas del Séptimo Día, Testigos de Jehová, evangelistas a fondo, musulmanes, judíos, animistas; todos con su libro, sus razones y sus particulares guerras?, no es de extrañar que la gente se sienta, en estos tiempos de zozobra, desconcertada.

Es lógico además que padezcan el natural temor cuando de repente, en un día feriado, como dicen en Latinoamerica, soleado y feliz, van los socialistas y limitan por decreto los sacrosantos honores militares en la sevillanísima procesión del Corpus. Nos quedamos sin referencias de altura. ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿No será esto cosa del maladrín de Torrijos, el auténtico culpable de los quebrantos de la Muy Leal y Muy Noble ciudad durante los siglos pasados y, por supuesto, en los tiempos venideros?

Un signo, indudablemente. Es una señal de que el fin del mundo está cerca. Casi a la vuelta de la esquina. ¿Quién lo duda? A tenor de la controversia suscitada ?es raro que no se hayan organizado protestas por las calles para reclamar tan marcial cuestión? no cabe otra conclusión lógica. La cosa es transparente.

Sevilla ha dejado de ser la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial. Se ha convertido, sin la tradicional ligazón entre lo castrense y lo cofrade, tan varonil, que tanto boato y juego da en las procesiones, en una suerte de sobrevenida Babilonia. La ciudad donde vive el pecado. Luzbel. El diablo. Un lugar donde se pervierten todas las costumbres y cuyos habitantes están encadenados a los falsos dioses. Presos de una idolatría creciente.

Con lo puros, rigurosos e inmaculados que somos los sevillanos.

Sin los cornetines en el Corpus, no somos nadie. Laus Deo.

Sevilla: Pretérito constante
Blog: La Noria

Juan Espadas, el candidato del PSOE a la Alcaldía, empieza a intentar construir su propio discurso político mientras Monteseirín se resiste a pasar a un segundo plano en el año que le queda al frente del Consistorio.

El debut, por ahora, está siendo discreto. Tardío, si se tiene en cuenta que la operación de recambio estaba prevista desde hace ya tres años. Y sobrio. De entrada no hay excesivo furor, aunque las caras impostadas de la Ejecutiva quisieran transmitir lo contrario. Juan Espadas, proclamado hace una semana nuevo candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla, ha comenzado a aparecer en la escena política hispalense de forma pausada. Calculada.

Nada del otro mundo: nominación oficial primero, acto público en su nueva agrupación y un artículo en los periódicos ?¿no dijo Griñán que las columnas en la prensa ya no las lee nadie?? en el que intenta presentarse tras meses durante los cuales todo el mundo ha opinado sobre él sin conocerlo en realidad de nada. En Sevilla suele ocurrir: se habla mucho de oídas. Generalmente por aquello de que la gente no sepa, en realidad, lo que uno piensa. No vaya a ser peor.

Espadas tiene trazado ya su propio guión en la carrera hacia la Alcaldía. Su planteamiento es sencillo: mientras Monteseirín se encarga de terminar de gestionar su proyecto, al candidato le corresponde hacer propuestas, oír a los ciudadanos y armar un nuevo producto que sin caer en las exigencias de la Sevilla Eterna ?que desde hace años intenta aupar al poder local a Zoido? trate de conservar lo salvable de la gestión de los últimos dos lustros.

El sentido del equilibrio se antoja esencial para la misión. Sobre todo dada la situación en el ámbito económico. Quizás por eso Espadas ha elegido hacer un aterrizaje suave. Suficiente para que comience a visualizarse cierto cambio de estilo pero sin renegar de la bandera de la modernización de Sevilla, más pregonada que ejecutada en la última década. El principal inconveniente del cabeza de lista del PSOE sigue estando aún en el Ayuntamiento.

Sin apenas haber entrado a juzgar la gestión municipal, y habiéndose limitado sólo a certificar lo evidente ?por ejemplo, la Encarnación se ha ido de las manos?, el alcaldable ya ha recibido la primera respuesta del todavía regidor, que curiosamente unos días antes del estreno como articulista del ex consejero de Vivienda hizo lo propio ?mandar un texto a los periódicos? para decir que le queda un año en el convento y que piensa ejercer. Monteseirín no es que se resista a irse ?no tiene destino político conocido?, sino que se rebela ante eso, tan digno, que consiste en pasar a la historia.

Quizás porque piensa que la historia de Sevilla empezó con su persona y, aunque el tiempo continúe su inevitable y seguro avance, para él la lectura que debe hacerse de lo que sucederá a partir de ahora está condicionada por su continua presencia. En esto se parece mucho a los sevillanos rancios: no existe el tiempo; la vida es la eterna repetición del propio ombligo. Nostalgia estéril.

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Ejemplo de su singular visión es su blog, donde ha colgado el artículo de presentación de Espadas ilustrándolo con una foto del candidato que recuerda lejanamente sus primeros años en la Alcaldía. Un Espadas más joven, y con barba hirsuta, que ya no gasta, similar al regidor cuando gracias a Caballos ?que fue quien le ganó las primarias a Borbolla? y a Rojas Marcos ?que le votó en el Pleno? tocó por vez primera un poder que no quiere dejar. Como si fuera atributo eterno. Tiene gracia: unos dicen que Espadas y Zoido se parecen físicamente ?por las gafas? y otros, como el regidor, fantasean con la idea de que el candidato terminará siendo por fuerza su heredero involuntario. ¿Para qué fingir? Es sabido que él ansiaba otro sucesor.

Espadas no lleva barba desde hace años. Y usa lentillas. Intenta ser él mismo, que es, siempre, la mejor manera de presentarse ante los demás, aunque dicha costumbre no se ejerza mucho en la Sevilla oficial. Su artículo explicaba quién era, de dónde venía y cuál es su principal motivación política. Su discurso sobre la ciudad todavía es genérico. Monteseirín hizo lo mismo cuando llegó ?sin modelo? y enalteció su propio pasado de hijo de maestro. ¿Tanto importan los orígenes en la vida? Suelen ser casuales. Nadie los elige. Y rara vez son ya un destino cerrado para nadie inteligente. En la vida lo único trascendente son los hechos. Lo enseña La Celestina en dos pasajes.

Primero: ?Las obras son las que hacen un linaje?. Segundo: ?Dicen que la nobleza es una alabanza que proviene de los merecimientos y antigüedad de los padres; yo digo que la ajena luz nunca te hará claro si la propia no tienes?.

Tan cierto como el sol que ?todavía? nos alumbra.

Monteseirín vendió a los ciudadanos cercanía, honestidad y talante. El tiempo destrozó sus palabras. Espadas cuenta que a su abuelo, empleado del Ayuntamiento, lo represaliaron en 1936 por ser de izquierdas. En los diez últimos años el gobierno local, que presume de esta misma estirpe, ha hecho igual: tratar de silenciar e imponer sus dogmas a ciudadanos que sólo ejercen el derecho a opinar con libertad. Espadas dice ser parte de la Sevilla progresista. Postula una urbe sin exclusiones donde ?al que tiene la cara honrada no se le cierren las puertas?. Y critica a Zoido, que nunca termina de enseñar su programa. De momento, es previsible.

Hace falta más. Bastante más. Acaso ser capaz de lograr que en Sevilla, como decía un viejo periodista, maestro en tantas cosas, no se pregunte tanto de dónde viene uno, sino a dónde quiere uno llegar. Esta ciudad lleva siglos contando procesiones, escrutando linajes y sumida en un tiempo espiritual que es el del pretérito constante. Así le va.

‘Horla City’
Blog: La Noria

La aplicación en Sevilla del plan de austeridad del Gobierno será traumática: obras públicas sin plazo fiable, funcionarios con menos dinero, subida de tarifas en el horizonte y los dos grandes partidos en pugna electoral.

Fabián Casas, uno de los poetas argentinos más interesantes, tiene un libro inspirado en un relato de Guy de Maupassant que se titula Horla City. Una metáfora de las ciudades actuales, donde impera el miedo. No se trata de un temor genérico, sino íntimo y personal. Profundo. Un terror que, como en el relato de vampiros del escritor francés, parece estar causado por la presencia de extraños espectros. Fiel a su estirpe brumosa y decimonónica, Maupassant simboliza su desazón en la llegada de seres invisibles que van fagocitando la vida de su personaje principal.

Sevilla cuenta con sus propios miedos. Caminan con cada uno de nosotros. En los tiempos de crisis que vivimos raro es el día en que un nuevo mazazo no llena de incertidumbre la vida ordinaria. Esta semana nos hemos desayunado el plan de ajuste del Ayuntamiento -la primera empresa de Sevilla, no se olvide-, que pondrá en pie de guerra a los sindicatos al implicar recortes de sueldo para los funcionarios. Una medida que se promete que se extenderá a las empresas municipales -de momento no deja de ser una mera declaración de intenciones- y que vendrá a generar un mayor grado de conflictividad social en una urbe que tan sólo sale de su eterna siesta por las procesiones, las fiestas y algunas selectas romerías.

La propuesta de reducción de salarios -en unos casos, lógica; en otros, tremendamente injusta- se acompañará con el discurrir de los meses con un incremento fiscal por tierra, mar y aire. El próximo mes se encarece casi todo: el IVA. A tenor del anuncio de la edil de Hacienda, también subirán todos los precios municipales. Empezará Tussam, pero se aplicará al resto de organismos públicos como si fuera una plaga egipcia. Es llamativo: los economistas aconsejan a los gobernantes que ahorren en los tiempos de bonanza porque cuando llega el duro invierno conviene tener reservas para pasar la tempestad. Durante la última década no se les escuchó.

horla city baja

En Sevilla se ha hecho justo lo contrario. No es un fenómeno exclusivo de la capital de Andalucía. Casi todos los ayuntamientos se encuentran, en mayor o menor medida, en una situación similar, aunque con distintos grados críticos. Los ingresos caen; los gastos se multiplican. Se dirá, como se dice, que los tiempos exigen ahora sacrificios. Es curioso. Los sacrificados siempre son los mismos: aquellos que sólo dependen de su salario. Quienes cuentan con dietas, una estructura de ingresos propia y nutrida y, sobre todo, contactos, suelen ver el panorama con preocupación pero con bastante menos angustia.

En Sevilla, al igual que en casi todos los municipios metropolitanos, enriquecidos en los últimos años gracias a la actividad inmobiliaria, la multiplicación de organismos, empresas, sociedades, fundaciones y demás entes públicos se convirtió en la norma. Una forma de aparentar capacidad y sentido del poder. Una estrategia para ganar ciertas batallas internas -el poder político es orgánico; pero se afianza, y mucho, desde lo institucional- cuya factura vamos a tener que sufragar ahora todos. Como casi siempre.

Lo llamativo del trance es que la reducción de salarios en las administraciones públicas no arreglará demasiado. A corto plazo servirá quizás para que el derrumbe no sea completo. Pero la raíz del problema -el excesivo peso del sector público en la economía local- no la resolverá. ¿De qué sirve bajar el salario a los funcionarios si todos no hacen lo mismo? ¿Si unos -pocos- son necesarios y la mayoría resultan a todas luces prescindibles? ¿No sería más lógico racionalizar ya las estructuras, evitar duplicidades entre instituciones y aceptar sencillamente que el Estado en su conjunto padece la desmesura de los elefantes?

Frente a esta posición se ha optado por un ajuste brutal pero, en el fondo, coyuntural. Un tijeretazo que, en contraste con las alegrías de hace tres años, deja en mal lugar a quienes lo aplican. Zapatero no es el único pecador. Al presidente le piden la cabeza en el Congreso pero lo cierto es que en cada ayuntamiento, en cada comunidad autónoma, casi todos los responsables políticos han hecho lo mismo. Derrochar. No es extraño que la gente tenga miedo. Que su vida se llene de espectros. Para unos se trata de perder el trabajo. Para otros, los ahorros de toda una vida. Para los funcionarios, un determinado porcentaje de su sueldo. Para los inversores, las plusvalías. Todos pierden. Pero distinto.

Las empresas sufrirán los recortes de Fomento. Menos licitaciones. Más problemas para cobrar: las instituciones, como sucede ya, no pagan a tiempo y dejan en la estacada a muchas familias. Hasta en Mairena del Aljarafe, símbolo de la pujante Sevilla metropolitana, se ha suspendido este año la Feria. No hay patrocinadores. El mundo pequeño, casi diminuto, de cada día se quiebra de golpe. Sobre los pies se intuye un abismo negro. En este contexto social, los dos grandes partidos políticos, responsables en buena medida de parte de lo que sucede, empiezan de nuevo la eterna carrera para disputarse el poder. Lo que menos importa es lo que sufra el ejército. Lo importante es quién venza en el Circo Máximo. Quien herede el imperio podrá gestionar la ruina. Hermosa victoria.

Las mentiras de la Encarnación
Blog: La Noria

El Consistorio intenta combatir la opinión hostil generada por el sobrecoste del Parasol anunciando un estudio de impacto económico para resaltar los bondades del proyecto en materia de atracción turística.

Mariano José de Larra, periodista español: ?Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas?.

¿Se han enterado de que el Parasol de la plaza de la Encarnación es una maravilla que situará a Sevilla en la modernidad? Si todavía no lo saben, o si por casualidad piensan algo distinto, sepan que el gobierno local va a explicárselo como acostumbra: contratando, todavía no se sabe bien con quién, ?un estudio de impacto económico en el que se cuantificará el retorno de la inversión del proyecto en materia de atracción turística, dinamización del comercio y, por supuesto, creación de empleo?(sic). Ahí es nada. Estamos salvados.

Este recurso, de libro, pretende camuflar ?a estas alturas? el auténtico dislate que está suponiendo para las arcas municipales, nada boyantes, por otra parte, la construcción de la obra del arquitecto berlinés Jürgen Mayer. Lo más sorprendente del anuncio no es tanto la pretensión de justificar lo injustificable con números y amparándose en el turismo, sino el hecho de que el Ayuntamiento piense que aún tiene defensa su forma de gestionar un proyecto cuya gran virtud es desfondar la hacienda local para, en lugar de crear una plaza pública, alzar un complejo comercial privado que tendrá uno de los enclaves más importantes de la Sevilla histórica en régimen de alquiler durante cuatro largas décadas. Probablemente, incluso algo más de tiempo. Cuidado con las matemáticas: las carga el diablo. Pueden terminar demostrando justo lo contrario de lo que se pretende.

El Parasol, ya se ha dicho, es el símbolo de una forma de gobernar. Quien ha tenido la virtud de generar tal metáfora en forma de artefacto arquitectónico no son los malévolos periodistas ni los ingratos ciudadanos, sino el equipo político municipal que dirige Sevilla. Nadie podía imaginar que su capacidad poética nos saldría tan cara. O que consistiría en contratar una obra para, en lugar de dejar que sea el inversor quien corra con los riesgos de la inversión ?la única lógica que tiene la concesión administrativa?, aportar cada cierto tiempo cantidades ingentes del dinero que ya no nos sobra ?más bien nos falta a todos? para terminar un proyecto sobre el que existe un grado de oposición ciudadana mayúsculo.

Claro es que PSOE e IU contaban con que la discusión sobre la reforma de la Encarnación ?uno de los subgéneros del periodismo sevillano, igual que el Metro? se plantease exclusivamente desde el punto de vista estético. Ese frente creían tenerlo controlado en la Plaza Nueva. A las críticas de la Sevilla eterna, que no tolera un hecho tan obvio como el mero paso del tiempo sobre la piel de las ciudades, sólo había que contraponer los conceptos de vanguardia, innovación y, por supuesto, el recordatorio de que el Parasol ha sido expuesto en el MoMA de Nueva York… con miles de maquetas más. Todas ellas patrocinadas por el correspondiente promotor, sea éste público o particular.

MENTIRAS EN LAENCARNACIÓBAJA

El asunto, sin embargo, no ha reventado por esto. Hace aguas por el factor económico. Debido a la gestión del proyecto, asunto cuya responsabilidad sólo es municipal. Sobre la elección de la propuesta de Mayer puede haber ?es muy sano? debate sobre si se acertó o no. Sobre el coste que tiene para las arcas públicas la discusión se agota pronto: el Parasol hace tiempo que dejó de ser razonable si se analiza en términos de coste y beneficio.

¿Qué gana la ciudad con privatizar un espacio público durante 40 años y gastarse al mismo tiempo casi 123 millones de euros para dar una solución al mercado de abastos, cuya construcción podría haberse abordado con mucho menos quebranto para las arcas públicas?

Hay que recordar que los placeros de la Encarnación, en su día, fracasaron a la hora de construir su propio mercado. Por eso tuvieron renunciar a su primitiva condición de concesionarios. Sevilla quizás les deba unas instalaciones dignas, aunque en ningún caso un centro comercial del que, por otra parte, pueden ser expulsados con el mero paso del tiempo. Basta ver el pliego de condiciones del concurso.

La Encarnación ha sido durante los últimos treinta años un rosario de mentiras y medias verdades. Ni es cierto que hacer el mercado sea una obligación legal del Consistorio ?aunque su desaparición sería un crimen para la vida ciudadana del centro, escaso de estas dotaciones básicas? ni es verdad que el Parasol sea una plaza pública. Es un edificio comercial. Evidentemente ?los hechos cantan? tampoco es real que la privatización del espacio público fuera necesaria. Fue una opción política. Absurda, por otra parte: el Ayuntamiento no ha dejado de aportar fondos para su construcción desde antes incluso de firmar el contrato.

Tampoco es verdad que se supiera que el proyecto de Mayer era viable. Los técnicos municipales han demostrado que cuando empezó la obra no había ninguna garantía. Se confirmó además que no podía hacerse justo al expirar la primera de las cinco fechas ?ahora han dado la sexta? de terminación anunciadas por el gobierno local. Quizás pueda al final acabarse, si la ingeniería no vuelve a fallar, pero lo cierto es que la factura será tremenda. Ya lo es. No es raro que, entre este caudal de mentiras, algunos, reunidos en el usual conciliábulo, decidieran para colmo esconder la bola del segundo sobrecoste. Aquí no ha dicho la verdad ninguno. Nadie. Laus Deo.

Culpas y disculpas sobre la Encarnación
Blog: La Noria

La marcha de Rosamar Prieto a El Rocío y la abstención de IU obligan al PSOE a retrasar de nuevo la modificación presupuestaria.

A juzgar por la conducta de los responsables municipales, cualquiera diría que el Parasol de la Encarnación es un artefacto arquitectónico que ha caído en mitad de Sevilla por casualidad. Resultado de un azar imprevisto. Sobrevenido. ¿Los motivos? Son sencillos: ahora nadie quiere hacerse responsable del dislate político y económico que supone manejar este proyecto, cuyo sobrecoste ha superado todo lo razonable; a muchos ciudadanos no les convence desde el punto de vista estético y, para colmo, todavía está por terminar cinco años después de su inicio. En resumen: un cuadro sin padre. De aparente autor anónimo.

La verdad, obviamente, no es ésta. Pero ¿a quién le importa la verdad en política? Los gobernantes estiman que la memoria ciudadana es débil ?en eso suelen tener razón? y que, por tanto, cuando sobreviene un problema de dimensiones considerables ?el caso del Parasol? lo más inteligente es ponerse de lado y elegir entre dos caminos: o guardar silencio o intentar que lo que se diga señale hacia el prójimo. Alguien ajeno. Si éste es un enemigo político, mucho mejor. Lo dice su manual: hay que desviar a toda costa la atención. Otra cuestión, claro, es que esta actitud sea honrosa.

Sin mayoría

¿Qué paso ayer en el Pleno? Aparentemente nada: el gobierno local retiró del orden del día el punto para poder modificar el presupuesto del Parasol. Algo extraño si se tiene en cuenta que el asunto ?aprobar un nuevo crédito por valor de 12 millones de euros para poder cubrir el 40% del segundo sobrecoste de la obra? corría cierta prisa porque el suministro financiero a la empresa constructura ?Sacyr? está cortado desde el mes de enero.

La bola, de nuevo, estaba escondida. Detrás de la retirada latía un conflicto político importante y una situación insólita. El primero responde a la nueva posición de Izquierda Unida. La segunda obedece a la sorprendente ausencia de la presidenta del Pleno de Sevilla, Rosamar Prieto, que a esa misma hora estaba en la romería del Rocío. Ambos factores, en sintonía, dejaron al PSOE sin mayoría para poder aprobar el expediente. Se optó por retirarlo y dilatar la modificación de crédito otra semana más.

Que IU no está por la labor de dar luz verde al segundo modificado del Parasol no es raro. Aunque la coalición de izquierdas no dijo ayer nada en público ?el célebre pacto de silencio? sus representantes no acudieron al consejo de gobierno de Urbanismo previo al Pleno. Hay cabreo. Silencioso, pero notable. Hasta el punto de que la coalición que encabeza Torrijos ha decidido no avalar la nueva inyección económica que necesita el Parasol. La situación, no obstante, parecía salvable para el PSOE. ¿Cómo? Con el voto de calidad de Monteseirín. Sin IU, PSOE y PP empatan en votos. La ley permite, en dicha coyuntura, asignar la victoria en todas las votaciones al gobierno local. Se trata de una prerrogativa (de gobernabilidad) excepcional.

La estrategia era ésta. Requería únicamente coordinación: los 15 ediles del PSOE con derecho a votar debían estar en el salón de Plenos al aplicarla. Ayer faltó uno de ellos: Rosamar Prieto, la presidenta del máximo órgano de gobierno del Consistorio, que se encontraba de romería. Resultado: sin Prieto y con IU en contra, la votación del punto iba a ganarla ?en contra de la posición del gobierno municipal? Zoido, que sí tenía a sus 15 ediles en el Salón Colón. Al alcalde no le quedó más remedio que retirar la propuesta y tratar de disimular. El enfado de Monteseirín, en todo caso, según cuentan algunos ediles, es más que considerable.

¿Y ahora? La solución de urgencia consiste en esperar una semana más para volver a iniciar el proceso. Urbanismo anunció ayer ?obviando el episodio de haberse quedado sin mayoría política? que el modificado se aprobará el día 31 en un Pleno extraordinario. IU se abstendrá. La votación tendrá que ganarse con el recurso del voto de calidad. Si Rosamar no vuelve a faltar.

El informe jurídico

La asunción de responsabilidades políticas por el sobrecoste del Parasol es, sin embargo, el gran tema pendiente. Nadie quiere asumirlas. El informe jurídico del secretario, que confirma punto por punto todas las irregularidades ?publicadas por este diario? que ha cometido el gobierno local en este proyecto, cuyo sobrecoste es ya como mínimo un 70% superior a la licitación oficial, es una buena muestra de que la cuestión puede llevarse políticamente por delante a más de uno. Y de dos. El máximo responsable jurídico del Consistorio cree que es necesario exigir responsabilidades. Su petición, sin embargo, vaga por el aire. Quien tendría que aplicarla quizás sea juez y parte.

Monteseirín lleva meses sin abrir la boca sobre este asunto. En Urbanismo continúan perdidos: el nuevo delegado, Manuel Rey, sigue viéndole cierta potencialidad turística al Parasol. Su antecesor, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, admitió en su momento que la obra era ?irrealizable?. Lo que no dijo es quién tomó la decisión de seguir con ella sin garantías, justo el factor que explicaría el sobrecoste de 40 millones de euros. ¿Qué ocurría en aquel entonces? ¿Celis soñaba con suceder al alcalde?

Algunos intentan señalar a Emilio Carrillo, edil de Urbanismo, a quien Monteseirín juró venganza eterna por apoyar a Viera en el congreso provincial del PSOE. Carrillo dimitió. Y lo cierto es que quien concibió el plan financiero del Parasol ?el que ha costado entre 90 y 123 millones de euros? fue el entonces gerente de Urbanismo, Manuel Jesús Marchena. La responsabilidad política, en todo caso, estaría bastante repartida, suponiendo que la última palabra no la hubiera tenido Monteseirín. Misterio. Vayamos pues a los hechos. El gobierno local decidió construir el Parasol. Lo hizo libremente.

Ibsen dijo: ?La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto?.

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